Diario de León
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adrián arias | valladolid

Al aventurero de fin de semana que decida escaparse a visionar la fauna de la provincia de Burgos y apunte sus prismáticos hacia la sierra de Atapuerca puede quedarse sorprendido al aparecer en su lente un bisonte o un tarpán, dos especies del Pleistoceno que vuelven a habitar este ecosistema.

Catalogado como el primer parque del Pleistoceno con animales vivos de Europa, los iniciativas SierraViva y Paleolítico Vivo han emergido con fuerza en los últimos años al este de la capital burgalesa, en el municipio de Salgüero de Juarros, donde Eduardo Cerdá y su equipo dirigen un proyecto de conservación, investigación y divulgación de la fauna prehistórica de la Sierra de Atapuerca.

Con motivo de su aterrizaje en la feria Bienal Ibérica de Patrimonio Cultural, Arpa, en Valladolid, el director de este proyecto explica en una entrevista con Efe cómo surgió esta idea de recrear en una reserva animal la fauna que existía en este importante enclave de la historia de la humanidad hace miles de años. Tantos como cuando antepasados de nuestra especie, como el Homo anteccessor (800.000 años) o los preneandertales (400.000 años) poblaban lo que hoy es Burgos.

La idea surgió, cuenta Cerdá, a raíz de que su empresa dejara de gestionar las visitas de los yacimientos de Atapuerca, momento en el que las circunstancias les obligaron a «buscarse la vida» y, por «casualidades del destino», alguien le propuso la idea de reinsertar en Burgos especies actuales, como el bisonte, que en su día pacía por la Sierra de Atapuerca en convivencia con otros grandes herbívoros. Como suele ser habitual, de esta idea primigenia, Cerdá tiró del hilo hasta descoser lo que hoy es el proyecto Paleolítico Vivo , que vio la luz en 2015 y que en estos tres años ha conseguido multiplicar por siete sus visitantes hasta alcanzar los 15.000 el pasado año.

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