PATRIMONIO DE LEÓN
Las joyas de San Isidoro, a la conquista de Europa
El Proyecto Tesoro amplía su estudio, con más de 72.600 euros, a otros conjuntos europeos. «Queremos dar a conocer San Isidoro fuera», afirma Therese Martin

Cofre de marfil del tesoro de la Capella Palatina (Palermo. Italia. S. XII) y
El proyecto Tesoro de San Isidoro da un paso más en la reivindicación de las joyas que reunió la monarquía leonesa y en particular sus mujeres con una nueva investigación que comparará el caso de León con otros tesoros europeos y de la península.
El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades acaba de aprobar una subvención de 72.600 euros para el proyecto Tesoro 2 que lidera la investigadora del CSIC, Therese Martin.
«El tesoro de San Isidoro no aparece en el listado de tesoros medievales más importantes y debe aparecer», afirma.
«Queremos dar a conocer San Isidoro», explica. Además, «se han hecho pocos estudios de contexto en Europa», puntualiza. Si en la primera fase se analizó la procedencia y cómo llegaron a San Isidoro más de 30 objetos y 15 telas del tesoro isidoriano.
Además se puso de relieve el papel que las mujeres de la corona leonesa y luego leonesa y castellana tuvieron en la reunión de las piezas con un sentido de conjunto. Al menos trece publicaciones científicas desvelan gracias a esta investigación que en San Isidoro está la única pieza vikinga que se ha localizado en la península, un diminuto bote tallado con asta de ciervo, que debió llegar como regalo de boda, según Nancy L. Wicker, o la forma en que tres hermanas — la condesa Matilde de Sajonia, la reina Leonor y Juana de Toulouse— expresan a través de objetos su pertenencia a la realeza, como hijas de Enrique II de Inglaterra, tema estudiado por Jitske Jasperse.
El tesoro medieval hispano en su contexto: colecciones, conexiones y representaciones en la península y más allá (Tesoro2) es el título del nuevo proyecto. Forma parte del proyecto Retos de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
El estudio, en el que participan catorce investigadores, en su mayoría mujeres, de seis países de Europa y Estados Unidos, «toma como punto de partida los objetos medievales que alguna vez estuvieron reunidos en un solo monumento ibérico con objeto de resaltar las redes transculturales y arrojar luz sobre temas de gran relevancia tanto para el mundo académico como para la sociedad actual», explica Martin.
Quieren aportar nuevas evidencias a hipótesis antiguas. «Debido a la notable gama de piezas de alta calidad y a las diversas fuentes escritas el tesoro de San Isidoro de León funciona en este proyecto como un caso probatorio a partir del cual nuestra investigación se ramifica hacia el estudio comparativo», apunta.

Amanda Dotseth, Ana Cabrera, Therese Martion y Jitsske Jasperse en Samn Isidoro. RAMIRO
El papel de las colecciones suntuarias como evidencia de contactos tanto dentro como fuera de Iberia durante la Edad Media plena es uno de los aspectos más importantes de esta segunda fase de la investigación que coincide con las obras en el museo de San Isidoro para su renovación. El estudio se considera crucial «para reconocer las múltiples capas de contactos entre la cristiandad medieval y el Islam». No todo eran guerras en aquella iberia medieval.
Asimismo, el proyecto presta particular atención «a los momentos en que las mujeres medievales desempeñaron un papel protagonista en el movimiento de objetos desde tierras lejanas», comentaron las investigadoras Therese Martin, Ana Cabrera y Amanda Dorsett en una reciente visita a León.
«El protagonismo femenino, indiscutiblemente evidente en León-Castilla, será probado a partir de la relación con otros tesoros medievales, tanto peninsulares como en Sicilia y en el Sacro Imperio Romano, determinando si el caso de San Isidoro es una excepción o una regla aún no reconocida», explica Martin.
En concreto, se pretende poner en comparación el tesoro de San Isidoro con importantes ejemplos tanto en Europa como en la península. Se profundizará en la investigación comparativa sobre los objetos por materia (metales, marfiles, piedras, tejidos) con el fin de contextualizarlo tanto en los conjuntos como en las representaciones pintadas (frescos; manuscritos cristianos y hebreos) o en las fuentes escritas (latinas y árabes). A la luz de los resultados de la primera fase, se va a ahondar en los movimientos de objetos por comercio, donativo o saqueo, pues estas fueron las formas más frecuentes en que se reunieron las joyas regias medievales.
Los otros tesoros a estudiar son el de Palermo (Sicilia); Hildesheim (Alemania); St. Maurice (Suiza), así como las catedrales de León, Santiago de Compostela, Oviedo, Girona y Sens (Francia) y el monasterio de San Juan de las Abadesas en Girona.

Cofre de Teudérico del Tesoro de San Teudérico en Suiza (s. VII). THERESE MARTIN
Un equipo con especialistas en historia del arte, arqueología, conservación e historia de seis países historiadores del arte, los arqueólogos, los conservadores y los historiadores «examinará el sentido geográfico de los objetos e investigarán a las mujeres como vectores de intercambio cultural», puntualiza la investigadora principal.
La mayoría han participado en el estudio inicial del Tesoro de San Isidoro que se ha desarrollado en los últimos cuatro años y cuyas conclusiones se presentaron públicamente en unas jornadas celebradas el pasado otoño en León.
El tesoro de San Isidoro funciona como un modelo que se articula con el traslado de las reliquias del santo desde Sevilla y se enriquece con piezas que llegaron de distintos sitios por matrimonio, relaciones comerciales, pago de impuestos (a veces se hacía en especie, sobre todo en el caso de los tejidos), donaciones, etcétera.
«Esos objetos no llegaron por accidente, sino de forma deliberada y de forma intencionada también se ha conservado», afirma Martin. La donación que hacen Fernando y Sancha en 1063 fue analizada por primera vez por la paleógrafa Encarnación Martín, de la Universidad de León.
El valor que la corona dio al tesoro en su conjunto, más allá de cualquier pieza por separado queda acreditado en único documento que se conserva de la donación de 1063.
La paleógrafa de la Universidad de León, Encarnación Martín López, fue la primera que analizó este documento y concluyó que no es original, sino que son tres documentos refundidos en el siglo XII. A la pregunta de «por qué hubo necesidad de recapitular y poner por escrito la donación anterior», la respuesta la encuentran en la crónica de Lucas de Tuy: la reina Urraca permitió que su esposo saqueara la iglesia y luego, arrepentida, «hizo recoger reliquias de todas partes y las donó». Que en el tesoro permanezcan muchas piezas del siglo XII hacen creíble esta versión y avalan la visión de que que «la colección como conjunto vale más que cualquier pieza por separado».

Sudario de Sta. Columba, catedral de Sens. ANA CABRERA / JUDITH FELICIANO