El leonés que escribe con mar de fondo
Juan Carlos Vázquez publica ‘Los nombres de los barcos’, un homenaje al mar y a las novelas de aventuras.

El periodista y escritor leonés Juan Carlos Vázquez, ganador del Premio de Novela Felipe Trigo. RAQUEL P. VIECO
pacho rodríguez | madrid
Mientras el Atlético de Madrid celebra en Neptuno el título de Liga, al Thyssen le birlan un Winslow Homer y un Edward Hopper... Ahí es nada. El resto es una historia de barcos, navegación, personajes de altamar, amor, una aventura de las de antes que se pueden contar siempre. Y es que cuando Juan Carlos Vázquez echa a volar su imaginación, diríase que navega y todo le sabe a sal.
El Mediterráneo es la tierra firme de su literatura. La que tiene forma de libro. Porque este profesional del periodismo y la comunicación (en Diario de León muchos años y ahora en El Corte Inglés), al escribir encontró en el mar el caladero para contar una historia en la que hay que embarcarse provistos de la afición de la lectura de antaño, la que jugaba con la propia ensoñación de uno mismo, hecho cómplice y dispuesto a dejarse llevar, en este caso navegar, por donde decida el autor.
Y Los nombres de los barcos, obra con la que Vázquez ha ganado el Premio de Novela Felipe Trigo, que convoca el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena (Badajoz), y que edita la Fundación José Manuel Lara, del Grupo Planeta, es eso durante 278 páginas de lectura en la que uno se da cuenta de que la singladura ha merecido la pena. Ha estado atrapado. Es lo qe quería Vázquez. Ayer, en Madrid, con su presentación dio el pistoletazo para que Los nombres de los barcos se convierta en el libro de aventuras del año.
Una aventura de diez años
Vázquez explicó ayer cómo le rondaba una novela como una gran historia de las que no pasan de moda: de aventuras. «Y que luego se coció de manera lenta durante diez años», aclaró. Era como si en la cabeza tuviera su particular isla del tesoro en forma de libro que algún día escribiría. Él, mientras, navegaba y navegaba. Pero de verdad. Como antes y como siempre devoraba libros de aventuras y todo lo que contuviera al menos una gota de agua del mar. «Como don Quijote con las novelas de caballerías, pues yo con los libros del mar, igual», advertía. La cuestión tomó tantos visos de realidad que Vázquez, acostumbrado a estar al otro lado de la barra periodística, o contándolo u organizando la información, reconocía ciertos nervios expectantes al presentarse como protagonista. Pero agarrado a sus argumentos solventó la situación y demostró que este libro también surge de sus muchas pasiones: escribir, los libros de aventuras, el mar, los barcos, personajes rotundos curtidos en mil y una tormentas, incluso hablar y ser parte de una de esas tertulias en las que se puede decir de todo...
Y ahí, entre medias y como intermediario, este mitad leonés mitad asturiano, que sería un marino de tierra adentro a los pies de Pajares, entre Quirós, su pueblo de origen, y León, su lugar donde vivir, se erigió ayer en el patrón de una novela con la que «aspiro a que el lector se divierta», indicó para desmarcarse de objetivos de otra profundidad.
De hecho, salvados los preámbulos, Vázquez dijo que «he querido hacer una novela de aventuras canónica», en el sentido de mantener las claves y señas de identidad de este tipo de obras, capaces de enganchar al lector desde antes de estos tiempos en los que, desgraciadamente, todo es best seller o Netflix. De hecho, el propio autor apuntó otras características que sirven para indicar por dónde van los tiros de Los nombres de los barcos: «No he querido hacer novela negra. Si la hay en la trama del robo o en alguna otra parte es una disculpa para que zarpe la trama central y sea azul marino y un homenaje a las novelas de aventuras», narró.
Sí recordó ayer que su amplio bagaje y experiencia como periodista de Diario de León le ha ayudado en esta nueva aventura: «La costumbre de ponerte a escribir todos los días sí que me ha servido, pero es totalmente diferente». Y tanto, si tenemos en cuenta que a diferencia de la inmediatez del periodismo, en la literatura, igualmente en el caso de Vázquez, el producto final no se obtiene hasta que no se cuece al fuego lento a veces de años. El premio Felipe Trigo reveló que para saltarse los vicios y códigos del periodismo «opté por leer mucha poesía. Hice muchas correcciones y leí mucha poesía. Leyendo poesía uno descubre que Borges, por ejemplo, junto a otros muchos, adjetiva muy bien», aseguró tras la pregunta de cómo había evitado las cinco uves periodísticas para meter la floritura.
El deseo de ser leído
Si el deseo de todo autor es ser leído, en este caso puede decirse que s Vázquez lo va a ver satisfecho con creces. La Fundación José Manuel Lara incorporó el año pasado a su catálogo editorial la publicación de la obra ganadora del Premio de Novela Felipe Trigo, «un galardón consolidado en el panorama de las letras españolas y con fama de ser un excelente trampolín para autores noveles», afirman desde la propia fundación perteneciente al imperio editorial de Planeta.
Para la propia fundación, la novela de Vázquez es una excelente oportunidad para rescatar la tradición literaria de las novelas de aventuras: «Tras Roberto Osa, ganador la pasada edición con Morderás el polvo, llega este año Vázquez con Los nombres de los barcos. La novela es una original combinación del género negro (donde no faltan la intriga y el suspense) con la atmósfera de los diarios de navegantes y de las legendarias narraciones de Stevenson, London y Conrad, además de ser un homenaje a la novela de aventuras», señalaban como referencias de máximo nivel en la literatura de todos los tiempos.