Diario de León

«Ser bastardo fue una bendición para Da Vinci», según Isaacson

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miguel lorenci | madrid

Biógrafo de Franklin, Kissinger, Steve Jobs, Eisntein, y ahora de Leonado da Vinci, Walter Isaacson (Nueva Orleans, 1952) es una eminencia del periodismo. Formado en Harvard, profesor de la Universidad de Tulane, editor de Time, presidió la CNN y fue elegido entre las cien personalidades más influyentes del mundo en 2012. Al «bicho raro» que «fue y es» Da Vinci (1452-1519) dedica las casi 600 páginas de La biografía (Debate), anticipándose a la pompa del quinto centenario. Nada humano fue ajeno al genio curioso y sin miedo al fracaso que fue aquel «inadaptado», un homosexual feliz a quien Isaacson declara «maestro de lo inconcluso».

«Leonardo tuvo más curiosidad que genio», dice. Su genialidad no era innata, como en Einstein. Fue autodidacta. «Ser cada vez más curioso y observador le hizo genial. No era brillante con las matemáticas, pero le encantaban. No sabía nada de física, pero la curiosidad por la mecánica y el funcionamiento las cosas le impulsó. Todos podemos alentar esa curiosidad e inculcar a nuestros hijos esa idea de maravillarse con el mundo».

Da Vinci era bastardo, zurdo, homosexual, herético y distraído vegetariano. Sin embargo, según Isaacson, «ser hijo bastardo fue una enorme suerte para él. Una bendición. No tuvo que ser un notario, como su padre y su abuelo. Tuvo también la suerte de no ir al colegio. No llenaron su cabeza ideas anticuadas. Desarrolló sus propias pasiones. Estudió la caída del agua por las rocas, el vuelo las aves, dibujó montañas, ríos y paisajes...».

Ir a Florencia muy joven también fue otra suerte. «Era un inadaptado, sí, pero como dijo Steve Jobs, debemos celebrar resistencia de los rebeldes, de quienes piensan de forma diferente. Esas clavijas redondas que entran en agujeros cuadrados son quienes cambian el mundo».

El biógrafo de Da Vinci afirma que «creer que la belleza de la naturaleza y el arte estaban relacionados fue la clave de su éxito. Se llamaba a sí mismo artista-ingeniero. Como Jobs cuando crea el iPad, une arte y técnica. Cuando dibuja el feto en el útero materno o sus mapas, son trabajos artísticos y científicos. Su hombre de Vitruvio es el paradigma: hay arte, ciencia, matemática y anatomía». A la pregunta de si tuvo Leonardo un lado oscuro responde: «Estuvo deprimido y le atormentó el poder de la naturaleza. Se ve en los dibujos del final de su vida y en algún apunte de juventud. No completó muchos de sus cuadros, invenciones y diseños de ingeniería. Se preocupaba por el fracaso. Era un maestro de lo inconcluso».

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