LA HISTORIA DE UN INCENDIO

El obispo premió a Seoane por salvar la Catedral

El cantero ingresó en la orden de Alfonso X por su labor al sofocar el incendio de 1966

Andrés Seoane. FAMILIA SEOANE

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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Los méritos del cantero Andrés Seone en la extinción del incendio de la Catedral de León de 1966 no son humo ni invención de sus hijos. Lo acreditan los papeles que conserva la familia y que tienen la rúbrica del mismísimo obispo Almarcha, un poderoso prelado que fue procurador en las Cortes franquistas oriundo de Orihuela (Alicante).

«El incendio de la Catedral ha puesto de manifiesto la inteligencia y heróica intervención del Delegado de Bellas Artes en León, Don Andrés Seoane». Así comienza la carta que Luis Almarcha dirigió al director general de Bellas el 13 de junio de 1966 y que tuvo su entrada en el Ministerio de Educación cinco días después.

También deja claro que fue el cantero quien dirigió la labor de los bomberos en la techumbre de la Pulchra Leonina. «Dirigió la acción de estos sobre los puntos de mayor peligro evitando que las llamas se extendieran sobre los tejados laterales y que las maderas encendidas cayesen sobre los mismos», dice la carta.

A las once de la noche, prosigue el obispo, las llamas estaban dominadas. Habían pasado tres horas desde la declaración del fuego, que tuvo lugar durante la misa de ocho, justo cuando finalizaba el partido que habían disputado la Cultural y Deportiva Leonesa y un equipo de Albacete,

La tormenta que se había desatado sobre León propició que un rayera cayera sobre el templo y al no encontrar resistencia —falló la toma de tierra del pozo— saltaron las chispas. Además de la acción en el incendio, el obispo alegó otros méritos del cantero como su extenso conocimiento de la Catedral y la reproducción que había hecho de la escultura de la Virgen Blanca de su portada, cuya original fue retirada «para salvarla de la destrucción por los efectos del tiempo».

Destaca el obispo su cultura artística «intuitiva» y la labor como director de una de las secciones de la Escuela Diocesana de Arte Sacro, que funcionaba en San Isidoro. «Por ello estimamos que todas estas notas sobresalientes, hacen digno al señor Seoane de una distinción honorífica que en él, además de premio, será estímulo en los trabajos de Monumentos Nacionales que en esta Diócesis y provincia dirige Don Luis Menéndez Pidal». La petición del obispo Almarcha no cayó en saco roto. El Ministerio de Educación concedía el 1 de octubre de 1966 el ingreso en la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, como consta en el Boletín Oficial del Estado. Lora Tamayo firmaba la orden ministerial.

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Sus hijos José Andrés, Santiago y Pelayo relataron a este periódico en el 50 aniversario del incendio de la Catedral que su padre ordenó parar la descarga de agua sobre la techumbre y mantuvo el fuego «como un brasero» para evitar que la piedra porosa de la bóveda cogiera peso y cediera. Hubiera sido una catástrofe.