La artista que salió del CCAN y llegó al Reina Sofía
Dora García inaugura ‘Segunda vez’, en la que repasa tres décadas de trayectoria «Mi León es literario y musical», dice.

Dora García ante una de las obras que expone en el Reina Sofía. RAQUEL P. VIECO
pacho rodríguez | madrid
Para viajar del CCAN de los años 80 al Reina Sofía, siglo XXI, hay que tener arte. Y ser Dora García, vallisoletana del 65 y leonesa de corazón por residencia paterna, hasta que llegó la Universidad. No hizo caso a sus compadres musicales de Deicidas, Zapico y Pajares («Dora, Dora, Dora, deja a los estudiantes...»), y se quedó en Salamanca para estudiar Bellas Artes. Si nos saltamos el resto, hoy abre al público su flamante Segunda vez , una exposición que se puede ver hasta septiembre en el Reina Sofía. Segunda vez es un impacto. Casi una declaración de intenciones dirigida a provocar, a ver el revés de las cosas. Nada más entrar, se advierte: «Hay un agujero en lo real». O: «Segunda vez (que siempre es la primera)». Y una frase que, de rotunda, hiela: «Todas las cartas llegan a su destino. Incluso las que no llegan» (Lacan).
Hay diversidad de formatos para relatar, lo que constituye la gran seña de identidad de la artista. Como hay psicoanálisis en Segunda vez , volvamos al León que ya no existe: «Mi León es literario y musical. Es el que recuerdo de vivir allí. De escritores y músicos», explica. Y será recuerdo, pero parece que más impregnado que el actual: «Últimamente ni voy al Musac. Pero me pasa igual con Valladolid y el Patio Herreriano», dice, y explica que su exposición en León en tiempos de Agustín Pérez Rubio también remitía a músicos y gente que escribía. Más atrás quedan los 80 mediados que corrían como una exhalación. Media sonrisa para recordar que fue la bajista de Deicidas: «El tiempo de Deicidas fue muy bueno, claro. Cómo no lo iba a ser. Era el tiempo de la juventud».
La muestra, que ocupa varias plantas del Museo Reina Sofía, incluida una terraza y las bóvedas del centro, ha sido comisariada por Borja-Villel y Teresa Velázquez, y reúne obra de Dora García —afincada ahora en Bruselas—, desde finales de los 90 hasta sus últimos trabajos, aunque la artista no la considera una retrospectiva.