ARTE

Un cuadro que es una lección de etnografía

El recuperado ‘filandera de León’ de Agrasot, el maestro de Sorolla, estrella de una gran muestra que se abre el viernes

Javier Emperador, junto al cuadro del pintor valenciano Joaquín Agrasot (1836-1919), que localizó hace medio año. MARCIANO PÉREZ

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E. GANCEDO | LEÓN
León

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El espectáculo no es tanto contemplar el cuadro como escuchar a Javier Emperador explicar lo que contiene. Porque el no iniciado observará en él, sencillamente, una hilandera junto a una cabra; el más familiarizado con el folclore leonés distinguirá en el personaje central los perfiles propios de la indumentaria tradicional femenina y solo los más entendidos se sorprenderán con el altísimo grado de detalle —casi fotográfico— con el que están plasmados todos y cada uno de los elementos de esa vestimenta en su versión más antigua conocida.

El cuadro es la estrella indiscutible de una gran exposición que es como una constelación abundante en astros curiosos, y que se inaugurará este viernes en el antiguo Consistorio de la plaza de San Marcelo. Bajo la premisa de la cultura material e inmaterial de las comarcas leonesas atravesadas por el Camino de Santiago y la Ruta de la Plata, supone el fortalecimiento y ampliación de la abierta en 2016 en la planta semisótano del edificio, unas estancias bautizadas entonces como Centro de Cultura Tradicional de León. El viernes se ofrecerán todos los detalles de la que será la mayor exhibición de indumentaria, joyería, grabados, cuadros y objetos de uso cotidiano afrontada nunca por el conocido etnógrafo y coleccionista leonés, pero vaya aquí un adelanto: la compondrán más de 1.500 piezas y cerca de la mitad de los trajes —unos 80 en total— nunca han sido mostrados al público.

«Cuando lo tuve delante de mí, agarré una llorera que no veas». Así explica Javier Emperador su ‘encuentro’ con el cuadro: sabía que había salido a la venta en una casa de subastas madrileña y que nadie, ni siquiera el Estado, había pujado por él. Por eso, y a toda prisa, se desplazó a la capital para adquirirlo y volverse con él a León —antes le negaron el paso al tren, el bulto era excesivo, y Emperador se vio obligado a emplear todas sus dotes de persuasión para convencerles—.

Agrasot, el autor de esta desconocida obra que estaba en manos privadas, fue maestro de Sorolla, gran compañero de Fortuny y uno de los pintores más relevantes y premiados del siglo XIX español. Y, a juicio de Emperador, «para hacer esta obra tuvo que estar en León sí o sí». Calcula que fue pintada en torno a 1890 sobre el modelo de una joven de la Valduerna, y a modo de prueba y testimonio le acompañan en la muestra tres grabados de cuadros sobre escenas claramente leonesas, hermanas de la filandera, como ha bautizado Emperador la hasta ahora innominada obra.

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Y va nombrando el etnógrafo las sucesivas piezas textiles que aparecen en ella: «El pañuelo colocado en una posición más retrasada, la camisa con su bordado, el justillo con brocado de seda, la joyería con los típicos grandes aros de leonesa, el rodao con la lorza, el orillo bajero colorido, los zapatos de tacón de carrete, la facha, que es ese mandil o medio manto rectangular... y sobre todo los manguitos, antiquísimos», enumera entusiasmado, y dice que de algunas de ellas se conservan ciertos «testigos» pero que en parte alguna existe una referencia artística tan antigua y completa como esta. Además, la información original que acompaña a uno de los grabados confirma que la serie tiene su cuadro ‘pariente’ en el Museo del Prado: el delicioso Las dos amigas, que de este modo queda probado que corresponde a una niña leonesa.