Diario de León

LA REFORMA DEL HOSTAL

«No había otro hotel como San Marcos»

Las imágenes se custodian en la Fototeca del Patrimonio Histórico y muestran el flamante parador leonés, en 1965, justo antes de ser inaugurado. Toda la parte ahora derribada incluía espacios punteros y cuidados hasta el mímimo detalle, como guardería, peluquería de señoras, salas de fiestas... y hasta ‘tablao’ flamenco.

Una vista de la antigua 'zona nueva' del Parador JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL

Una vista de la antigua 'zona nueva' del Parador JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL

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E. GANCEDO | LEÓN
León

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Ahora mismo no es nada. Sólo un conjunto polvoriento de vigas retorcidas, tubos, hierros y cascotes. Toda la parte moderna del que fuera buque insignia de la red de Paradores junto al de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela ha quedado reducida —en tiempo récord y para deleite de muchos curiosos— en lluvia de escombros que desde el mes de mayo no ha dejado de caer y de ser retirada de esta ‘zona cero’ de la mejor hostelería leonesa. Una demolición-espectáculo que despertó no pocas nostalgias y pensamientos en torno al más de medio siglo de las instalaciones, obligando a abrir el cajón de los recuerdos y a descubrir, realmente, qué supusieron para la ciudad y la provincia.

Y la memoria visual de aquel flamante ‘hotel del Estado’, abierto al público en 1965, está custodiada en la Fototeca del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, cuyo archivo es fuente casi inagotable de historias y estampas relacionadas con la sociedad, la cultura, la industria y el turismo, con el devenir contemporáneo de este país. En ella pueden contarse decenas de imágenes que retratan, con gran minuciosidad, el moderno complejo hotelero adosado al renacentista edificio que fue convento; hospital; cárcel cuyo prisionero más célebre, Francisco de Quevedo, es gran abanderado del monumento; escuela de veterinaria; cuartel de caballería y temible campo de concentración durante la guerra civil, entre otros mil usos. Los salones que aunaban sólidos muebles de inspiración medieval con líneas de vanguardia, las airosas terrazas, las impolutas habitaciones y hasta las cocinas y las salas de calderas fueron inmortalizadas por un nombre casi legendario de la fotografía española, Juan Miguel Pando Barrero (1915-1992), cuya trayectoria es del todo menos convencional.

Madrileño, conocía bien las tierras leonesas sobre todo a causa de sus viajes por Picos de Europa, donde dejó espléndidas vistas de paisajes, pueblos y tradiciones. Trabajaba en exclusiva para la agencia Associated Press en España y fue fotógrafo del ABC republicano, con estremecedores testimonios gráficos del Madrid en guerra. Acabada la contienda, decidió ganarse la vida fundando una agencia en la que dio cobijo a varios profesionales represaliados. La empresa llevaba su nombre y fue muy conocida en los años del desarrollismo por sus encargos y series sobre arquitectura, arte e industria; pero Pando Barrero llevó a cabo, sobre todo, una colosal labor etnográfica y artística que varios expertos y críticos ponen de relieve en nuestros días. Comparado con Centelles, Capa u Ortiz-Echagüe, el extraordinario Archivo Pando lo componen cerca de 142.000 negativos —de las más variadas temáticas, y uno de los más nutridos del país—, hoy en el Instituto del Patrimonio Cultural de España.

Presumiblemente, las fotos que tomó del parador fueron realizadas poco antes de su inauguración oficial, listo para abrir puertas y casi sin personas en los encuadres. Fue cinco años después cuando entró a trabajar allí alguien que llegaría a conocer todas sus estancias como la palma de la mano: Salustiano Pablos Rascón, legendario conserje del parador leonés, cargo que desempeñó durante cuarenta años.

Natural de Valderrueda y con la mili en Amurrio recién acabada, buscó trabajo en los Sindicatos Verticales de la época y le recomendaron acudir al recién estrenado hotel. Era un sábado y el director, Enrique González Otero, al poco de hablar con él, le dijo que empezaba al día siguiente. «Pero si no he traído ropa, ni nada... Mi pueblo está a setenta kilómetros», objetó el sorprendido Salustiano, que se encontraba en León, ese día, a cuenta de ver a su novia y futura esposa. «Bueno, pues vas, coges ropa y el lunes a las diez de la mañana te quiero aquí», le respondió el director.

De Jimmy Carter a Zapatero

A partir de entonces se sucedieron cuatro décadas de recibir a todo tipo de visitantes, turistas anónimos de alto poder adquisitivo —«después los paradores se democratizaron»— y artistas, políticos, militares, altos mandatarios, empresarios... Exhibe Pablos nombres como Shirley MacLaine, Anthony Quinn, Viggo Mortensen, Aníbal Cavaco Silva... «A Zapatero, claro, le recibí muchas veces, y a Aznar, cuando vino ya como presidente, me dijo: ‘Pero, ¿todavía sigues aquí?’, porque ya habíamos coincidido. Y a Felipe, el actual rey, entonces Príncipe de Asturias, le hice una visita guiada por todo San Marcos aunque claro, tendría como doce años y no ponía mucha atención, estaba a su bola», relata. Premio a la Excelencia en 2010, entre otros galardones que le concedió la empresa, Salustiano Pablos no tiene más que palabras de asombro para aquellas instalaciones que ya son historia. «Es verdad que yo nunca antes había entrado en un hotel, pero aquello me pareció increíble, el no va más —recuerda—. Había hilo musical en absolutamente todo el complejo, 250 habitaciones en la mejor época, con hasta siete botones, dos mozos de equipaje y un portero en cada turno, 270 empleados en total (y cuando me jubilé, 100). No había otro hotel como éste».

«Tenía peluquería de señoras y de caballeros, zona de juegos infantiles, que luego se cambió todo, claro, una exclusiva sala de fiestas y lo que se llamaba la Cueva del Clavo, que era un tablao flamenco», enumera Pablos, y le falta tiempo para repasar la «suntuosidad, para la época, del hotel» y el «esmerado servicio, el respeto y la distancia» que se ofrecía al cliente. Tampoco olvida curiosos proyectos que acabaron olvidados, como aquel de «hacer de San Marcos la mejor sala de juegos o casino de España», o el día que batieron el récord de ocupación: 535 personas.

Don Juan Carlos y Doña Sofía escapándose de una jura militar para bailar en el claustro alto, insólita escena; Jimmy Carter buscando la Farmacia Merino; Martin Sheen, Manuel Fraga, Adolfo Suárez, Leonard Cohen, Montserrat Caballé, Shakira... «A Julio Iglesias le recibí cuatro veces, la primera con la Preysler, de viaje de novios. Por cierto, su suegra venía con ellos».

Muchos recuerdos, muchas anécdotas y todo un legado sentimental y empresarial que ya pertenece a la historia de la ciudad. «¿Que qué he sentido al ver el derribo? Pues dos sentimientos mezclados —confiesa Pablos—. El primero es de pena, claro, porque fueron muchos años allí, pero el segundo de justicia, porque es verdad que el hotel estaba ya muy deteriorado... y el proyecto nuevo me parece de verdad ambicioso».

Peluquería de señoras. JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURA

Zona de juegos para niños.  JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURA

Una de las habitaciones justo antes de su inauguración.  JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURA

La gran escalinata interior.  JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURA

Vista de los jardines que daban al río.  JUAN MIGUEL PANDO/ INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURA

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