Diario de León

Intelectuales, políticos, actores y artistas arroparon a la familia del cineasta

El clan Bardem despide a su patriarca

Familiares, amigos, actores, políticos y compañeros de profesión recibieron ayer con una gran ovación los restos mortales del cineasta Juan Antonio Bardem a su lleg

María Agudo, viuda del cineasta, besa el féretro con la enseña comunista

María Agudo, viuda del cineasta, besa el féretro con la enseña comunista

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Agencias - MADRID.
León

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El féretro, cubierto por una gran bandera del Partido Comunista de España, quedó instalado a las dos de la tarde en el patio de butacas del cine, cuyo escenario estaba presidido por una gran foto de Bardem rodeada de varias coronas de flores de partidos políticos de izquierda y diversas instituciones relacionadas con el mundo del cine. Su viuda, María, muy emocionada, llegó acompañada por su hijo Miguel, que llevaba en la mano una flor roja y que ayer mismo llegó a Madrid procedente de Nepal donde estaba rodando un documental. Acompañaba a la familia la presidenta de la Academia de Cine de España, la actriz Marisa Paredes, quien entró en un cine Doré decorado hoy mismo con grandes carteles de películas de Bardem como Nunca pasa nada, El puente, El poder del deseo, Muerte de un ciclista y Siete días de enero. Una hora más tarde, llegaba a la capilla ardiente Pilar Bardem, hermana del fallecido, quien con el puño en alto y diciendo ¡salud! se paró durante unos minutos delante del féretro, para después abrazar muy emocionada a la veterana actriz Lola Lemos, que es la única representante del cine español viva que trabajó junto al padre de Juan Antonio Bardem. También se exponían ayer en el Doré fotos de su filmografía y un cartel en francés de una de sus mejores películas Calle Mayor, de la que Bardem tenía pensado rodar la continuación, que se iba a titular Regreso a la Calle Mayor. Por el cine Doré pasaron actores como Manuel Alexandre, Alvaro de Luna, Liberto Rabal, Cristina Marsillach, Asumpta Serna, Aurora Bautista, Tina Sainz, Pepe Sancho, Mónica Randall, y personajes del mundo de la política de izquierdas como el secretario general de PCE, Francisco Frutos, el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, la candidata socialista a la Alcaldía de Madrid, Trinidad Jiménez. Además del director general del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), José María Otero. Se llamaba a sí mismo «obrero del cine» y su vida, decía, era una buena conjugación de tres «p»: «privada, profesional y política». Juan Antonio Bardem fue no sólo el hombre que hizo nacer el nuevo cine español, sino también el abuelo de la eterna sonrisa, la sonrisa del hombre que nunca se traicionó. Así le recordaba Fernando Fernán Gómez cuando en la presentación del libro de memorias de Bardem, en cuya portada aparecía el cineasta con rostro sonriente, se preguntaba en voz alta: «¿de qué se ríe?». Y él mismo se contestaba: «es un hombre que no se ha traicionado». Bardem tituló su libro de memorias «Y todavía sigue», una frase sacada de un anuncio de whisky y que le iba como anillo al dedo a un hombre con el cajón lleno de guiones a medio escribir, sin dinero para ponerlos en pie. De ahí que cuando este año le concedieron el Goya de Honor, sin rubor y con gracia preguntó en alto desde el escenario: «¿hay algún productor en la sala?». El cine de hoy, entendido como «un fenómeno dependiente de la taquilla» y su militancia comunista histórica habían aparcado, decía, la carrera de un director, guionista y productor que entendía que «todo el cine es político», y que confesaba que a través de sus películas había difundido su visión marxista del mundo. Si algo sacaba de quicio a Bardem era saber que su talento había sido desaprovechado, hasta el punto de haberse dejado en el camino más de veinte películas. Pero eso no le hacía desfallecer y día a día cumplía con el rito de ir a su vieja oficina, siempre ~buscando la manera de para sacar adelante nuevos proyectos.

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