Diario de León

El director del Centro Etnográfico de Urueña, Joaquín Díaz, habla hoy en el Club de Prensa de Diario de León sobre los aleluyas, «Literatura para ver»

«¡Aleluyas, que va a pasar Dios!»

Joaquín Díaz, escritor, investigador y etnógrafo zamorano

Joaquín Díaz, escritor, investigador y etnógrafo zamorano

Publicado por
Emilio Gancedo - LEÓN.
León

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«Aleluyas, aleluyas finas, que pasa la procesión», o «Aleluyas, que va a pasar Dios» eran los gritos que acompañaban a las procesiones populares en las que se arrojaban estampillas con representaciones de santos, troceadas de un impreso que acabó por tomar ese nombre: aleluya. Joaquín Díaz, investigador, director del Centro Etnográfico de Urueña (Valladolid) y responsable de la División de Cultura Tradicional de la Fundación Siglo, habla hoy a las 20.15 horas sobre la génesis, historia y significado de estos populares pliegos en su conferencia Literatura para ver. Esta ponencia está programada dentro de las Jornadas Nacionales de Cultura Tradicional en el Camino de Santiago que se celebran hasta el 17 de noviembre en León y tendrá lugar en el Club de Prensa de Diario de León (Gran Vía de San Marcos, 8). Bajo el nombre genérico de aleluyas, se incluyen, según Díaz, «una gran variedad de papeles impresos» que comenzaron exhibiendo imágenes religiosas pero que evolucionaron paulatinamente hasta convertirse en conjuntos de viñetas con ilustraciones y un texto en verso que aludían a los más diversas temáticas, desde noticias históricas hasta relatos humorísticos, satíricos o moralizantes. Joaquín Díaz llevará a cabo, según sus palabras, «una síntesis histórica de este tipo de literatura, que comienza con el descubrimiento de la imprenta y que llega a su máximo apogeo en el siglo XVIII, para decaer a finales del siglo XIX y en el XX». Las aleluyas (llamadas en Levante y Cataluña aucas -ocas- por incorporar también juegos infantiles como la oca) eran tremendamente populares «y existían impresores que sólo se dedicaban a su producción». Díaz explicará cómo copleros y ciegos sindicados las llevaban y repartían por los pueblos, estando así relacionadas con las «coplas de ciego» pero con la diferencia de que estas últimas eran pliegos doblados a modo de cuadernillo con una sola imagen en cada cara más el texto, y los aleluyas estaban impresas por una sola cara y llevaban diversas viñetas o ilustraciones, constituyendo así un antecedente directo del cómic. «Los aleluyas -comenta Joaquín Díaz- se remontan al tiempo de la Reforma y Contrarreforma», con la unión de dibujo y texto empleada por la Iglesia «para extender la devoción a los santos». Estos dibujos se recortaban y esparcían en las procesiones y en la Eucaristía el sábado de Gloria, «cuando se pronunciaba por primera vez la palabra aleluya después de toda la Cuaresma. Esta costumbre aún se mantiene en algunas localidades, como en Astorga», puntualiza Díaz. Este investigador ha documentado nada menos que 1.700 temas distintos tratados en los aleluyas, desde adaptaciones de obras literarias a informaciones de actualidad, constituyendo una fuente de noticias y sucesos consumida por el pueblo llano -que muchas veces aprendía sus primeras letras con este sistema-, y antecesor de múltiples estereotipos culturales y visuales aún hoy plenamente vigentes. En el Club de Prensa de Diario de León se pueden ver estos días una nutrida representación de esta «literatura que aún no ha sido reconocida», según Díaz, con muestras divertidas «que a veces conseguían sortear la censura».

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