Cultura ■ Reyes Monforte
«El amor es lo que va a salvar el mundo»

La escritora Reyes Monforte. PACO NAVARRO
Han tenido que pasar cinco años para que Reyes Monforte pudiera escribir sobre la pérdida de un ser querido. La muerte de su marido, el actor Pepe Sancho, late en el fondo de ‘La memoria de la lavanda’, que, pese a todo, «no es una novela triste». Hoy la presenta en León, de la mano de la Librería Pastor.
Lugar: Biblioteca Pública. Santa Nonia, 5.
Hora: 19.30.
verónica viñas | león
—‘La memoria de la lavanda’ habla de la pérdida de los seres queridos, ¿es un libro triste?
—No. Trata de cómo se sobrevive a la pérdida, pero es un canto a la vida, al amor y a la esperanza. La protagonista es Lena, una fotógrafa que ha perdido a su marido, Jonas, que era el amor de su vida. Después de la muerte tiene una vida llena de novedades, unas buenas y otras malas, y tiene que aprender a gestionar los pequeños detalles, como volver al hogar que compartió con él. Es una novela muy emotiva, pero emocionarse no es malo.
—¿No sabemos gestionar la muerte?
—En esta parte del mundo nos han enseñado mal. En México hacen una fiesta para celebrar la oportunidad que tuvieron de compartir una vida, una amistad o un trabajo con esa persona. En Nueva Orleans despiden a los muertos con una banda de jazz.
—¿En los pequeños detalles está la vida?
—Son los que marcan la diferencia. La protagonista es fotógrafa retratista —no podía ser otra forma, porque la fotografía es la memoria de lo vivido— y es verdad que los fotógrafos perciben detalles que los demás no captamos.
—¿En 48 horas (el tiempo de la novela) cabe una vida?
—Y en un segundo. La vida puede cambiar en cualquier momento. Las 48 horas es el tiempo del viaje de Lena a esos campos de lavanda para cumplir la última voluntad de su marido, esparcir allí sus cenizas. Ese viaje se convierte en una catarsis interior, porque recuerda su historia y aparecen los secretos familiares que llevan 40 años enterrados en esos campos. Lena va descubriendo cosas que ni Jonas conocía.
—¿Está novela es terapéutica para quien haya sufrido la pérdida de un ser querido?
—Lo de terapéutico me suena un poco extraño. Los lectores me dicen que se sienten reflejados en la historia de Lena. Todos sabemos lo que es perder a un ser querido y todos tenemos las mismas reacciones. El mapa de emociones nos iguala a todos. La novela no hace un mes que salió a la venta y ya es la sexta más vendida a nivel nacional, quizá por esa empatía con la historia de Lena.
—Lena es fotógrafa y usted periodista y ambas perdisteis a vuestra pareja, ¿hay más paralelismos?
—Lo que nos une es la pérdida. Suelo decir que Lena tiene mi mirada pero no mis ojos. Yo no soy Lena, pero todo el mundo que ha sufrido una pérdida puede llegar a ser Lena. Para escribir su biografía emocional no he tenido que acudir a nadie para que me explique cómo se gestiona ese dolor o esa soledad o cómo se camina por ese túnel larguísimo en el que hay luz al final.
—¿Ha puesto Guadalajara en el mapa con la novela?
—Sí. Yo creo mucho en el destino. Tenía la historia, tenía los personajes y lo que quería transmitir al lector, pero no tenía el lugar, el escenario para ubicar a esos personajes y jugar con ellos. Unos amigos me invitaron a vivir el Festival de la Lavanda, que se celebra el 15 de julio en Brihuega, y cuando me encontré ante esas hectáreas de lavanda me pareció una inyección de luz y de alegría. Me venía muy bien convertir el luto en el que está sumergida Lena en el violeta de la esperanza.
—¿Escribió el libro del tirón?
—Lo que más me costó fue esperar el tiempo necesario para poder abrir el ordenador y ponerme a escribir. Gracias a esa espera de cinco años las emociones no estaban tan a flor de piel y las palabras salían. Lo intenté a los dos años, porque me lo propuso el editor, pero me fue imposible. Después de la fiesta de la lavanda, cuando regresé a Madrid, abrí el ordenador —yo lo llamo el milagro de la lavanda— y esa noche escribí las primeras 20 páginas. Tenemos que perder el miedo a emocionarnos.
