el especialista del arte de vivir

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No ha esperado José Rubio Fontal (Ponferrada, 1973), esto es Pepe Kubrick, a llegar al medio siglo para tener contadas unas cuantas partes de su vida. Con Enfermera de noche y otros asuntos del delirio se sumergía en un poemario en el que arriesgaba para ahuyentar sus propios fantasmas. Lejos de regodearse en el socorrido malditismo le servía para salvarse de sí mismo y contarse. Ya advertía, como hace siempre, que no tiene mucho de sublime jugar a perder la vida pudiéndose disfrutar del instante asomado a un balcón con vistas al futuro. Ahora (ayer lo presentó dentro de la programación de Lexploitation en la tienda de vinilos Lizard que comanda Juancho López) regresa con nuevo libro, el más que recomendable El único juego en la ciudad. Una epopeya urbana y autobiográfica de rock’n’roll . Se trata de la primera referencia bibliográfica del sello Family Spree, lo que le permite asociarse con otros necesarios ilusos de la cultura, de esis que creen en estos artefactos. Y en sus páginas, con Ponferrada como referencia territorial, lo que hay es una historia de rock and roll del tiempo reciente, que en la experiencia de Kubrick traspasa todas las barreras geográficas para poder ser posible en León, Madrid y otros puntos en los que el autor campó a sus anchas. Tan solo avisar que no se trata de una historia heroica a lo cuando fuimos los mejores y demás. De hecho advierte Pepe Kubrick: «El libro me ha servido para confirmar que no siempre se hacen bien las cosas».
Con tal advertencia alguno puede interpretar que hay algo de batida en retirada de un imprescindible de la noche y la escena alternativa; de alguien que podría ser el mejor exponente del crapulismo ilustrado. Quién sabe. Sí se puede intuir que en el ponferradino afincado en Madrid la experiencia y los años de carretera le han convertido en todo un gourmet de la buena cultura, el deporte, la música y los amigos y, por supuesto, que nadie lo olvide, de una canción de tres minutos en donde se reúnan las esencias del mejor punk o power pop. Aún así, Kubrick afirma que «si las cosas cambian no es malo. Cambiar es una manera de sobrevivir», dice, aunque al hilo de lo que cuenta en su libro de aquellos otros tiempos ya echa de menos tres cosas: «Para mi, lo que ha cambiado para mal es que hay menos bares de rock and roll, menos locales con cabina para pinchar y menos conciertos», enumera.
Efectivamente, estas ausencias aluden a un tiempo reconocible que para el autor de El único juego en la ciudad fue una buena semilla que de alguna manera prendió. «Sí, igual esa semilla ha servido para que siga habiendo cosas. Al final, esa semilla del pasado es el trampolín para el presente», reflexiona.
Kubrick destaca de aquellos musicales años 90 la constancia en la actividad musical. Pero con rapidez indica que no le gusta caer en ningún tipo de nostalgia. «Hay el tópico del que dice: no me arrepiento de nada. Eso queda muy mister wonderfull. Pero no es la realidad. A mi el libro me ha servido para darme cuenta de errores», asegura. Y si pronostica el futuro resulta esperanzador: «El rock and roll siempre conectará con la juventud. Con más o menos cantidad, pero conectará», afirma.
Escribe sobre deporte con puntería de especialista. Anda pendiente ayer de un Turquía-Francia del Eurobasket y algún ojo le echaría al fútbol del fin de semana desde un casi sensato punto de vista madridista. Aunque su ancla fundamental podría encontrársele en la música y un indomable espíritu de cronista en el que combina tanto el ser protagonista de la historia como una acertada actitud analítica en donde caben a la par la sensatez y el humor. Importa José Rubio/Pepe Kubrick porque en el ambiente cultural alternativo (música, cine, literatura, arte en general) es un activo. Y porque en ese mundillo se le tiene en cuenta porque opina de lo lindo, e interesa e influye. Ha hecho radio, escribe en revistas como ‘Ruta 66’, es entusiasta pinchadiscos, participó en teatro en los grupos bercianos Albur Teatro y Skene, tocó en Thee Butchers y The Cheerleaders... Sería incombustible como término si no fuera que disfruta tanto la vida que para seguir haciéndolo es consciente de que cambiar es el mejor acierto.