El pintor manchego Francisco Campos Lozano expone en el Auditorio una compleja colección de cuadros basados en los beatos históricos
Un beato para el tercer milenio
La sala de exposiciones del Auditorio presenta la exposición del pintor Francisco Campos Lozano titulada In Apocalypsin XXI, un beato para el tercer milenio. En ella este artista, nacido en Ciudad Real y residente en Madrid, pretende ilustrar, una vez, más los comentarios del beato, que allá por los albores del año 800 de la era cristiana encargara Santo Toribio de Liébana y que a lo largo del tiempo, especialmente en la época medieval, se convirtieron en preciosos libros con espléndidas miniaturas. El primero que se conserva data del año 950 y fue realizado por Magio en el cenobio de San Miguel de Escalada. El autor explica así los pormenores del trabajo que presenta: «La exposición trata sobre una actualización de los beatos históricos. El abad de Liébana en el 776, atendiendo la por entonces extendida creencia de un fin del mundo cercano, decide que tiene que ofrecer a todo el mundo y especialmente a sus monjes, una actualización de los textos apocalípticos para que meditaran sobre el fin de los tiempos. Para ello, recoge una serie de textos de padres de la Iglesia mucho más antiguos que él, los agrupa, les da cuerpo y con todo ello da forma a un libro de comentarios que inspira diferentes interpretaciones artísticas hasta el año 1200. Lo que yo estoy haciendo es recoger esos mismos textos e ilustrarlos con las pinturas que ahora pueden verse en el Auditorio». La iconografía medieval sobre el tema es muy importante y, de alguna manera, tiene que mediatizar esta nueva interpretación pictórica. «Aunque mi pintura ha sido siempre fuerte y colorista, esta etapa lo es más. No he tenido ningún prejuicio en hacer una referencia a la antigüedad, aunque de los 156 cuadros que forman este trabajo, unos ciento cuarenta no tienen nada que ver con aquellos. Cuando he estudiado los originales y he encontrado alguna solución que me parecía perfecta no he dudado en incorporarla, porque los propios monjes, no tenían ningún empacho en copiar las composiciones de sus antecesores». Por razones de espacio es imposible que esté en la sala del Auditorio la totalidad de los cuadros que sobre el tema ha pintado Francisco Campos. «Hay que señalar que el proyecto no está totalmente acabado, aún faltan unos veinte que espero pintar el próximo año. Lo que se expone en el Auditorio es absolutamente representativo de los comentarios completos del beato. No los he ido haciendo por orden cronológico, sino que he escogido las partes que más me interesaban en cada momento y en lo que podemos ver aquí se encuentran perfectamente representados los doce capítulos del beato. Lo hemos montado por grupos temáticos y cada uno tiene su propia explicación para mejor entender el proyecto en conjunto». La pintura de Campos ha pasado por varias etapas, primero la figuración, después una abstracción que le llevó a la nada casi absoluta y ahora, con estos cuadros del beato, ha llegado a un interesante expresionismo. «Técnicamente son óleos sobre tabla y estilísticamente contienen una figuración expresionista, no porque se produzcan las deformaciones exageradas de las figuras que conocemos en el expresionismo tradicional, sino en el sentido de que tienen mucha fuerza».