El pintor griego Filippos Tsitsopoulos expone en la Casa de las Carnicerías
Y el color... se hizo vida
Algunas de las obras que el pintor Filippos Tsitsopoulos expone en la Casa de las Carnicerías
Las pinturas, en ocasiones gigantescas, del joven pintor griego Filippos Tsitsopoulos (Atenas, 1967), son como visiones instantáneas de un dinámico e interminable ballet. Como momentos robados a la ceremonia rítmica de la existencia. Juega el pintor incesantemente con la casualidad y el color para conseguir una obras sorprendentes que nunca pierden de vista el horizonte de la realidad, aunque casi siempre bordean la frontera de la abstracción. Tsitsopoulos cuelga sus grandes lienzos estos días en las paredes venerables, por antiguas, de la Casa de Carnicerías, un lugar poco apropiado según nuestro criterio, pues sus cuadros necesitan de espacios más grandes, más diáfanos, para poder emitir sin agobios su mensaje pictórico. Pero el autor está contento con el lugar y dice que viéndolo se traslada «a un viejo palacio italiano. Aquí el juego de columnas, las interrupciones de la visión de los cuadros durante algunos momentos, convierten su visión en un curioso juego. El escenario aporta una nueva dimensión que yo estimo muy interesante». El artista expuso hace apenas un año en la sede social de Caja España en Ponferrada y allí ya pudieron verse algunas de las series de cuadros que ahora muestra en León, por ejemplo la titulada La Adivinanza, que está creada alrededor de los arcanos del tarot y en la que las imágenes de la muerte, el ahorcado, o el Papa o la papisa, sirven de fondo y disculpa a unas obras llenas de dramatismo. «Para mí el cuadro comienza cuando realizo el fondo, empleando distintas técnicas en las que tiene mucho que decir el azar. Empleo la impresión directa de telas empapas en color sobre los lienzos, ejerciendo sobre ellas grandes presiones. Con ello consigo una base llena de fuerza. En otras ocasiones empleo telas que tienen importancia por sí mismas, por su peso iconográfico específico, como puede ser el damasco. A partir de esos fondos y empleando la materia pictórica con enérgica gestualidad voy creando la obra». Y, según dice, cuando lanza sobre el lienzo las notas de color quiere recordar iconos que le son especialmente gratos, como los cisnes, las gaviotas... y los colores estallan materialmente en el lienzo dotándolo de energía, de vida, tal que la explosión incontrolada e incontenible que da paso al nacimiento de las galaxias. El artista se siente pequeño ante la inmensidad de su obras y quiere purificar su soberbia de creador, por eso en varias ocasiones ha sumergido en el agua sus cuadros. «El corazón es una víscera asquerosa y hay que mitigar sus ardores sumergiéndolos en el agua. El agua debe arrastrar las impurezas, por eso algunas veces la he empleado como protagonista de mis acciones de forma material y en otras ha estado presente en video instalaciones». Enérgica, misteriosa, trascendente, dinámica... la pintura de Filippos Tsitsopoulos.