Diario de León

El campo leonés ultima su ‘Liceu’

Es el gran espacio que queda por inaugurar en la vanguardista sede de la Fundación Antonino y Cinia: un centro escénico con más de 200 butacas y que estará completado en primavera. .

Vista del futuro auditorio de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Al fondo, las cabinas de control y de traducción simultánea. MARCIANO PÉREZ.

Vista del futuro auditorio de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Al fondo, las cabinas de control y de traducción simultánea. MARCIANO PÉREZ.

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e. gancedo | cerezales

«Esto no se parece, ni por asomo, a levantar un bloque de pisos. Pero ni por asomo». Lo dice y lo repite José María Cerrato, la persona que tiene en la cabeza, hasta en sus menores detalles, la sede de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Es el jefe de obra —más exactamente, el construct manager, en la jerga del gremio— de un edificio vanguardista y espectacular que asombra no sólo a quienes a él se acercan sino que también viene deslumbrando a jurados de premios de arquitectura donde se valore lo sostenible y lo energéticamente eficiente.

Pero aunque este inmueble perfectamente integrado en el paisaje del Condado cumplirá dos años el próximo mes de abril y ya haya acogido exposiciones, talleres, conciertos y otras actividades, mantiene aún espacios vedados al visitante, investigador o usuario: entre el 10 y el 20% de su magna estructura todavía no está en funcionamiento y el principal espacio de esa superficie es el auditorio de la sede, un amplio centro escénico apto para la celebración de conciertos, espectáculos, congresos, conferencias y todo tipo de eventos; muy versátil gracias, entre otras cosas, a su escenario y patio de butacas desmontables. En estos momentos se trabaja duro para ultimarlo de cara a su próxima y probable apertura en la primavera de 2019. José María Cerrato explica lo que es necesario explicar: que esto no es un simple ensamblaje de piezas ni consiste en seguir al pie de la letra una guía o plano. «Hemos tenido que hacer muchas pruebas, muchos cálculos. Es un espacio sumamente delicado, con unas necesidades y unas características del todo singulares», dice. De hecho, en algunos casos hasta han tenido que modificar o adaptar los componentes que les iban llegando. «Por ejemplo, hemos estado haciendo un montín de pruebas y simulaciones de sonido con un catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia», advierte Cerrato mientras detalla que el auditorio va forrado «con catorce paneles acústicos de cuatro clases distintas» que pueden moverse para conseguir diferentes modulaciones en el sonido según los deseos y necesidades de los músicos y artistas que protagonicen cada espectáculo.

«Aquí no hay nada estándar, esto es mucho ensayo-error, un trabajo muy arduo, muy dificultoso», añade, y realza sus palabras con la maqueta que ha ideado él mismo para calcular y valorar la forma de llevar a cabo una de las más delicadas labores relacionadas con el auditorio: la manera de alzar la ‘concha acústica’ (elemento clave que se encarga de que el sonido rebote y se devuelva al patio de butacas), de 1.200 kilos de peso, y hacer que se pliegue y acople al techo.

En todos esos cálculos está enfrascado, junto al diseñador Juan Manuel Villanueva, José María Cerrato, arquitecto técnico que también ha erigido la sede del Consejo Regulador de la DO Ribera de Duero, cárceles (la de Lanzarote) y viviendas, y que también participó en la famosa ampliación del aeropuerto de Barajas. Ha supervisado la creación de la sede de la FCAYC desde sus mismos comienzos, y avisa nuevamente de que, en Cerezales, el modo de proceder ha sido muy diferente al de otros grandes proyectos: «Aquí no se encargó todo entero a una sola empresa sino que cada una ha abordado una parte, un lote como si dijéramos. De esa manera se controla mucho mejor todo el proceso y se evita que se disparen los costes», avisa quien ha venido coordinando a los distintos profesionales y expertos.

Muestra la cabina de control con la que contará el auditorio —y la de traducción simultánea—, añade que lo que queda, sobre todo, es la instalación de la iluminación-espectáculo, además de cableado, revestimientos y mobiliario, y sigue adelante. Enseña a este periódico los camerinos, uno de ellos adaptado, el carga-pianos capaz de alzar 1.500 kilos y otras estancias a las que quedan muy pocos remates para estar ultimadas, como las salas de ensayo y la extensa biblioteca-centro de documentación. En este punto, la responsable de Comunicación informa de que aquí tienen por delante una labor también no poco esforzada: la catalogación del contenido de muchas cajas de libros relacionados con temas agrarios donadas a la fundación por Juan Manuel García Bartolomé, que fue responsable de la mediateca del antes llamado Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Sobre la salas de ensayo, el estudio de grabación y otras zonas de trabajo hay que recordar que la FCAYC está abierta a las propuestas que se les haga desde la comunidad artística para su valoración, y además sopesan la posibilidad de realquilar el estudio.

Geotermia y biomasa

El resto de áreas (la inmensa sala de exposiciones, las aulas, el recibidor, la parte posterior) llevan ya tiempo de ‘rodaje’. En todos los edificios hay un período de ajuste tras su terminación para ver cómo se comportan ante el día a día, y en este ha ocurrido lo mismo. A día de hoy, el jefe de obra está satisfecho en este sentido, sobre todo teniendo en cuenta que la —a veces, impredecible— madera es el principal material de su envolvente. La eficiencia energética y el escaso coste de su mantenimiento es otro capítulo destacable (en calefacción, consume menos que la anterior sede, habilitada en las escuelas del pueblo y ahora minúscula al lado de la actual). Las calderas de biomasa cuyo combustible procede del aprovechamiento de los montes cercanos y la geotermina alimentada por 18 pozos subterráneos permiten ese ahorro.

Desde la fundación no olvidan otro lugar especialmente popular del complejo, sobre todo para los más pequeños. Es el Aula de la Naturaleza donde tienen su confortable hogar los bueyes Rogante, Romero y Lindo —flamantes ganadores de concursos de ganado en toda la provincia y fuera de ella—, la vaca Bonita, la jatina Bardina y el burro Quintín; los primeros de raza parda de montaña y el último, un asno zamorano-leonés con mucho carácter. El césped que rodea el aula se acaba de consolidar para permitir actividades y visitas.

«No, esto no es como hacer una urbanización de chalés idénticos —reflexiona José María Cerrato—. Es más difícil, y por eso mismo más satisfactorio, más estimulante... Porque aquí cada esquina es diferente».

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