ESCÁNDALO
De dios de Hollywood a pobre diablo
Harvey Weinstein, en libertad vigilada acusado de violación y abusos sexuales

El productor Harvey Weinstein en el momento de su llegada a la comisaría de Nueva York en la que se entregó. PETER FOLEY
mercedes gallego | nueva york
Harvey Weinstein entró ayer en la cárcel esposado después de entregarse en una comisaría de Nueva York y dicen que salió horas después sonriendo, tras haber soltado un millón de dólares de fianza acusado de violación y abusos sexuales. No hay fotos de la desafiante sonrisa porque utilizó una puerta trasera, pero la imagen del otrora todopoderoso magnate de Hollywood, custodiado por una mujer policía, trajo un preciado momento de paz a cientos de mujeres cuyas vidas destruyó sin pestañear. Se calcula que 95 lo han hecho público desde octubre. «Una llamada y estás acabada», las amenazaba. «Tengo ojos y oídos en todas partes. Soy Harvey Weinstein. Tú sabes lo que puedo hacer».
‘Amigo especial’
La actriz Rose McGowan fue una de las que recibió esa llamada, después de que la violara hace veinte años en un hotel de Utah durante el Festival de Sundance, según su testimonio. «A partir de ahora voy a ser tu amigo especial», le dijo el productor con tono de psicópata. La protagonista de Embrujadas saboreó ayer el momento, pero advirtió a sus hermanas de via crucis que la satisfacción será efímera. «Esto se va a poner muy feo. Prepararos para escuchar que todas lo buscamos».
Sin duda esa será parte de la defensa del magnate, cuyo abogado ya ha adelantado que se declarará no culpable y cuenta con que el juez desestimará los cargos. «No hay manera de que doce hombres y mujeres (del jurado) crean la historia de estas mujeres más allá de una duda razonable, si no están contaminados por el #MeToo», dijo Benjamin Brafman. Su cliente tendrá en su contra los pagos con los que compró el silencio y las empresas que contrató para espiarlas y amenazarlas.
La estrategia
Su primera estrategia será negarlo todo. La segunda, decir que fue sexo consentido. La tercera, culpar a la industria, a la que amenaza tácitamente con hundirla en el fango si se ve acorralado. «Weinstein no inventó el casting de sofá en Hollywood», adelantó su abogado con cinismo. Con ello implicaba que el sexo era parte de las entrevistas de trabajo en la industria cinematográfica, donde antes de saltar a la fama las actrices guapas tenían que pasar por la piedra de sus productores. Salma Hayek, Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow y Ashley Judd son algunas de las muchas a las que atacó. Con el halo de celebridad al que contribuyó contratándolas para sus películas hicieron despegar el movimiento en su contra que ha marcado un hito justiciero.
El caso de Lucia Evans
El #MeToo entra ahora en una nueva etapa, al pasar de las redes sociales a los tribunales de Manhattan, donde dos mujeres se enfrentarán solas a los abogados del productor. Aunque la fiscalía de Nueva York no ha hecho público sus nombres, se cree que una de ellas es Lucia Evans, de las primeras en denunciar públicamente su historia en las páginas de la revista New Yorker.
Su caso ocurrió en las oficinas de Miramax, donde Weinstein primero le dijo que sería «genial» para la serie de televisión Project Runway y luego se sacó el pene y se lo metió en la boca agarrándole la cabeza.
«Traté de escaparme, le dije una y otra vez que parase, que no quería hacer eso, pero es un tipo grande con más fuerza que yo», explicó a la revista, que ganó el Pulitzer por el reportaje. «No quería darle una patada ni hacerle daño y me rendí. Esa es la parte más horrible, que nos rendimos y nos sentimos culpables por no habernos defendido lo suficiente, por eso ha podido hacerlo durante tanto tiempo». Eso se acabó.
El millón de dólares que ha depositado a través de un cheque de ventanilla es sólo parte de la fianza de 10 millones que ha tenido que pagar. El resto se le ha aceptado en bonos. Weinstein ha tenido que entregar su pasaporte y aceptar un brazalete electrónico que sólo le permitirá desplazarse entre los juzgados y su mansión en Connecticut.