Cultura inmaterial
Los bailes leoneses, patrimonio cultural
Las danzas tradicionales de esta tierra se incluyen en una propuesta global de la Dirección General de Bellas Artes para proteger el baile popular de España. Eso sí, en el documento oficial ‘olvidan’ describir las modalidades leonesas. .
Una de las múltiples demostraciones de baile tradicional celebradas en las comarcas leonesas el año pasado. JESÚS F. SALVADORES
El pasado 13 de noviembre, la Dirección General de Bellas Artes del Gobierno central incoaba el expediente de declaración de la danza española como «manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial». Un proceso encaminado a proteger no sólo el flamenco sino todas las variaciones de los bailes tradicionales del país, con la jota como gran bandera al estar presente en prácticamente todos los territorios.
La propuesta, en principio, ya superó su pertinente período de exposición pública —veinte días—, y cuenta con el respaldo de expertos, estudiosos y amantes del folclore de las diferentes comunidades autónomas, manifestado en diferentes medios de prensa regional y redes sociales. No obstante, quizá se pueda estar a tiempo de corregir las carencias que revela el documento oficial en lo referente a las comarcas leonesas: porque la propuesta que puede leerse en el Boletín Oficial del Estado es ciertamente detallada, y pormenoriza las características del flamenco, del baile bolero, de la jota y de la llamada ‘danza estilizada’, con un resumen de su extensión y evolución histórica, mencionando las distintas variantes de baile regional por comunidades autónomas: la de Castilla y León se zanja de la siguiente forma: «Castilla y León posee un amplio repertorio de bailes y danzas. Bailes como la jota o las seguidillas acompañados de gaita y tamboril, dulzaina con caja y bombo, o pandereta, y en muchas ocasiones también por las castañuelas de los danzantes. En Burgos, como en otras localidades de la Castilla alta, encontramos el baile al agudo y en las provincias de Segovia, Soria y Burgos poseen una danza característica conocida como la rueda chospona o los rondones». A continuación indica que en Salamanca «se conocen las charradas en compás musical de 5/4, cuya particularidad es que el cuerpo y la cabeza se mantienen firmes, teniendo toda la gracia en el trenzado que hacen con los pies (borneos). Finalmente, en casi toda Castilla se conoce un baile en compás musical binario y forma de rueda denominado habas verdes, respingona o rengue». Ni una palabra, por tanto, sobre los titos, los mudaos, los corridos, las moliñeiras ni sobre ese baile chano, garrucha o son d’arriba, solemne, majestuoso y representativo de amplias zonas del occidente y centro. Para hacer una comparación, en el epígrafe de Asturias se registran expresamente la jota, la danza prima, el baile del pandeiro, el pericote, el corri-corri, el baile de los pollos, el xiringüelu, el perindongo y la giraldilla.
Entre las muy escasas referencias al territorio cultural leonés que pueden hallarse en el documento, hay una alusión a las «gaita zamoranas» al hablar de representaciones musicales datadas en el siglo XVIII, y esta que sigue a continuación, en torno a la dimensión internacional de la danza española y a la labor de divulgación y enseñanza de la misma, llevada a cabo por las casas regionales en Latinoamérica, en especial en México: «Los artistas mexicanos se encargaron también de cultivar y difundir la danza española. La enseñanza estuvo y está garantizada a través de la escuela de baile flamenco y regional español fundada en 1947, por la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, y por María Antonia ‘La Morris’, que ha impartido clases en diferentes instituciones como el Club España, el Montañés, el Leonés, el Gallego y el Asturiano».