Diario de León

ICONOGRAFÍA GÓTICA

Ángeles y demonios cohabitan en la Catedral de León

Gómez Rascón documenta en un libro todas la criaturas angelicales y demoníacas

El diablo con santa Cristeta, tabla de Nicolás Francés. RAMIRO

El diablo con santa Cristeta, tabla de Nicolás Francés. RAMIRO

Verónica Viñas
León

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Cohabitan, pero en desigualdad. El ‘ejército’ de ángeles de la Catedral de León es aplastante, en número, sobre la legión de demonios. Máximo Gómez Rascón, historiador, escritor y director del Museo Catedralicio de León, ha tenido tiempo de contarlos y ahora descubre sus secretos en el libro Ángeles y demonios en la Catedral de Léon. Aproximación iconográfica (Editorial Edilesa). Una obra que dedica más de 170 páginas a las figuras angélicas frente a diez para las satánicas. «Hay más ángeles, pero rugen más los demonios», dice irónicamente Gómez Rascón.

Las portadas del templo gótico concentran el mayor número de criaturas, de uno y otro ‘bando’. Además de esculpidos en las fachadas de la Pulchra, aparecen en pinturas, tallas, en la sillería del coro o en las vidrieras. Hasta ahora, según el autor, nadie había reparado en ellos o no habían merecido prácticamente atención por parte de los historiadores del arte. Sin embargo, «las criaturas angélicas son las más numerosas en la iconografía de la Catedral», entre otras razones, porque contribuyen «a resaltar la sacralidad de los misterios que acontecen en su interior».

El ejército celestial

Según los textos sagrados, los ángeles, además de ser numerosos, son omnipresentes. «Representarles con alas les permite moverse entre el cielo y la tierra para ver todo lo que acontece. La teología católica les atribuye tres funciones: la celebración de la liturgia celeste, de la que la terrenal es la imagen; manifestar a los hombres la voluntad de dios; y custodiar a cada uno de los hombres, los cuales les fueron confiados por el mismo dios, desde el momento del nacimiento y hasta la muerte».

El ‘ejército de dios’ o ‘ejército del cielo’, como también se denomina a los ángeles, es abrumador en la Portada del Juicio Final, quizá porque en los textos sagrados, tantos los ángeles buenos como los malos, son ministros o ejectores en los acontecimientos del final de los tiempos. En la Portada de San Juan, dos ángeles muestran a los peregrinos el cuerpo decapitado de San Juan; y otro transporta su alma al cielo. En la Portada de San Francisco hay 29 criaturas angélicas que asisten a la Asunción de la Virgen y su coronación como madre de dios.

En la fachada meridional de la Catedral, la Portada de San Froilán acoge a 22 ángeles; en la de San Froilán hay más de treinta; y en la fachada norte, en la Portada del Dado, hay cuatro. También hay numerosas representaciones de los arcángeles san Rafael, San Miguel y San Gabriel, que aparece en el altorrelieve de piedra que fue desmontado del hastial occidental durante la magna restauración de la Catedral en el siglo XIX y que ahora se encuentra empotrado en el muro norte de la capilla de Regla, por la parte exterior. Este arcángel aparece en una espectacular tabla del retablo mayor, obra del Maestro de Palanquinos. Igualmente prolífico es el Ángel de la Guarda. En numerosos sepulcros, como en los de San Pelayo y Ordoño II, abundan los ángeles, ya que en el siglo XIII se mantenía la costumbre de grabar el nombre de los arcángeles en las plegarias fúnebres, ya que se creían que eran los encargados de custiodiar las tumbas de los fieles. También hay una legión de serafines y querubines en las enjutas de las capillas y en vidrieras tan emblemáticas como El Árbol de Jesé (siglo XIII). Casi no hay rincón de la seo leonesa donde no haya una criatura celestial, incluidas algunas bóvedas como la del Oratorio.

Pocos pero resultones

Los malignos, pese a su inferioridad numérica, son muy llamativos. En la portada del Juicio Final, Satanás intenta arrebatar un alma al ángel. En la portada de San Froilán puede verse una orgía lasciva de dos demonios con una mujer. La sillería del coro está plagada de criaturas diábolicas y no faltan representaciones de condenados en las calderas de Pedro Botero. En la Edad Media se representó al demonio con aspecto monstruoso, híbrido, con miembros y rasgos entre lo animal y humano, porque la Iglesia buscaba impresionar y atemorizar con el príncipe de las tinieblas. «Entraba así por la puerta ancha la iconografía del diablo en los edificios de culto», explica Gómez Rascón. En la Catedral de León hay incontables figuras maléficas, representadas con cuerpo mitad hombre-mitad reptil o de aspecto simiesco, con cabeza de serpiente, saurio o batraio, pero siempre amenazantes y crueles.

Recientemente, se ha sumado a la legión de malignos un ‘Espantadiablos» de madera policromada del siglo XVII, que se utilizaba en algunos monasterios femeninos en tiempos de pestes o de graves peligros atribuidos a Satanás.

El libro saca a la luz la numerosa iconografía de ángeles y demonios en la Catedral leonesa, un tema no tratado hasta ahora

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