Diario de León

ILUSTRES CONVERTIDOS EN ‘CHAPAS’

Leoneses ‘emparedados’

Placas dedicadas a Pérez Herrero, Genarín, Juan Madrazo, Juan del Enzina o la Cuna del Parlamentarismo y el campo de concentración de San Marcos luchan contra el olvido

Placa dedicada a Paco Pérez Herrero. DL

Placa dedicada a Paco Pérez Herrero. DL

Verónica Viñas
León

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Acabar «emparedado» no siempre es un mal final. Políticos, escritores, músicos, artistas y personajes singulares que dieron nombre a León hoy son solo «chapas». Algunos han quedado inmortalizados en bajorrelieves colocados en las casas que habitaron. Es el caso del político Miguel Morán, «varón modelo de virtudes», según reza en el inmueble en el que vivió. Personajes tan dispares como Juan del Enzina, los héroes de la Independencia, las monjas concepcionistas o Pérez Herrero pasan desapercibidos desde inmortales letreros diseminados por las calles de León. La mugre cubre algunos de ellos y otros han sido blanco de los vándalos, como ocurrió hace tiempo en la casa en la que pasó su infancia Gamoneda, recién llegado de Asturias, en el Crucero.

Una de las más curiosas está en la calle de la Sal, dedicada al último poeta bohemio de León. «A Pérez Herrero tendríamos que darle un escalón celestial; tal vez, habría que nombrarle el Papa de esta cofradía», dijo el sindicalista Fermín Carnero en 2006 cuando se celebró el centenario del creador del mito de Genarín con la colocación de la placa con la que se le restituyó un lugar en la memoria de la ciudad. Pérez Herrero, mecánico-dentista de profesión, ejerció esporádicamente de periodista y tuvo ocasión de entrevistar al poeta Federico García-Lorca en uno de sus viajes a León. Genarín, el santo pellejero al que se rememora con una procesión cada Jueves Santo, tiene su propia inscripción en Puerta Castillo.

En un rincón del parque de Quevedo que pasa prácticamente desapercibido hay un lugar para no olvidar al famoso naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, pionero en España en la defensa de la naturaleza. El nombre de Juan Madrazo, ennegrecido y bajo un mazo de cables, está colocado en un rincón «invisible» de la calle dedicada al que fue uno de los arquitectos restauradores de la Catedral de León.

Una sencilla lápida recuerda al sacerdote Antonio González de Lama, maestro de muchos escritores y fundador de la mítica revista Espadaña, que tiene su propia placa en la biblioteca Sierra-Pambley. «Aquí nació Guzmán el Bueno. 1256–1309. VII Centenario de la Gesta de Tarifa», reza una plancha de mármol blanco en el edificio de la Audiencia Provincial.La residencia de ancianos Virgen del Camino no olvida que el edificio fue construido en 1915 por los hijos de Pablo Flórez y María Cruz Llamas. El Padre Isla o el músico y fundador de la Coral Isidoriana Felipe Magdaleno no están condenados a las dos dimensiones de una placa, pero pese a contar con un busto en céntricas ubicaciones, son tan ignorados como el resto. Una escueta inscripción recuerda el sitio —en Ramón y Cajal— donde una bomba-lapa colocada por ETA acabó con la vida del comandante Cortizo.Casi a ras de suelo, en la plaza de las Cortes Leonesas, un letrero explica por qué la ciudad es cuna del parlamentarismo.Inscripciones colocadas por el Colegio de Arquitectos en edificios como la Casa Arriola reconocen los inmuebles incluidos en el registro Docomomo de edificios singulares del siglo XX. Las cofradías de la ciudad colocaron en 1968 una placa en la calle Santa Cruz en recuerdo de Ángel Suárez Ema, «en agradecimiento al que fue propulsor de las procesiones de la Semana Santa leonesa». «Aquí tuvo su casa propia y la habitó Juan del Enzina», dice sencillamente el letrero dedicado en la calle Ancha al poeta, músico y autor teatral cuyo auténtico nombre era Juan de Fermoselle.

Desaparecido por derribo

Una placa en Puerta Moneda recordaba la casa natal de Gordón Ordás, presidente de la República en el exilio, hasta que derribaron el inmueble en 2016. León, incluida en la Red de Juderías de España, ha rescatado en letreros los nombres de algunos ilustres sefardíes que habitaron en la ciudadn, como el célebre médico Dom Sem Tob.

Clara Campoamor es una excepción en un callejero abrumadoramente masculino. Sin contar vírgenes y santas, la ciudad únicamente ha dedicado una estatua a una mujer, a la impulsora del voto femenino. Se trata de un pequeño busto del artista Juan Antonio Cuenca colocado en la calle que lleva el nombre de la diputada y abogada, en una de las zonas ajardinadas de Eras de Renueva. Al menos, no está emparedada. En San Marcos una placa lucha contra el olvido. Rememora que el hoy elegante hotel de cinco estrellas fue uno de los campos de concentración más terribles del régimen franquista, por el que desfilaron miles de prisioneros republicanos antes de ser ejecutados.

Ponce de León, Juan de Arfe, Edison o Marconi son agunos de los personaes históricos que decoran la fachada de las antiguas escuelas de Julio del Campo, obra de este maestro y filántropo palentino que dejó su huella en otros relieves de la ciudad. La placa dedicada a Juan Madrazo, por ejemplo, es obra suya; también la lápida en honor a Juan del Enzina en la calle Ancha.

En abril, en el Pleno en el que la UPL exigió retirar la placa dedicada a la Falange en la fachada de la iglesia de San Marcelo, los leonesistas exigieron calles dedicadas a mujeres.

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