«Grajal fue el gran campo de pruebas del renacimiento español»
Javier Pérez Gil coordina un libro sobre la villa que descubre cómo todo el conjunto se alzó para ser «expresión de poder» . «El palacio y el castillo tienen una función simbólica», avisa.

El amplio mirador del palacio de Grajal, una de las novedades que Hernando de Vega y su familia importó de Italia. MARCIANO PÉREZ
No una mera acumulación de monumentos. No unos cuantos Bienes de Interés Cultural reunidos dentro de una misma villa. De hecho, el visitante que pasea por Grajal de Campos intuye que algo se le escapa, y se suele preguntar una y otra vez por qué tantas joyas arquitectónicas y elementos de interés se agolpan en esta singular localidad, hoy de exigua población y esquinada entre las provincias de León, Palencia y Valladolid.
La respuesta a esa inquietud, junto a muchos más datos y detalles, está en El conjunto histórico de Grajal de Campos, un amplio libro coral que acaba de editar la Universidad de León y del que son coordinadores María Dolores Campos Sánchez-Bordona y Javier Pérez Gil. La obra, de 438 páginas, es fruto del convenio que hace cinco años firmaron el Instituto Universitario de Urbanística de la Universidad de Valladolid y el Instituto de Humanismo y Tradición Clásica de la ULE. «El libro nace de esa intensa colaboración, y en él participan profesionales de diversas disciplinas; historiadores, historiadores del arte, geógrafos, arqueólogos, urbanistas, incluso ingenieros», dijo el leonés Pérez Gil, profesor de Historia y Teoría de la Arquitectura en la UVA, y quien ensalzó el resultado final: un libro que aborda Grajal desde todos los puntos de vista y que incluye alzados, infografías y reconstrucciones en tres dimensiones de edificios de la villa terracampina.
Javier Pérez Gil también resume la principal aportación de la obra: «Hacemos una lectura del conjunto de Grajal no como una suma de elementos monumentales sino como un todo, un todo cuya singularidad viene dada porque responde a un sistema consciente y prefijado, a un plan integral que va más allá de los inmuebles concretos».
«En un plazo breve, de unos cuarenta años, tres personajes, Hernando de Vega y su mujer, y su hijo Juan de Vega, transformaron totalmente el poblachón medieval donde se asentaba su señorío de acuerdo con un proyecto urbano global y humanista, fruto de sus contactos con Italia», explica este profesor natural de Sahagún. «Por ejemplo, en lugar de la antigua fortaleza se construye un castillo artillero con la ingeniería más avanzada del momento. Pero su función no es la guerra: en esa época ya no había conflictos entre los reinos de León y Castilla —avisa—. El castillo y sobre todo el palacio son símbolos de la nueva nobleza, la que llega con el Renacimiento, cuando los nobles dejan de ser guerreros para convertirse en cortesanos cultivados, amantes de la cultura».
«El conjunto entero, de hecho, se crea en torno al palacio, en el centro del pueblo y que incorpora grandes novedades para el suelo hispano como la escalera, el patio, el mirador, los jardines... la vieja plaza se amplía y se hace moderna, regular, y pasa a ser el escenario de la vida civil, mientras que la contigua plaza del Conde lo será de la vida señorial y eclesiástica —prosigue—. La iglesia de San Miguel se construye de nuevo para englobar las anteriores parroquias, se une al palacio y se alza con proporciones catedralicias... y todo esto ocurre entre 1515 y 1560, cuando también se elevan edificios como el Hospital de la Antigua, el convento de San Francisco... de nuevo no independientes sino formando parte de un sistema».
«Ahí radica la importancia y la excepcionalidad de Grajal. Que es un caso muy atípico, muy novedoso en España, que fue un campo de pruebas para el renacimiento. Quitando la corte, sólo encontramos algo parecido en Peñaranda de Duero con los condes de Miranda y en Lerma con su duque, pero más tarde, el primero sobre 1570 y el segundo, ya en 1600», aseguró.
Hernando de Vega fue uno de los hombres de confianza de Carlos I, uno de sus secretarios más fieles. Viajó por toda Europa y se empapó de las nuevas ideas renacentistas para aplicarlas en Grajal. Su hijo recibió el cargo de virrey de Italia.