Diario de León

ANIVERSARIO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

Los amigos leoneses de Azaña

Su mejor profesor, la fotógrafa que le sacó la último foto y su cocinero eran de León

Silueta de Manuel Azaña, en una exposición inaugurada por los reyes. DL

Silueta de Manuel Azaña, en una exposición inaugurada por los reyes. DL

Verónica Viñas
León

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Decía Manuel Azaña que «si los españoles habláramos exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar». Esta semana el Instituto Cervantes rescata al que fuera presidente de la República y una de las figuras más relevantes de la historia reciente, para celebrar el 145 aniversario del nacimiento del escritor y político. Azaña (Alcalá de Henares, 10 de enero de 1880 – Montauban, 3 de noviembre de 1940) no solo visitó en varias ocasiones León, Astorga o el Bierzo y pronunció sonados discursos en esta provincia, sino que algunos de sus amigos eran leoneses. Uno de ellos fue Octavio Álvarez Carballo, que llevó de visita a Azaña a su molino de Mansilla de las Mulas. El político republicano describió a Álvarez Carballo como «el señorito millonario, aburrido y metido a campesino».

El chef del presidente

Cuando accedió a la Presidencia de la República pidió a su secretario personal que visitara el célebre restaurante madrileño Lhardy y averiguase quién era el cocinero que tan bien preparaba el bacalao a la vizcaína para contratarle. El chef era Epifanio Huerga. Fue así como este leonés de Algadefe, que por entonces tenía 37 años, se convirtió en el cocinero del Palacio de Oriente y amigo y confidente del presidente. Huerga sería un leal servidor de Azaña, al que siguió por las distintas sedes que la Presidencia de la República tuvo durante la Guerra Civil. Pero la fama del cocinero leonés se desvaneció cuando pasó a ser preso del régimen franquista, tras ser detenido en la Francia ocupada por la Gestapo. En 1942, gracias a la persuasiva marquesa de Argüelles, sería puesto en libertad. Cinco años después, tras la muerte de su benefactora, Huerga decidía abandonar España y poner rumbo a Buenos Aires.

Caricatura de un profesor

Uno de los leoneses que más influyó en la formación de Azaña fue el agustino Blanco García, al que retrata en el libro El jardín de los frailes. El leonés fue su profesor en el internado de El Escorial. En su novela Azaña le caricaturiza: «Encaramado en la tribuna, un fraile joven, quebrado de color, escuálido, de boca rasgada y dientes desiguales, nariz aguileña y ojos saltones entreverados de sangre, daba suelta a su elocución caudalosa...» La descripción no guarda relación con lo que Azaña pensaba de su maestro maragato, especialmente, en cuanto a la actividad pedagógica. El padre Blanco le obligó a leer Pepita Jiménez. Cuando le preguntó al alumno que le había parecido, Azaña respondió: «Me aburrió». El leonés le replicó: «Es natural, hay que estar muy versado en los místicos españoles».

La leonesa Mey Rahola hizo la última foto del presidente de la República semanas antes de que el político madrileño falleciera en su exilio francés. Con motivo de un viaje a Arcachon, ciudad conocida por sus ostras, Mey tiene la oportunidad de retratar a Azaña, que vivía a poca distancia de Monbrison. El presidente de la República tenía 60 años, aunque el exilio y su delicado estado de salud —le acababan de detectar una gravísima afección aórtica— habían hecho estragos en su rostro.

En 1918 el arquitecto Manuel Cárdenas le hace de guía por la capital leonesa. Una de las cosas que menos le gustaron a Azaña fue Botines. «La casa de Gaudí me parece mal. Ya podían haberla puesto en otro sitio y dejar despejado el frente de la Diputación», escribe.

El Instituto Cervantes dedica unas jornadas a la figura de Azaña. El viernes La Caja de las Letras acogerá el legado in memoriam del escritor y político en un acto que clausurará Jose Manuel Albares, ministro de Exteriores.

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