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Barquerito - MADRID.
León

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Decepcionante corrida de Palha en el regreso de la histórica divisa a San Isidro después de casi tres décadas. Un viento infernal, de nuevo protagonista. Frustradas las ilusiones de Juan Bautista y Jesús Millán en su única oportunidad de la feria. Dávila Miura, arrojado y serio, hizo buen papel. El hondo primero fue toro distraído y huido. Se blandeó en el caballo, se salió suelto y sólo arreó al hilo o con la presa encima. Un punto incierto, tuvo la virtud de moverse y venir al toque. Sin movilidad ni entrega de bravo, pero no sin fondo. Y el defecto mayor de salirse distraído por el izquierdo. Abierto fuera de las rayas, Dávila Miura lo vio bien y lo entendió enseguida. Su decisión y su estrategia tropezaron con una insuperable barrera: el vendaval. Resultó dificilísimo, y a ratos imposible, gobernar la muleta. Por encima de los toros Dávila anduvo por encima de las circunstancias y los elementos. Armó laboriosa faena y, paciente, explotó la mano mejor del toro, la derecha, para ligarle dos tandas buenas de muletazos traídos por delante pese al aire. Un derrote en la ingle le abrió en canal la taleguilla, pero no se descompuso el torero sevillano, tan tenaz. Y un bonito detalle: después de escuchar un aviso antes siquiera de hallar la igualada, cobró, tras dos medias, una soberbia estocada que tumbó sin puntilla al toro. El único toro de la corrida de Palha que embistió por abajo, pero sólo por la mano derecha, completó el lote de Dávila Miura. El viento sopló a modo durante toda su lidia. Al viento, inclemente de nuevo, vino a sumarse desde un principio también una pega: el toro se distrajo ligera pero constantemente y por la mano buena, la diestra, desparramó la mirada. Acoplarse a la velocidad del toro por el pitón bueno fue problemático, porque no se podía embarcar el viaje por delante. Los intentos, sinceros, fueron mayores que los logros, que también los hubo. La faena en conjunto tuvo cuerpo, seriedad y entrega. Valiente, firme Dávila Miura a pesar de los elementos. Y muy acertado con la espada. Justo de trapío Justo de trapío, por romo, pero en tipo y hechuras de su procedencia Ibán, el segundo fue protestado sin exageración. No se le dio tampoco importancia. Y hasta sonó algún miau. Castaño lombardo, acucharadito de pitones, fue toro manso con una punta de violencia en los remates. Se cansó de pelear en seguida, se defendió bastante. No se arrugó Juan Bautista, en quien se hizo visible esta vez un buen rodaje. El torero de Arles se puso por los dos pitones, dejó visto el toro y resolvió con paciencia. El «palha» de más cara, cuajo y carnes fue el quinto. Pero este fue toro átono. Mansito en el caballo, se paró en la muleta muy pronto. De uno en uno y de compromiso fue tomando muletazos cansinos y generosamente trazados por Juan Bautista. La manera de ser del toro y las ráfagas de viento dejaron la faena en un mero saber estar del torero francés, que anduvo en profesional pero inseguro con la espada. El tercero tuvo sólo cara y se protestó levemente. Fue sumamente deslucido. Trotón y gazapón, rebotado de un caballo a otro de picotazo en picotazo, listo y cobardón, se orientó en seguida en la muleta: se metió por debajo, pegó cabezazos, acabó rajado. Jesús Millán anduvo suelto y resolvió con carácter. No hubo más opción que la de abreviar sin apuros. Cuando por fin se echó el viento, a última hora, saltó un sobrero de Carmen Borrero con mucho tonelaje y ninguna voluntad. Toro tardo, reservón, aplomado y sin viaje. Millán le pisó el terreno con descaro y ganas. Muchas gente exigió despiadadamente brevedad. El esfuerzo honrado del torero aragonés apenas contó. Mala suerte. Lamentos El diestro Eduardo Dávila Miura, que ayer se despidió de la feria al cumplir su segundo y último compromiso en Las Ventas, lamentaba al término del festejo «las nulas posibilidades de triunfar, pues ha sido una corrida imposible». Dávila Miura calificó al encierro de «mansón, para los toreros nada fácil, y si a eso sumamos el molesto viento, ha sido realmente complicado. Una pena, porque venía muy ilusionado con triunfar, aunque hay que ser sinceros y tampoco venía bien colocado en la feria para ello. Sobre el papel, era difícil, pero ya habrá que esperar al año que viene para que el público de Madrid, que tanto me respeta, me vea torear un toro a gusto si Dios quiere», indicó. De su lote, el torero señaló: «el primero fue muy desconcertante, lo mismo miraba al tendido que quería arrollar. Estuve firme y la prueba de que en el momento de tragarle me dio un derrote en la ingle y me rompió la taleguilla. Mientras que el cuarto tuvo algo de nobleza y algún defecto en la vista, miraba a un lado y a otro, nunca estuvo fijo conmigo. Por el izquierdo no pasaba y solo le pude sacar algún muletazo bueno».

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