El leonés Sergio Tomé expone en la Casa de Cultura de Pinilla

Sergio Tomé posa junto a una obra en la Casa de Cultura de Pinilla
Desde el 19 de noviembre al 4 de diciembre, el pintor Sergio Tomé expone una muestra en la Casa de Cultura de Pinilla, que bajo el título genérico de León agrupa un abanico de paisajes urbanos fácilmente reconocibles para el espectador. En esta colección visual de carácter figurativo, cuyo estilo no se aleja demasiado del hiperrealismo, se incluye un repertorio de lugares comunes que disecciona, en su conjunto, el corazón nostálgico tanto de la capital leonesa como del vecino y emergente municipio de San Andrés del Rabanedo. La trayectoria en el mundo de la pintura de Sergio Tomé, profesor de Geografía Urbana en la Universidad de Oviedo, es dilatada en cuanto al número de exposiciones individuales de su peculiar y llamativa obra, destacando la colección titulada Geografía universal, que el público leonés pudo contemplar durante el verano del 2000 en la Delegación Territorial de la Junta. Este mismo año y en la prestigiosa Fundación Alvargonzález, de Gijón, una veintena de sus dibujos también relacionados con el panorama urbano se convirtieron en una de las grandes atracciones culturales del siempre animado y vitalista estío gijonés. Según la crítica especializada, Sergio Tomé ha llegado a la creación plástica por el arduo camino del talento personal y del autodidactismo, senda habitualmente transitada por los maestros clásicos. Y esta circunstancia explica que en su pintura no se puedan encontrar artificios académicos o excesivas influencias ajenas y sí un lenguaje propio, sencillo y directo que facilita al observador el disfrute y el entendimiento de su obra, circunstancias todas ellas de infrecuente logro en estos tiempos de prevalencia de las más audaces vanguardias. Magia callejera En base a las inquietudes y peripecias vitales del autor, el repertorio de postales culturales en exposición evoca distintas escenarios muy cercanos al espectador, que se reflejan en los distintos lienzos como un torbellino de vida y detalles. Con pulcritud de dibujante y la sensibilidad de un orfebre de imágenes, el programa pictórico de Tomé recrea espacios, colores y acentos personales de la gran tramoya urbana, esa cruda escenografía donde el ser humano desarrolla su eterna y nunca conclusa lucha. El código de creación de su pintura plantea un discurso de estética convergente, reconocible por una caligrafía depurada y muy trabajada, que repite de forma recurrente una serie de elementos habituales en nuestro devenir cotidiano. Así, en esta imaginaria leonesa aparecen coches, autobuses, árboles y, por supuesto, ese icono de la vida moderna que son los edificios en todo su esplendor de formas y volúmenes. Partiendo de pinceladas que evidencian gran lucidez para la representación urbana, el artista leonés nos lleva de la mano por un mundo de imágenes sin fronteras que proclaman la suprema belleza de la realidad inmediata. La magia callejera de los escenarios se convierte, por convicción intelectual, en decorados plásticos perfectos para un pintor cuya obra rebosa calidad y alta escuela.