MIGUEL FALOMIR DIRECTOR DEL mUSEO DEL pRADO
«El dinero del Estado no llega ni para las nóminas del Prado»

Miguel Falomir, director del Museo del Prado desde hace 18 meses, hace balance. EMILIO NARANJO
MIGUEL LORENCI | MaDRID
Miguel Falomir (Valencia 1966) lleva 22 años en el Prado y 18 meses como director. El primero elegido dentro de la casa en 60 años. Le toca gestionar el bicentenario y el futuro de una institución de prestigio mundial amenazada por un éxito que «mata museos».
—Dieciocho meses como director, ¿qué tal?
—No me he llevado sorpresas. Tras casi 22 años en la casa y uno y medio como director adjunto, estaba familiarizado con el museo, el personal, la organización y la situación. Con lo positivos y lo más negativo.
—¿Reitera que este país maltrata la cultura y por ende al museo?
—Sí. y No descubro un océano. Que la cultura no ha sido hasta ahora una prioridad es evidente. Como que El Prado no ha recibido ningún apoyo por encima de sus homólogos. Es un hecho. No es una opinión.
—El bicentenario llega con el museo andamiado, en lucha contra filtraciones, deterioros y la escasez de fondos.
—Llega en un momento extraordinario. En el estudio de reputación de museos de una universidad holandesa estamos en el ‘top ten’, muy por encima de otros grandes museos. En la valoración de Tripadvisor somos el quinto mejor museo del mundo, el tercero de Europa y el primero de España. Son elementos objetivos. Que tengamos la mala suerte de que, a causa de las muchas lluvias del año pasado, se esté licuando el granito de la fachada de un edificio que es más antiguo del museo, pues es cierto. Me habría gustado tenerlo sin andamios. Pero hacemos de la necesidad virtud. Envolveremos al museo con un diseño fantástico que convertirá el problema en un atractivo durante los trece meses del bicentenario.
—¿Cómo será la muestra central?
—Su título, Un lugar de memoria, es significativo. Cuenta la historia del museo, los grandes hitos que ha generado y recuerda el papel protagonista que ha jugado en el desarrollo del arte occidental. Cómo el descubrimiento sucesivo de Velázquez, Goya, El Greco atrajo a pintores de vanguardia de toda Europa; cómo cambió la forma de entender la pintura, más que ningún otro museo. Pocas instituciones son espejo de la realidad del país tanto como el Prado.
—Sustituye a la suspendida ‘Circa 1819’.
—Y me alegro de que sea así. Pensamos en una exposición sobre lo que era el arte europeo cuando se inauguró el Prado. No cuajó. Hubo préstamos que no podían venir. No iba a estar a la altura. Esa muestra se puede hacer en cualquier momento. La nueva es mucho más adecuada para celebrar el bicentenario.
—Denuncia que la historia del Prado no se conoce bien.
—Es una paradoja, pero no existe una historia del Prado de nivel académico relevante. Intentamos paliarlo con el catálogo y las publicaciones del bicentenario que ofrecen información y nuevos puntos de vista. Es embarazoso ver la poca bibliografía que qué ha generado el museo. Su historia está poco y mal contada.
—Mirando al futuro, ¿cuáles son los desafíos?
—El primero, no morir de éxito. Como otros grandes museos, somos un destino turístico de masas. Es novedoso y amenaza con matar museos en los que la visita empieza a ser una experiencia desagradable. En alguno me he dado la vuelta porque era imposible. A diario en los Museos Vaticanos hay desmayos. El Prado no ha llegado a tanto pero no es descartable. El visitante es muy selectivo. En el Louvre, se satura la sala de La Gioconda y el 80% el museo está vacío.
—¿Ocurre lo mismo en el Prado?
-Sí. La amenaza de la muerte por éxito es muy real. Pasamos de 800.000 a tres millones de visitas en 20 años. El público selectivo se arremolina ante El jardín de las delicias y pasa mucho más tiempo que ante Las meninas o los fusilamientos y hay salas en los que apenas va nadie.
—¿Le preocupan los números más que lo demás?
—Querría que no fuera así, pero parte de mi trabajo es captar recursos. Lo que recibimos del Estado no cubre las necesidades básicas del museo. No da para pagar las nóminas y nos obliga a buscar financiación adicional. Es importante que no todo el presupuesto proceda del Estado. Hay que exigir a las instituciones que se muevan y contacten con la sociedad civil.
—El Reina Sofía sí paga la nómina con su asignación pública ¿Envidia?
—Todo el dinero que le aporte el Estado me parece bien gastado. Seguro que su director, Manuel Borja-Villel, dice que es poco con toda la razón. Si tuviera la misma aportación pública que él estaría muy contento.
—Con el 72% de autofinanciación ¿la máquina sigue calentándose?
—Este año ha bajado algo. Si se aprobaran los Presupuestos Generales del Estado, de momento una incertidumbre, por decirlo de forma suave y optimista, la verdad es que serían generosos y el Prado saldría bastante beneficiado.
—Después de mucho llorar.
—Quien no llora...Y eso que el Prado es una maquinaria bien ingresada. Genera ingresos que, en condiciones normales, le permiten afrontar con garantías su actividad. Pero ahora se dan dos circunstancias excepcionales: la ampliación del Salón de Reinos y el bicentenario. De ahí que a la máquina le falten caballos de potencia.
—Alguien diría que el Salón de Reinos ha sido un regalo envenenado.
—Cierto que nos toca mantener un edificio que antes no teníamos y qué cuesta un dineral, pero si se materializa la ampliación, completaríamos una realidad arquitectónica y urbanística excepcional. El Campus del Prado albergaría la obra maestra del neoclasicismo español -el edificio Villanueva y el Casón-, y sumaría dos premios Pritzker con el edificio de Moneo y la ampliación de Foster.
—Solo faltan 40 millones de euros.
—No haré la cuenta de la lechera, pero existe un compromiso del presidente del Gobierno para financiar tres cuartas partes del Salón de Reinos e incrementar el presupuesto ordinario. Si no es con estos presupuestos, quiero pensar que será con lo siguientes.
—Adiós a los plazos.
—El de 2022 que se barajó es irrealizable. Necesitamos cuatro años desde que empiecen las obras.
—El ‘Guernica pronto será centenario. ¿Sería el momento de volver al Prado?
—Yo no lo veré, pero es muy probable que el Guernica acabe en el Prado. Si el Reina Sofía continúa con su compromiso con el estricto arte contemporáneo, llegará un momento, dentro de 100 ó150 años en el que el Guernica será lo que ahora son los fusilamientos del Goya. Ahora está muy bien el Reina Sofía.