Diario de León

MINORÍAS ABSOLUTAS

La cultura, señor Hidalgo

Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Es de justicia poner el valor (o desvalor) de lo importante encima de la mesa. Y en nuestra comunidad, en Castilla y León, somos expertos en deshacernos de lo valioso con una facilidad atroz para concederle mérito y espacio a lo mediocre.

Hace nada, en una red social, el poeta palentino Jacob Iglesias reflexionaba sobre una realidad que comparto y os expongo en esta «mesa de todos». La realidad no es otra que la tristeza con la que se convive a nivel institucional con el mundo de las letras —y me atrevo a decir de la cultura— de nuestra comunidad.

Recientemente hemos sido conscientes de la relevancia que nuestra literatura y su gestión tiene a nivel nacional e internacional. El último Premio Nacional de la Crítica de Poesía se lo ha llevado el soriano Fermín Herrero, el último Premio Nacional de Poesía Joven ha sido para la poeta abulense Ángela Segovia, el recientemente nombrado Premio Ojo Crítico se lo ha llevado el vallisoletano Fernando del Val... y así podríamos repasar en los últimos años la repercusión nacional de las letras de nuestra comunidad que, como bien vemos, se reconocen sin dilaciones a nivel nacional y, sin embargo, no nacen de la apuesta efectiva de nuestras instituciones por fomentar un valor real y de primer orden como lo es la literatura.

Ya en su día comenté por aquí la extrañeza y el desconcierto que supone el hecho de que otras comunidades tengan centros institucionales para la promoción de sus letras —y por tanto de su cultura y su idiosincrasia—. Ya no voy a poner el ejemplo bien conocido de la comunidad de Catalunya, donde las ediciones y los autores catalanes gozan de un apoyo serio y sin fisuras. Pero muchas otras, como Aragón o la comunidad andaluza, con el Centro Andaluz de las Letras, fomentan circuitos, ayudas y reconocimientos para que sus autores gocen de predicamento, apoyo y sustento en la creación que ejercen.

Nuestras letras son sin duda uno de los mejores escaparates a nivel mundial, y sin embargo la apuesta por fomentar su realidad es prácticamente nula en Castilla y León. No existe un programa autonómico que aglutine la defensa de este patrimonio, y a nivel provincial son tan dispares y escasos los programas, que se pierden sin el más mínimo eco.

La idea de dotar a nivel de infraestructura, con personal, con sede y con presupuesto una institución que fomente, conserve, archive y promueva la excelencia literaria de nuestro entorno se la toman a risa si se pone al lado de proyectos como las tapas, el deporte u otras charangas. Y entiéndanme, nuestra gastronomía o nuestros deportistas, nada restan a la posibilidad de fomentar una imagen de nivel, construyendo a favor de todo y sin restar a lo excelente.

Pero mientras la preocupación política no esté en saber y retener a los cientos de autores —los Premios Cervantes, Nacionales, etc. pero también los jóvenes talentos— que llevan nuestra seña de identidad por el planeta, seguiremos perdiéndolos, seguiremos sin creer que somos algo más que una tapa grande.

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