—¿El tiempo lo cura todo?
—La pérdida de un ser querido no se supera nunca. Es como una herida, que puede sanar, pero la cicatriz queda ahí. No se supera porque forma parte de la memoria y la memoria es nuestra particular fábrica de recuerdos; no se recicla ni se elimina. Y menos mal, porque si no sabes de dónde vienes, no sabes adónde tienes que ir. La madre de Lena tiene Alzhéimer y no la reconoce. Perder todo lo que has vivido es mucho peor. Todo el mundo necesita una historia.
—Es una novela plagada de símbolos.
—Sí, es verdad. Lena es retratista y la fotografía es memoria de lo vivido. Lena dice: «Es diferente cuando tu nombre lo pronuncia la voz de alguien que te quiere».
—¿La literatura le da lo que no le da el periodismo?
—Soy una periodista que escribo. Mis novelas están inspiradas en hechos reales, quizá por mi vena de periodista. Las dos primeras nacieron en el programa de radio que hacía. Lo que sucede en la calle siempre es mucho más impactante que la imaginación de un escritor. Relaciono mucho mi literatura con el periodismo.
—¿Cuánto hay de investigación previa en cada libro?
—Depende. . Cuando escribí Una pasión rusa, lógicamente, tienes que tener una documentación histórica, geográfica... Con Un burka por amor, hace once años, carecíamos de este conocimiento del mundo musulmán que tenemos ahora. En las primeras entrevistas me decían: «El burka es algo exótico, ¿no?». Tampoco yo era consciente de cómo era la situación de las mujeres afganas.
—¿En qué momento sabe que tiene una historia para un libro?
—Suele aparecer sin más. Con La infiel yo estaba viendo el informativo de Piqueras y contaron la historia de Raquel Burgos, una estudiante de Periodismo que conoció a un árabe en la línea del metro que la llevaba a la facultad y resultó ser el líder de Al Qaeda en España. Esa chica cambió su forma de vida, rompió las relaciones con su familia y dejó de estudiar y se convirtió al Islam. Me llamó tanto la atención cómo una persona puede dar un giro a su vida de esa manera que investigué el caso, hablé con agentes del CNI y me contaron que hay cantidad de mujeres occidentales que son captadas por el yihadismo a través de una conquista amorosa. Y así surgió la novela. La pasión rusa fue porque vi una placa en una calle de Madrid que decía: ‘Aquí nació la musa y esposa del compositor ruso Prokofiev’. Las historias pueden estar en cualquier esquina. Detrás de un titular puede haber una buena historia, sólo hay que tirar de ella.
—¿El título es lo primero que escribes del libro?
—Depende. Primero encuentro la historia y la trabajo para ver si da para una novela; cuando ya tengo el esqueleto, surge el título. Con esta última, sí tuve claro el título y la portada desde el principio.
—¿Qué titular le pone al recorte de libertades que estamos viviendo?
—Es preocupante y da miedo, pero estoy convencida de que lo vamos a saber gestionar.
—Con la que está cayendo y usted hablando de amor...
—El amor es lo que mueve el mundo y es lo que va a salvar al mundo. En el amor está presente todo. Toda novela tiene una historia de amor. Hasta los dictadores más sangrientos, como Hitler, Franco o Stalin, tuvieron su historia de amor. Ahora es cuando debemos dar más protagonismo al amor y dejarnos de tanto odio.
—¿Se considera una superviviente?
—Me considero una afortunada que, como todos, ha tenido una pérdida; pero, como pocos, ha tenido la suerte de vivir el amor de su vida y de trabajar en lo que más le gusta. Estamos en la parte del mundo privilegiada, solo hay que ver lo que ocurre en Yemen o en Venezuela. Estamos en la parte en la que se puede hablar y hay libertad, aunque nos la recorten. Somos unos afortunados, aunque nos hemos vuelto muy egoístas y no valoramos lo que tenemos.
—¿Somos insensibles?
—Nos hemos acostumbrado al horror y al odio. No es lo mismo cuando nos pasa a nosotros o en un ámbito cercano que cuando lo vemos en la televisión.
—¿Le han propuesto adaptar alguna otra novela a la pequeña pantalla?
—Telecinco empezará a rodar muy pronto La infiel. Estaría encantada si se hiciera una película o una serie de La memoria de la lavanda, porque es una fotografía de vida en la que todos salimos retratados.