CULTURA ■ PREMIO
Fred Vargas, una Princesa negra
La escritora francesa, una de las voces más respetadas de la novela actual, se alza con el Princesa de Asturias de las Letras.

La escritora francesa Frederique Audoin-Rouzeu, conocida por el seudónimo de Fred Vargas. ALBERTO MORANTE
césar coca | madrid
Parecía que, en un año en que el Princesa de Asturias de las Letras tiene mayor relieve al no concederse el Nobel, el jurado optaría por atenerse al canon más estricto. Que tras sumar al palmarés en ediciones anteriores a autores como John Banville, Paul Auster, Doris Lessing, Mario Vargas Llosa, Gunther Grass, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Margaret Atwood y el recientemente desaparecido Philip Roth, la elección recaería en un nombre indiscutible, de esos que están a la espera del Nobel.
Por eso, la elección de Frédérique Audoin-Rouzeau, que firma sus libros como Fred Vargas, fue recibida ayer con una mezcla de perplejidad y entusiasmo. La perplejidad corresponde a quienes no entienden que un galardón así vaya a parar a alguien que solo ha frecuentado la literatura negra o policial. O a quienes consideran que si el jurado del premio deseaba distinguir a alguien de ese ámbito, tuvo unas cuantas oportunidades de optar por Henning Mankell.El entusiasmo, a los autores y lectores apasionados del género.
El jurado, que estuvo presidido por Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, destacó la «buena prosa en francés», su «sólida arquitectura literaria», la «originalidad de las tramas» y la «profunda carga cultural» de los textos de esta escritora francesa nacida en el seno de una familia de profunda raigambre artística e intelectual.
Hija del surrealismo
Frédérique Audoin-Rouzeau (París, 1957) es hija del escritor surrealista Philippe Audoin y hermana del historiador Stéphan Audoin-Rouzeau y la pintora Jo Vargas. Las dos chicas de la familia, hermanas gemelas, escogieron su apellido artístico por el personaje de María Vargas, que interpretaba Ava Gardner en La condesa descalza.
Vargas empezó a escribir a los 28 años por diversión, como forma de escapar a su trabajo riguroso, pausado y con frecuencia monótono de arqueóloga especializada en restos de animales. Su formación académica le ha servido para dotar a sus novelas de ambientaciones muy cuidadas, con referencias ocasionales a viejas leyendas y otras mucho más frecuentes a problemas sociales contemporáneos.
Los evangelistas
Como suele suceder en la literatura negra o policíaca, sus novelas se agrupan en series protagonizadas por los mismos personajes. La más original en ese sentido es la de ‘los tres evangelistas’: se trata del medievalista Marc Vandoosler, el historiador especializado en la Primera Guerra Mundial Lucien Devernois -trasunto inequívoco del hermano de la escritora- y el arqueólogo Mathias Delamarre. Son tres verdaderos frikis que en sus ratos libres se dedican a resolver complejos casos apoyándose en su cultura enciclopédica.
Grandes secundarios
Sin embargo, la más popular entre sus lectores es la que gira en torno al intuitivo comisario Jean-Baptiste Adamsberg, nacido en los Bajos Pirineos -ahora Pirineos Atlánticos-, que trabaja rodeado por un peculiar equipo y mantiene una compleja e intermitente relación amorosa con una compositora que se gana la vida como fontanera. Los críticos destacan que precisamente en los secundarios está buena parte del éxito de las novelas de Vargas.
Su última novela, Cuando sale la reclusa (Siruela), pertenece a esta serie de Adamsberg y ha sido publicada en castellano hace apenas unas semanas. Además de sus novelas negras, es autora también de un puñado de ensayos y libros de carácter científico relacionados con su trabajo como arqueóloga y firmados, en este caso, con su verdadero nombre.
Sus novelas han tenido grandes éxitos de ventas en Francia -el volumen de sus lectores en España es mucho más modesto- y le han proporcionado varios premios, casi todos ellos relacionados con el género.