UN MÚSICO CELESTIAL
«León es uno de los mejores públicos del mundo»
Carlos Núñez, la única estrella planetaria de la gaita, quiere hacer tradición en León y repite concierto en el monasterio de Sandoval el 14 de agosto. Poner en valor las tradiciones y sacar a relucir los tesoros culturales del norte de la península son algunos de sus objetivos. «Seria imperdonable dejarlo morir» .

El gaitero Carlos Núñez
—Este año repites algunos de los escenarios de la gira Lugares Mágicos, León está entre ellos, ¿por qué?
—En León tenemos un público que nos está demostrando ser uno de los mejores del mundo para nuestra música. Además, el concierto del año pasado en el monasterio de Sandoval fue todo un descubrimiento. Tuvimos el honor de volver a producir música allí después de muchos siglos de silencio. Fue algo tan bonito tan mágico, que cuando estábamos dando el concierto nos prometimos ya un poco con el público volver y hacer tradición.
—¿Como en el auditorio?
Es cierto que en los últimos años he conseguido hacer tradición en el Auditorio de León, que además, me parece uno de los más originales que he podido ver en todo el mundo. Pensamos que si hemos hecho tradición en diciembre con el concierto de Navidad, también podemos tener una fecha ancla en verano.
—¿En León existe cultura celta?
—Hay una diagonal que va desde Huelva hacia los Pirineos que pasa por Madrid, es lo que se llama la ‘línea imaginaria’, la descubrió un musicólogo en Zamora, el profesor Miguel Manzano. De Madrid hacia el norte de esa diagonal, es el mundo celta, el de las gaitas, las flautas, las dulzainas y los instrumentos medievales. De la diagonal hacia abajo está la guitarra, una influencia más mediterránea.
León está en el corazón del mundo celta ibérico. Hoy por hoy noto y siento un deseo fortísimo de toda la gente en León por entrar en todo el mundo celta, es más creo que se está consiguiendo. En León, junto con Madrid y Barcelona, se está produciendo una ilusión por la novedad y por descubrir las raíces celtas.
— En un mundo con la mente tan hacia el futuro ¿Cuál el tu balance sobre el porvenir de la música tradicional?
—Es fascinante porque la música celta es lo que los arqueólogos llaman una longue dure, un proceso de larga duración que se lleva reinventando y actualizando desde hace miles de años. Es una música que ya estaba aquí, en el Barroco, en el Renacimiento y en la Edad Media cuando el rey Alfonso X el Sabio se sirvió un poco de la filosofía celta, esa capacidad de unir, de hermanar, de conectar a la gente. Creo que de cara hacia el futuro puede ayudarnos a reconectar con eso que llamamos la España vaciada. Madrid se está preocupando porque hay vida en la costa, hay vida en la capital, pero el interior se está abandonando. Estoy esperanzado, hay un futuro y creo que la música celta va a ayudar a dar valor a las tradiciones
—Y los jóvenes ¿cómo viven la música celta?
—Hemos estado estas semanas pasadas dando conciertos en Madrid y Barcelona, dos conciertos muy grandes. He vuelto con la sensación de que los jóvenes de Madrid empiezan a estar de vuelta de los escaparates, de las marcas, de la seducción de la gran ciudad, se nota que quieren naturaleza, que quieren experiencias auténticas. Es algo que he visto en California, los hijos de la gente más chic, lo que quieren es el conectar con la naturaleza, organizan romerías.
—¿Hay algún tipo de ayuda pública para la música tradicional?
—Es muy interesante porque estamos viendo caminos completamente diferentes en Galicia y en León o Castilla. Galicia comenzó ‘capitanenado’ la moda de los celtas, hubo sobredosis de músicos incluso mucho oportunismo. Galicia está muy despistada, lo que hace es poner millones y millones de euros promocionando el camino de Santiago con festivales de rock, cuando en toda Europa, el pop y el rock se paga con las entradas y no con dinero público.
En León es diferente, porque seguramente no hubo todo ese dinero público que si se ha gastado en Galicia hacia cierto tipo de cosas. Lo bonito que esta pasando ahora en León es que quien está apoyando es el público. Es algo que también pasa en Bretaña, en el festival celta de Lorient. Tiene 750.000 espectadores, eso no lo tiene ni el Mad cool. Y cuenta con cero subvenciones públicas, es todo gracias al público. Un bonito ejemplo de como las músicas tradicionales o músicas celtas se consiguen establecer sin necesidad de ser politizadas y controladas desde los políticos.
—Has tocado en grandes escenarios, en Nueva York, en Brasil o Londres pero también en lugares pequeños ¿hay algo común en todos los conciertos?
—Sí, el final es el mismo, todos queremos llegar a ese estado de encantamiento, a ese estado de felicidad absoluta que te produce uno de estos conciertos. La música se hace para llegar a ese trance maravilloso de felicidad. Todos queremos eso, lo que cambia es el camino hasta llegar allí.
—¿Has encontrado las respuestas que buscabas cuando comenzaste a escribir La hermandad de los celtas?
—Hace tres años cuando me propuso Espasa hacer el libro me preguntaron si podría tenerlo en 6 meses, les dije que creía que sí pero fueron tres años. No paraba de aprender todo el tiempo. Los arqueólogos han sido mis maestros. Lo celta para mi era un imaginario pero lo que hoy sé después del libro es que no se trata de ningún invento, es algo que viene desde muy atrás, de hace miles de años. En el fondo es una necesidad que tenemos los humanos de conectar con nuestras raíces.
—¿Tienes en mente nuevos estilos con los que conectar la música celta?
—Lo que me parece más fascinante ahora mismo, son todas esas músicas desconocidas para el mundo que tenemos en España. Son un tesoro.
—¿Cómo se compone la música celta?
Esta música tiene tanta personalidad que tiene su propia forma de componer y su propia forma de trasmisión: la oralidad. Aprendes una canción y luego la vas cambiando a tu gusto, la adaptas a tu época. La música tradicional es un creación hecha por muchas generaciones, en constante evolución. Como dijo mi amigo japonés Ruichii Sakamoto «ningún Mozart ni ningún Beethoven puede estar a la altura de toda una comunidad componiendo juntos durante miles de años». En este tipo de música nunca vemos las obras como acabadas. La obra está viva.
—¿Has pensado en convertirte en maestro y formar tú a los jóvenes?
—Yo comencé a dar clases en el conservatorio de Vigo durante cinco años. Pero en ese momento ya estaba pensando en dar conciertos. Es cierto que llevo dentro la vocación de la enseñanza; me gusta compartir con el público y con los músicos que invitamos a los conciertos. Ahora cumplo con la función didáctica pero no de forma tradicional.
—¿Cuál es tu referente de música celta?
—Yo he tenido la suerte de conocer y tocar con el que creo que es el mejor grupo del mundo de la música tradicional celta The Chieftains, desde muy jovencito he podido viajar con ellos por todo el mundo. Me los presentaron en Vigo cuando tenía trece años y a los dieciséis ya toqué para ellos. Cuando hemos estado de gira no parábamos de medir el límite del virtuosismo, había piques todas las noches para ver quien hacía mejor su solo en el escenario. Les debo mucho y ellos son mi referente.
—¿Se necesita una preparación especial para tocar la gaita?
—Sí, hay que estar en forma. La primera vez que toqué, tenía 8 años y me desmaye por hiperventilación. Para que la gaita suene como a mi me gusta es verdad que hay que soplar, soplar mucho. Tocar un instrumento tiene algo de deportista de élite. Hay que hacer deporte para aumentar la resistencia; yo hago pilates y natación.