La Seminci encumbra a Blanca Portillo
Presenta en Valladolid la película ‘Teresa’ además de recibir la Espiga de Honor

La actriz Blanca Portillo recibe la Espiga de Honor de la Seminci ayer en Valladolid. NACHO GALLEGO
Sobre las tablas o delante de las cámaras, la actriz Blanca Portillo acumula una historia de éxitos y trabajos marcados por la complejidad y por la necesidad de interpretar papeles que «hagan pensar e ilusionen», incluso en tiempos tan polarizados como los actuales.
«¿Inquisidores? Hay a cascoporro, pero tenemos que seguir haciendo lo que debemos hacer», aseguró en una entrevista en la que reflexiona sobre el oficio de actor y el futuro de la industria cinematográfica con motivo de la presentación de la película Teresa en la 68 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, que además le ha concedido la Espiga de Honor.
Un galardón, que se suma a cinco premios Max, un premio compartido con todo el reparto femenino de Cannes por Volver de Pedro Almodóvar o un Goya por Maixabel , que considera «una declaración de cariño y respeto» por la que se siente un poco «asustada», que recibirá en el Teatro Calderón de la capital vallisoletana, donde ha trabajado «toda la vida».
Cuatro décadas en las que Blanca Portillo (Madrid, 1963) confía haber obtenido «más experiencia para verter sobre los personajes», de una profesión con «una misión muy importante» que reivindica, ya que permite «conmover, hacer pensar, ver otras vidas e ilusionar la gente».
«Sigo sintiéndome una niña que se ilusiona con las cosas que le pasan», reconoce, en un momento en el que combina el cine, el teatro y la televisión, y que está marcado por el auge de las plataformas de contenidos digitales.
Lo ve como «una especie de boom» que responde a nuevas formas de consumir cultura, con un lado bueno que permite «seguir haciendo cosas» y con su lado negativo, que es la primacía de lo económico.
En la película con la que llega a Seminci, Teresa , un texto teatral de Juan Mayorga sobre la historia de Santa Teresa de Ávila transformado en película por Paula Ortiz y que narra el proceso inquisitorial a la santa, Portillo retrata a uno de los personajes más conocidos de la historia de España. «Cada uno tiene su Teresa particular», a la que califica como «tremendamente valiente, arrastrando su duda, su miedo y su angustia».
«No la veo como Santa Teresa de Ávila, sino como una mujer enfrentada a todo un sistema que cree de una forma casi violenta, que ama profundamente y que vive en la duda, eso me parece absolutamente ejemplar», afirma.
Preguntada por la polarización en la sociedad actual, responde que siempre ha habido gente «que quiere que todo se quede quietecito y si te rebelas, te preguntan que adónde vas».
No cree sin embargo que este largometraje pueda verse como una «irreverencia» porque pretende mostrar «la poesía interior y el mundo» de Teresa. La actriz madrileña compatibiliza su presencia en festivales con la obra de teatro La madre de Frankenstein , basada en una novela de Almudena Grandes, en la que interpreta a Aurora Rodríguez Carballeda, una mujer «paranoica» que asesina a su hija porque es un proyecto fallido.