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«Cerrar los ojos ante la violencia es traicionar el oficio de escritor»

Sergio Ramírez recibió el Cervantes sin olvidar los graves sucesos de su país natal .

El escritor nicaragüense, durante su discurso de aceptación del Premio Cervantes. JUAN CARLOS HIDALGO

El escritor nicaragüense, durante su discurso de aceptación del Premio Cervantes. JUAN CARLOS HIDALGO

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c. sigüenza/ c. Naranjo | alcalá

La situación en Nicaragua fue ayer la protagonista de la entrega del premio Cervantes a Sergio Ramírez, quien dedicó su discurso a los «asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia» y a los jóvenes que luchan para que «Nicaragua vuelva a ser República».

Y es que la sombra de la actualidad en Nicaragua estuvo presente en los discursos del Ramírez, primer escritor nicaragüense que recibe el premio Cervantes, el más importante de las letras en español, como en el de el Rey Felipe VI y el ministro de Educación, Cultura y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo.

Ramírez, con un crespón negro en su solapa y tono grave, recordó también a su llegada al paraninfo de la Universidad, donde se celebró la ceremonia, la situación de su país, «con una historia reiteradamente desdichada» y los sucesos ocurridos en estos cinco días de protestas contra una reforma de la seguridad social anunciada por el Gobierno de Daniel Ortega (y posteriormente derogada), que han dejado al menos 27 muertos y más de 100 heridos.

Autor de más de cincuenta títulos, ente ellos Margarita, está linda la mar, La marca del zorro o Adiós, muchachos, fue vicepresidente de su país desde 1985 a 1990 junto a Daniel Ortega, del que se desligó hace tiempo por su deriva autoritaria.

Ramírez, ayer, volvió a aunar literatura y política, algo que le ha perseguido en su vida por su compromiso como escritor. Un novelista, ensayista y cuentista que no ha estado nunca en una torre de marfil. «Escribo entre cuatro paredes —dijo el escritor—, pero con las ventanas abiertas porque, como novelista, no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo, tan desconcertantes y tornadizas, y no pocas veces tan trágicas pero siempre seductoras».

Caudillos del narcotráfico

«Mi América, nuestra América, como solía decir Martí. La Homérica Latina, como la bautizó Marta Traba», precisó Ramírez, quien tuvo palabras de recuerdo para el escritor mexicano y premio Cervantes, Sergio Pitol, recientemente fallecido. En su discurso, Ramírez recalcó que no se puede ignorar la realidad de los «caudillos del narcotráfico»: «El exilio permanente de miles de centroamericanos hacia la frontera de Estados Unidos impuesto por la marginación y la miseria, y el tren de la muerte que atraviesa México con su eterno silbido de bestia herida, y la violencia como la más funesta de nuestra deidades».

Ramírez, quien sostuvo que la novela es una conspiración permanente contra las verdades absolutas, tuvo recuerdos también para sus abuelos y su madre, que fue la que le enseñó a leer el Quijote, y reiteó su admiración por Cervantes y por Rubén Darío, con quienes la lengua española hizo un viaje de «ida y vuelta».

Tras el discurso del flamante Cervantes, que estuvo acompañado de toda su familia, su mujer Tulita, sus tres hijos y ocho nietos, el Rey Felipe VI elogió el igual «compromiso con la lengua y con la ciudadanía» del escritor nicaragüense que durante su vida ha combinado la política y las letras. El rey mostró su admiración por la figura y la trayectoria del premiado y le transmitó la cercanía de España con el pueblo nicaragüense en medio de la ola de protestas contra el gobierno que preside Daniel Ortega. «Hoy reconocemos a un embajador de Cervantes y de la patria de Darío que, con usted, ha vuelto a casa, a esta casa que es la lengua de todos», dijo el monarca, acompañado en la ceremonia por la reina Letizia; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; la presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes; además del ministro Méndez de Vigo, entre otros.

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