LEÓN ■ HOMENAJE
Ceremonia para el último Ceremonias
Una placa recordará en la Biblioteca Municipal de Padre Isla al poeta Eduardo Martínez en el chalé en el que nació.

El chalé de los Ceremonias, en el número 57 de Padre Isla, hoy Biblioteca Municipal. RAMIRO
Hace más de medio siglo que no viven en el número 57 de Padre Isla, pero sigue siendo el ‘chalé de los Ceremonias’. El último de la saga, el poeta Eduardo Martínez y Hernández, recibe hoy en el palacete en el que nació en 1935 la mejor de las ceremonias. Su nombre quedará grabado para siempre en una placa. La historia de este escritor y catedrático de Derecho Constitucional es más apasionante aún que la de su casa, erigida en 1922 por el arquitecto Isidoro Sainz Ezquerra. Una vivienda de cuatro plantas que, durante la Guerra Civil, sirvió de alojamiento a las tropas italianas y que también tiene su leyenda negra: tres niños fallecieron acabada la contienda al estallar una bomba escondida en el interior. Los propietarios del inmueble eran tan solemnes que empezaron a llamarles ‘los Ceremonias’ —«tuvimos suerte con el apodo», dice Eduardo Martínez—.
Para él, ser reconocido en León es «el mejor de los homenajes», aunque primero fue profeta en Italia. De hecho, sus versos reabrieron, tras el último incendio, el mítico teatro de La Fenice; y en la Universidad de Perugia están inmortalizados en una placa sus Fragmentos a una guía poética de Perugia, un poemario censurado durante el franquismo.
Recuerda Eduardo Ceremonias que frecuentaban su casa Gamoneda, Crémer y Antonio de Lama, quienes despertaron en él su amor por la poesía. Del chalé, que dejó a los 17 años para ir a estudiar Derecho a Oviedo, no ha olvidado «el jardín con caballos que llegaba hasta San Marcos»; también «la historia del Quijote en los azulejos de dos galerías. Y la preciosa vidriera artística que coronaba el salón y que, al parecer, se llevaron para repararla y no se supo más de ella».
Exilio ilustrado
Tras concluir los estudios en Oviedo y Económicas en Madrid, se convirtió en un ‘nómada’. Pasó diecisiete largos años fuera de España: en Italia, Irlanda, Oxford, Cambridge, Suecia y Dinamarca. Se fue para dejar atrás la España oscura del franquismo, lo que le permitió conocer a personalidades de la talla del gran filósofo José Luis Aranguren, que en Dinamarca le presentó un libro; Salvador de Madariaga, quien avaló un libro suyo en Oxford; o Miguel Ángel Asturias, en Nápoles.
Eduardo Ceremonias lleva años afincado en Madrid con su mujer, Margrethe Johannessen, a la que conoció en Noruega y con la que se casó en San Miguel de Escalada, autora del prólogo de su último poemario, Entre menhires, dólmenes, túmulos... y calvarios.
Enamorado del estudio, Eduardo Martínez es un ‘renacentista’ en el sentido más literal. Además de su pasión por la poesía, estudió la carrera de música y su afición por la pintura le ha convertido en coleccionista de obras de Miró, Picasso o Francis Bacon. Lector impenitente, tiene una biblioteca con más de 10.000 libros. Su familia donó el chalé de Padre Isla al Ayuntamiento en los años ochenta para que fuera Museo de la Ciudad. Cuando el escritor regresó a León se encontró el hogar de su infancia convertido en residencia de la tercera edad. «La idea me pareció hasta bonita. Seguramente el museo sólo lo habrían visitado tres turistas», dice. El inmueble, de cuatro plantas, fue reformado por última vez en 2010 y, además de los Servicios Sociales municipales, alberga la Biblioteca Municipal, donde los concejales de Educación y Familia y Servicios Sociales participan esta tarde, a las 19.00 horas, en el homenaje a Eduardo Martínez, quien inspiró la creación de la cátedra de poética Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca.
Catedrático de Derecho Constitucional en la Complutense, ahora jubilado y retirado a su paraíso de Mijas, en los sesenta Eduardo Martínez transformó el chalé familiar en el primer jardín de infancia que tuvo León, el ‘Children’s Garden’.

Eduardo Martínez y Hernández. RAQUEL P. VIECO