El trascoro de la Catedral de León está listo para volver a brillar
La empresa Granda ha comenzado a ‘forrar’ de andamios el Arco de Triunfo, una joya maestra en la que el Ministerio de Cultura invierte 420.699 euros

Ayer comenzaron a descargar los andamios que mantendrán en obras el trascoro durante nueve meses. FERNANDO OTERO
Ha comenzado la cuenta atrás. La empresa madrileña Talleres de Arte Granda, a la que se adjudicó la restauración del trascoro de la Catedral de León, descargó ayer en el templo gótico dos camiones de andamios. Tiene nueve meses para devolver el esplendor a una obra maestra que ha pasado desapercibida por el polvo y la suciedad. El Ministerio de Cultura pretende que esta obra cumbre del Renacimiento, en la que intervinieron maestros como Esteban Jordán y Juan de Juni, recupere el brillo perdido. El polvo de siglos la ha dejado invisibilizada. El blanco alabastro ha perdido el lustre y los dorados policromados se han esfumado.
El Arco de Triunfo sufre numerosas patologías, fundamentalmente porque en el siglo XVIII se cambió su ubicación. El traumático traslado en el año 1746 desde el presbiterio y su nuevo montaje en la nave mayor, donde ha permanecido hasta la fecha, dejó muchas secuelas.
La reinstalación del trascoro provocó «uniones mal encajadas, numerosas roturas y pérdidas matéricas», según el informe firmado por Susana Alcalde Amieva, subdirectora general del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), que asume la restauración, por 420.699 euros.
El incendio que asoló la Catedral leonesa el 29 de mayo de 1966 también dejó su huella. «Aunque no se puede valorar qué impacto pudo haber tenido en el trascoro, a buen seguro lo hizo, por lo que quizá también habría sido objeto de alguna intervención coincidiendo con las obras que se acometieron en la Catedral para reparar los daños», dice el informe técnico. El IPCE se ha tomado su tiempo en esta intervención, tras varios análisis y cuatro años. El informe desveló otras ‘tropelías’, como un sistema de cableado eléctrico fijado al trascoro, que fue retirado durante la fase de investigación por el equipo de mantenimiento de la propia Catedral.
Tallas mutiladas
Las tallas de madera padecen numerosas grietas, fracturas y mutilaciones, por ejemplo, en los dedos de la mano derecha de san Isidoro, así como en el brazo y parte de la vestimenta de la sibila situada a la izquierda. En cuanto a la policromía, hay incontables craqueladuras, así como desgastes y abrasiones. Algunas imágenes serán desmontadas, como las sibilas de madera, el crucificado, los ángeles que acompañan a la Asunción y todas las esculturas que estén en posición inestable o con peligro de caída.
El trascoro rompe la unidad espacial del templo gótico leonés y ‘tapa’ prácticamente la nave central. Documentos preservados en la Catedral, como contratos con los artistas, permiten verificar la cronología del trascoro. Ubicado desde el siglo XVIII en el corazón del edificio, aunque resta visibilidad al templo, es una auténtica maravilla del Renacimiento, gracias al talento y la delicadeza de los maestros que lo ejecutaron.
Fue proyectado por Juan de Badajoz, ornamentado por Juan de Juni y los mejores maestros del momento —como los franceses Angers y Doncel, que ya habían colaborado en San Marcos—, y concluido por Esteban Jordán y artistas de la talla de Bautista Vázquez, que ganó el concurso para realizar el Crucificado que corona el trascoro.
En 2019 el IPCE llevó a cabo la geometría general de esta construcción monumental. También la escaneó de arriba abajo con láser y realizó imágenes en 3D que mostraron una panorámica inédita del trascoro, unas fotografías que, como quedó demostrado en Notre Dame, son una herramienta crucial para la reconstrucción de cualquier monumento en caso de una catástrofe, como el incendio que asoló el templo parisino.