Diario de León

CULTURA ■ UN PERSONAJE FASCINANTE

La espía que escribía sobre el mayor héroe leonés

Fallece la condesa de Romanones sin publicar su libro sobre Guzmán el Bueno.

Imagen tomada hace algunos años de Aline Griffith, condesa de Romanoes y espía durante la II Guerra Mundial. PACO TORRENTE

Imagen tomada hace algunos años de Aline Griffith, condesa de Romanoes y espía durante la II Guerra Mundial. PACO TORRENTE

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verónica viñas | león

La condesa de Romanones y espía, Aline Griffith, uno de los personajes más fascinantes de la nobleza, ha fallecido a los 94 años sin ver publicado el libro que comenzó hace dos años sobre Guzmán el Bueno. Según relató ella misma, se trata de un recorrido genealógico por los orígenes de una saga —la de su marido— que arranca con el héroe de la famosa Batalla de Tarifa. El militar leonés Alfonso Pérez de Guzmán (León, 1256- Gaucín, 1309) fue el fundador de la casa de Medina Sidonia, uno de los linajes nobiliarios más importantes de este país. Guzmán el Bueno, al que León recuerda en una plaza, se convirtió en leyenda gracias a la heroica defensa de la ciudad gaditana, en la que perdió la vida su hijo menor, Guzmán.

La historia cuenta que prefirió sacrificar a su hijo antes que entregar Tarifa a los ejércitos del sultán Ibn Ya’qub. El aguerrido leonés lanzó un cuchillo desde su castillo para que mataran a su propio hijo en señal de que no rendiría a la ciudad. El monarca Alfonso X El Sabio premió sus servicios otorgándole la villa de Alcalá Sidonia (actual Alcalá de los Gazules), en la que forjaría una de las estirpes nobiliarias más poderosas.

Una condesa armada

«Siempre llevaba un revólver en mi bolso», contaba la condesa de Romanones, que perteneció a una red de espías que operó en España durante el franquismo y se hizo célebre durante la Transición, cuando destapó su agitado pasado a las órdenes de los servicios secretos de Estados Unidos.

Griffith, que fue modelo de alta costura antes que espía, había publicado Historia de Pascualete, sobre las vivencias de los Romanones en esta finca extremeña; así como La espía vestida de rojo, donde relataba sus peripecias como agente a partir de 1943.

Considerada uno de los personajes más influyentes de la jet set internacional, Aline Griffith contaba al detalle sus encuentros con agentes el KGB y asesinos profesionales que querían matar a Butch y Tigre —sus dos nombres en clave—.

No ocultaba que su vida había apasionante. Conoció a algunos de los personajes más destacados del siglo XX, desde los duques de Windsor a los príncipes de Mónaco, Jacqueline Kennedy, los presidentes norteamericanos Richard Nixon y Ronald Reagan, y actrices como Ava Gardner, Audrey Hepburn y Deborah Kerr.

Había creado recientemente una Fundación para preservar la documentación y los informes de espionaje que realizó durante la II Guerra Mundial para la Office Of Strategic Service, predecesora de la CIA.

El hijo menor de la condesa de Romanones, Miguel Figueroa Griffith, está inmerso en un proceso judicial para hacerse con la herencia de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, condesa de Torre Arias, calculada en unos 500 millones de euros. La herencia la gestiona en la actualidad la fundación de la fallecida. Entre el inmenso caudal acumulado por Pérez de Guzmán el Bueno destacan obras de arte de Velázquez o Van Dyck y una Biblioteca con más de 25.000 ejemplares.

Los Romanones no son los únicos descendientes de Guzmán el Bueno que están batallando en los juzgados. Los hijos de la Duquesa de Medina Sidonia, conocida como la Duquesa Roja por su oposición al franquismo, le disputan la herencia a la esposa de su madre y presidenta de la Fundación Medina Sidonia, a quien legó el valiosísimo archivo familiar, con importantes documentos leoneses, entre ellos los del marquesado de Villafranca.

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