El proyeccionista que nunca regresó a por sus cintas
La presentación pública de estas dos rarezas cinematográficas tendrá lugar el viernes 9 de noviembre, a las 18.30 horas, en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid. Allí se exhibirá ‘Imágenes de la provincia de León’ y también ‘Viaje a Tierra Santa’, esta última fruto de una serie de circunstancias que el propio José María Martín Sarmiento cuenta con detalle en la revista ‘Espacio I+M’ de la Filmoteca de Castilla y León. «No recuerdo cuándo vi por primera vez aquel montón de latas en el desván de mis abuelos. No lo recuerdo porque siempre habían estado allí». En el artículo ‘Cine en el desván’, el autor de ‘El filandón’ y profesor en la Escuela Superior de Cinematografía de París explica que los juegos con aquellas latas en la casa familiar de Albares de la Ribera, de niño, constituyeron «mi recuerdo más antiguo concerniente al séptimo arte». Juegos que consistían, no en proyectarlas por supuesto («ni había máquina para hacerlo ni hubiéramos sabido servirnos de ella»), sino en «desmadejarlas por el suelo y ver las imágenes por transparencia». Su madre le contó cómo habían llegado esas películas —cintas de los inicios mismos del cinematógrafo— a la casa. «A finales de la década de 1920 apareció en el Bierzo un personaje que se ganaba la vida organizando proyecciones» y, en Albares, esos pases se organizaban en casa de los abuelos de Sarmiento, donde aquel hombre se debía de sentir a gusto, puesto que allí dejaba algunas cintas en sus idas y venidas. «Duró esa situación algunos años, hasta que estalló la guerra civil. No estaban los tiempos para cuentos ni películas, así que las sesiones cesaron —escribe—. Pero, además, el misterioso personaje desapareció y nunca más se oyó hablar de él... probablemente murió durante la contienda». Las películas quedaron olvidadas en el desván hasta que un Sarmiento ya profesional de la imagen descubrió el valor de aquellas latas. Catorce de ellas se extraviaron al llevárselas un familiar pero él pudo rescatar la del viaje a Palestina. «Rarísima vez se encuentran ejemplares coloreados, como es el caso», dice, y no duda en calificarla de «incunable de la cinematografía».