Diario de León

La Catedral de León se quedó sin santos y sin tráfico

Se deshizo del dañino tráfico a finales de los noventa. Desde 2009 la fachada luce sin 23 santos

Verónica Viñas
León

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En apenas tres décadas la imagen de Catedral de León es casi ‘irreconocible’. Las obras de peatonalización del entorno eliminaron el tráfico, que había causado más estragos en la delicada piedra de Boñar que siglos de exposición al duro clima leonés. Los coches y camiones circularon alrededor del templo gótico hasta finales de los noventa.

La peatonalización también sacó a la luz restos de las gigantescas termas sobre las que se erigió la Pulchra y que actualmente se preservan en la cripta de Puerta Obispo.

Por mucho que el primer Monumento Nacional que tuvo España sea intocable, ha padecido reformas y demoliciones. Entre 1892 y 1909 el edificio gótico se sostuvo gracias a un complicado encimbrado diseñado por Juan Madrazo cuando la Catedral estaba al borde del desplome. La Pulchra ha perdido prácticamente toda la policromía que la decoraba.

De hecho, se trata de uno de los templos góticos con mayor profusión cromática. La restauración de la portada de la Virgen del Dado (la que da paso al claustro) y cuyo autor podría ser León Picardo, reintegró en 2017 todo su colorido a un conjunto excepcional. Hace dos décadas la empresa Petra analizó las diferentes capas de color que tiñeron las esculturas de la Catedral de León. Descubrió que hubo tres fases de policromía (en los siglos XV, XVI y XVIII) y que los principales colores que los artesanos imprimieron en la piedra fueron los blancos, el azul esmalte, el ultramar y el azul Prusia, el verde cobre, el malaquita, los amarillos, el rojo vermellón, el minio y el naranja.

Las generaciones más jóvenes han visto la fachada de la Catedral ‘deshabitada’, pero hasta 2009 estaba flanqueada por 23 santos , que fueron apeados por su delicado estado de conservación y trasladados al claustro, de forma provisional, aunque allí siguen. En las fotografías de las primeras décadas del siglo XX muchas de estas esculturas no se parecen a las que fueron desmontadas hace catorce años, que sufrían amputaciones de manos, brazos y narices.

La plaza de Regla también ha cambiado sustancialmente. En 1998, durante las obras de peatonalización, ‘reapareció’ la fuente diseñada por Zuloaga a juego con unos bancos que llevan décadas en la residencia Virgen del Camino. Fue embalada y ‘olvidada’ en los almacenes municipales. Hace dos años fue restaurada. Compuesta por 400 azulejos, se habían perdido 80, que fueron reconstruidos por el taller del nieto del célebre ceramista. La fuente fue recolocada junto a los bancos. La supresión del tráfico y de los jardines en la plaza de Regla ofrecieron por primera vez en años una imagen despejada de la Catedral.

Entre rejas

La rejería y las puertas del templo gótico, que nunca se incluían en los planes de restauración, porque las prioridades obligaban a invertir en zonas vitales, fueron rescatadas en 2010 gracias a una subvención de la Diputación.

El reloj de Durán del siglo XVIII fue declarado BIC y restaurado en 1992. En aquel momento llevaba 30 años sin funcionar. La Escuela Taller se encargó de la esfera y la empresa suiza Rolex, de la maquinaria. En diciembre de aquel año los técnicos Pierre Curchod, Jacques Mihilewicz y Jacques de Vialet montaban y ponían en funcionamiento la ‘joya Durán’.

El coste se elevó a ocho millones de pesetas, que sufragó Rolex. La maquinaria lleva parada desde 1995. «Es uno de los mejores relojes del mundo. Pero está parado. Es un Ferrari», según Antonio Labrador, un auténtico ‘maestro del tiempo’. «El reloj de la Catedral de León no tiene nada que envidiar al Big Ben de Londres», dice. Labrador, junto a otros nueve miembros de la Asociación Nacional de Restauradores y Reparadores de Relojería Gruesa de España (Anreg) visitaron en abril la maquinaria de este cronómetro construido en 1788 por Ramón Durán.

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