OBITUARIO
Ramón Rodríguez: delinear el arte

Ramón Rodríguez, delante de algunas de sus obras. dl
A Ramón la muerte le pilló viviendo. Un caso único (habrá más pero único y auténtico como los que haya). Y discutiría con cualquiera tan atrevida aseveración. Salvo con él, que me diría: claro. Porque le pilló, antes del aviso crucial, con toda la fortaleza mental de los excepcionales. Con planes previstos y la sensación de haber vivido, aunque fuera un reciente sesentón que tampoco le tenía reparo al paso del tiempo. Qué tío tan duro eres, le decía siempre. Y tenía respuesta. Y no tenía nunca rencor para su desgracia, ni resentimiento. «El viernes la quimio me sentó mal». Puede que lo explicara así. Tenía en el Pica Pau, al lado de su casa y su eterna Pícara, un refugio que promocionaba como casa y lugar de encuentro. Como si fuera su Cheers para comentar la jugada del día con Carol con conversaciones que merecían sacar la libreta y tomar nota de diálogos sarcásticos y brillantes. Fue con sus sobrinos a ver lo de Weiwei al Musac y le impactó. Es decir, que vivía el hoy José Ramón Rodríguez Moreno, fallecido en la madrugada de este martes. Y es que hablamos de ayer en presente sobre su adiós de ayer que ya es pasado. Puro existencialismo de un delineante que se hubiera quedado en la Catedral para dibujarla toda la vida con un ojo puesto en San Isidoro. Cosas de ojos, como esa serie que expuso en Pica Pau en un elogio a los animales. Casi una treintena de sus obras tuvieron como última exposición la Sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Quedó encantado del montaje y el trato de Juan Carlos Vázquez, responsable de comunicación del centro comercial. O de Mures, que le hizo una larga entrevista ahí mismo, contando una a una sus obras. Como si tuviera que resistir hasta el último momento, lo que más le ilusionaba ahora era que alguno de esos cuadros fuera subastado o dotado de valor para donarlo a la Asociación Contra el Cáncer de León. No lo podrá ver en vida pero puede ser la mejor forma de recordarlo y cumplir esa última voluntad que define también sus últimos tiempos, luchando contra su enfermedad. Intentando llevar al límite la normalidad, combatiendo minuto a minuto contra el cáncer. Minucioso como uno de esos dibujos en los que el detalle parecía una línea continua.