Teatro Corsario inaugura la temporada teatral en el Emperador con la obra de Sófocles «Edipo Rey», en una adaptación del dramaturgo Fernando Urdiales
La esencia de la tragedia griega
Era un deseo largamente acariciado por la compañía. Tras una temporada en la que se han dedicado a recrear los grandes clásicos españoles, amén de terroríficos espectáculos de marionetas, la compañía Teatro Corsario ha visto cumplido su sueño de poner en escena una tragedia griega adaptando Edipo Rey, la inmortal obra de Sófocles que ha sido revisitada por Fernando Urdiales, dramaturgo y director de la compañía, tomando como referencia la versión que en su día realizó Manuel Fernández Galiano. Esta noche, a las 21 horas, el escenario del Teatro Emperador recibe una propuesta escénica que inaugura la programación teatral del segundo semestre propuesta por la concejalía de Cultura. Urdiales, que además de dirigir la compañía se encarga de la escenografía y el vestuario, lleva el timón de una representación que nos devuelve el esplendor del teatro griego, aquel que procedía de los rituales religiosos y que fue derivando hacia una opción de entretenimiento en la que se mostraban las preocupaciones morales, políticas y teológicas. Pedro Vergara (Edipo), Rosa Manzano (Yocasta), Jesús Peña (Creonte), Francisco González (Tiresias), Miguel Bocos (mensajero), Javier Semprún (siervo), Beatriz Alcalde y Carmen Gañán (las Parcas) y Luis Miguel García (Corifeo), son los principales intérpretes de una representación marcada por la austeridad estilística y el compromiso con la realidad circundante, actualizando un texto cuyas referencias se han tornado universales. La historia nos habla del hijo del rey de Tebas, un ser marcado desde antes de su nacimiento ya que el oráculo de Delfos había vaticinado que mataría a su padre y luego se casaría con su esposa. Cuando Yocasta, su madre, dio a luz, el pequeño fue abandonado a su suerte en una montaña solitaria y abandonada. Años más tarde, el padre fue asesinado en un cruce de caminos mientras Edipo se dirigía a Tebas, huyendo de un destino que él creía en Corinto, donde vivió sus primeros años. Tras salir victorioso del enfrentamiento con la terrible esfinge, un ser monstruoso que planteaba enigmas a los viajeros antes de devorarlos, Edipo fue proclamado rey de la ciudad y tomó a Yocasta como esposa. Lo que en principio parecía un estado de felicidad plena, derivó en tragedia cuando Edipo descubrió que él había sido el asesino de su padre y que posteriormente se había casado con su propia madre. Se cumplía de ese modo la terrible profecía de Delfos. Cuando Yocasta se enteró de la noticia se suicidó y su hijo, Edipo, se sacó los ojos. Una de las mayores peculiaridades de la obra es su propia estructura dramática, ya que la línea argumental no se expone de forma continua, sino que se ve interrumpida por diversas actuaciones corales, en esta ocasión por el coro de apestados y el coro de ciudadanos de Tebas. Tras un prólogo, en el que se nos pone en antecedentes sobre lo que va a ocurrir, la obra alterna episodios (los pasajes dramáticos en los que los actores recitan sus diálogos) y estásimos (término con el que se denomina las intervenciones del coro). El final de la obra se produce con el éxodo, el canto final del coro que suele rematarse con una frase significativa con un fin de enseñanza. Utilizando esta estructura y este texto universal, Fernando Urdiales denuncia la alineación que invade la cultura actual, induciendo a reflexionar en torno a la siguiente idea: Si este tipo de teatro no nos impacta como lo hacía en la sociedad griega, ¿no será porque el lugar del horror se ha desplazado de la escena del teatro a la de la historia?, ¿qué tragedia podría igualar hoy en día a lo que diariamente vemos por televisión? Miles de años después de haber sido escrita, Edipo Rey está de desgraciada, y dolorosa, actualidad.