Diario de León

PATRIMONIO NATURAL

El lobo acude a rescatar la gran casona de Caldas

Fue residencia habitual de una rama de los famosos condes de Pimentel y desde 1975 pertenece a los Hidalgos de Sena. La casa blasonada de Caldas de Luna, que incluso hoy, en medio de su relativa ruina, revela una sólida factura y cuadras, fincas, molino y lechería asociados, se convertirá gracias a la ayuda de las instituciones en Centro de Interpretación del Mastín y del Lobo. Así, su nombre popular, el Palacio, volverá a tener sentido

Vista general del Palacio de los Pimentel de Caldas de Luna.

Vista general del Palacio de los Pimentel de Caldas de Luna.

Publicado por
E. GANCEDO | CALDAS DE LUNA
León

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No deja de ser paradójico que el animal que tanto desveló a los pastores de la zona y que tanto los puso a discurrir para que ganados, hombres y fauna salvaje pudieran convivir en estudiado y fructífero equilibrio, haya acudido en metafórico rescate de uno de los edificios singulares del valle de Luna, la casona o palacio de los condes de Pimentel en la balnearia población de Caldas de Luna.

La casa blasonada se encuentra hoy en muy maltrecho estado y sólo su formidable factura, lo excelente de su construcción —asombra lo perfectamente escuadrado de sus piedras, y los enormes dinteles y jambas— ha permitido que continúe actualmente en pie: el tejado se hundió y el interior es un amasijo de vigas podridas, zarzas y vegetación desaforada, altos árboles incluidos. Aún así, todavía es posible distinguir entre sus paredes el amplio zaguán, la gran caja de la escalera, una bodega y la cuadra de las vacas —en las casas nobles del medio rural leonés no podía faltar el ganado de ninguna manera—. La fachada exhibe dos escudos y unas líneas y materiales de gran prestancia. Adosada a la casa por su lado izquierdo y alzada con materiales más toscos, otra edificación servía de pajar. La maleza oculta el postigo de la hierba y va devorando el inmueble por varios flancos. A pesar de la ruina, sobrevive la sólida madera de ciertas puertas y ventanas.

La casona pertenecía a los condes de Nava y Pimentel, desde donde administraban las no pocas fincas que poseían en el valle, y en 1975 fue comprada por la familia Hidalgo de Sena de Luna. Llevaba tiempo aquejada de soledad y abandono. Manuel González Rubio, vecino de Caldas y anterior presidente de la junta vecinal, nacido en 1936, oyó siempre decir que, «hasta la guerra estuvo habitada», pero que después comenzó a languidecer —previo paso su uso como residencia por algunos colonos o caseros— para llegar a la situación actual. González Rubio conoce bien los nombres, los terrenos y otros edificios asociados a la casa (el Palacio, como se le llama en el pueblo). Así, la finca más inmediata a ella siempre recibió el nombre de El Jardín, zona de esparcimiento para los antiguos propietarios —también están Las Huertas y La Vicietsa—. Y muestra González Rubio, al otro lado de la calle, otros espacios de interés: una pradería de grandes dimensiones cercada de excelente piedra —aunque vencida en varios tramos— y con puerta señoreada de blasón, a la que se conoce como El Bosque. «Aquí sembraban también, porque es un terreno muy bueno», dice, y muestra el hermoso molino de montaña cuya estructura aún se alza en el medio de la campa («el molín»), y una lechería donde, en tiempos, se hacía y vendía la mantequilla gracias a una desnatadora y un empleado, y que aún atesora restos de sus mecanismos.

Esos lugares llenos de historia menuda y de encanto natural también tienen su lugar dentro del proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Sena y la junta vecinal de Caldas para elevar en la casona el nuevo Centro de Interpretación del Mastín Leonés y el Lobo. El primer paso ya está dado: la Diputación destinó, dentro de su último y ambicioso Plan de Restauración del Patrimonio, 180.000 euros para la restauración del Palacio. El actual pedáneo de Sena de Luna, Efrén García, explicó al Diario que el inmueble aún no es del municipio por un detalle burocrático pero que en próximas semanas pasará a manos públicas. El acuerdo de compra lleva ya tiempo cerrado con los Hidalgos de Sena y el precio total —junto a la citada finca de El Bosque— es de 130.000 euros. Estiman contar, para ese desembolso, con una subvención de la Consejería de Fomento, «y si no se consigue, se abordará con recursos propios», asegura. Además, el proyecto prevé convertir el pajar, en un futuro, «en albergue o alojamiento de turismo rural cuyos beneficios ayuden al sostenimiento del Centro de Interpretación», y El Bosque sumará atractivos: «No todo el mundo sabe cómo funcionaban los molinos antiguos, puede ser un complemento muy bueno de la visita, sobre todo para los niños», comentó el presidente de la junta vecinal. Efrén García sabe que, en la actualidad, los atractivos naturales —y Caldas y su zona los tienen como ninguna otra, con cumbres que rozan y superan los dos mil metros— no bastan para que la afluencia de visitantes sea constante.

Más equipamientos

«Con la puesta en marcha de este centro queremos dotar, tanto al Parque Natural de Babia y Luna como a la Reserva de la Biosfera de Omaña y Luna, de un conjunto adecuado de infraestructuras y equipamientos de uso público», transmitió, añadiendo que para este centro «queremos optar por un contenido temático amplio: el equilibrio entre actividad humana sobre el territorio y el mantenimiento de ecosistemas y especies silvestres». Los usos trashumantes, tan ligados a este paisaje montañés, y la cultura tradicional y las especies domésticas y salvajes a ellos asociados serán los protagonistas del centro. «La necesidad de defender el ganado merino frente al lobos llevó a la existencia de una raza de perro específica, el mastín leonés. Lobo y mastín no pueden entenderse por separado. Pero el manejo de los rebaños por los puertos requiere además el apoyo de otra raza de perro, el carea leonés, al que su función ha dado nombre», añadió. El centro con asiento en esta casa noble datada en el siglo XVIII complementará otros espacios divulgativos como la Casa del Parque de Babia y Luna, en Riolago, o el Museo de la Trashumancia de Torre de Babia. Las obras comenzarán en primavera con la meta de dejar testimonio de una vida ‘de altura’, siempre en pos de los pastos sin temor a distancias ni vértigos.

Estado actual del edificio por dentro. FERNANDO OTERO PERANDONES

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