Diario de León

CULTURA ■ maquetismo

El Órbigo, a vista de microchip

Sebastián Román alza la villa de Veguellina y parte de su ribera con ayuda de todo tipo de materiales informáticos de desecho En estos momentos está embarcado en un proyecto de creación de «microciudades» con iluminación artificial .

El artista de Castrotierra de la Valduerna Sebastián Román observa su nueva obra, culminada hace menos de dos semanas en Veguellina. FERNANDO OTERO PERANDONES

El artista de Castrotierra de la Valduerna Sebastián Román observa su nueva obra, culminada hace menos de dos semanas en Veguellina. FERNANDO OTERO PERANDONES

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e. gancedo | león

Sebastián Román es un artista de extremos y paradojas: su talento nos hace ver lo inmensamente grande... con ayuda de lo informáticamente diminuto. Rey del reciclaje en el panorama creativo del Noroeste, Román es capaz de dar nueva y asombrosa vida a un sinfín de accesorios, componentes, electrodos y fusibles viejos y aparcados, yacentes en trasteros, bajeras y puntos limpios en el mejor de los casos, o abandonados y contaminando el medio ambiente en el peor. Ya son famosas sus maquetas de inmensas ciudades que luego fotografía recortadas contra el limpio cielo de la Valduerna (y el resultado son unas urbes glaciales, inquietantes Dubái o Nueva York) y, entre otras obras, la capital leonesa que elevó enteramente a base de tripas de ordenador y electrodomésticos.

Ahora le ha tocado el turno a la ribera del Órbigo con la intervención que hace algo más de una semana inauguró en el antiguo pub Mural de la villa de Veguellina, hoy convertido en una amplia cafetería restaurante después de una ambiciosa remodelación, y que han bautizado como Contracultura. «La obra que me encargaron remodelar daba nombre a aquel bar, y era una especie de mueble con un montón de artefactos incorporados, como el interior de antiguas máquinas de videojuegos, fluorescentes y espejos, pero que no había sido rematado por completo», explicó el artista, quien se empeñó, para este nueva tarea, en aprovechar mucho de lo que el resto de trabajadores (albañiles, electricistas, escayolistas...) iban desechando en su trabajo dentro del local.

Desde pilas gastadas a correas, desde discos duros a memorias Ram, todo iba siendo aprovechado por Sebastián Román como ladrillos de una nueva obra basada en el pasado y el presente no sólo de Veguellina sino también de toda la ribera del Órbigo. «Hay referencias a las tres azucareras que tiene o tuvo la comarca; a su pasado industrial; al propio río, por supuesto, que es el único que no nace sino que lo ‘paren’ otros dos; también al ferrocarril; al pantano de Luna con el que se riega gran parte de la comarca pese a la situación de sequía catastrófica que vivimos, con un puente similar al de Fernández Casado; a la autopista; a las viejas presas; a los campos de cultivo...», enumera. Eso sí, como en trabajos anteriores, no se trata de un retrato sino, en gran medida, de una recreación libérrima. «La gente ve de todo en ella, y yo muchas veces, como no me conocen, me presto a ese juego con ellos, comentando qué puede ser esto o aquello», avisa, y lo ejemplifica con un hombre «convencido» de que el mural refleja fielmente Villazala, pueblo en el que Román no ha estado nunca.

Otras partes, en cambio, se fijan en lugares muy concretos, como la iglesia de Veguellina, donde viejas placas base alzan el campanario y un conector hace de nave central. Juguetes de niños (hay trozos de scalextric) y bridas cortadas que trazan las vías también se extienden sobre la inicial base de resinas hasta componer un retablo posmoderno de once por dos metros.

Ahora, Sebastián Román ha logrado unir sus dos pasiones («la holgazanería y hozar en el taller») con su nuevo proyecto, toda una serie de «microciudades» que está confeccionando con la paciencia de un orfebre... y la alegría de un niño.

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