En directo en El Gran Café
Trashumante Luis Pastor
El cantautor llega a León este jueves a El Gran Café con su disco ‘Extremadura fado’, en donde recorre en estilo popular que ya frecuentó en sus discos sobre Saramago pero que ahora visita desde su propia mirada

Luis Pastor actúa este jueves desde las 21.30 horas en El Gran Café. JORGE BIANCIOTTI
Llegó la pandemia y en el caso de Luis Pastor, protagonista este jueves en El Gran Café en donde presentará su disco Extremadura Fado, sirvió para reorientar varias cosas en su vida. En primer lugar este disco, en el que surge un juego en el que imagina las relaciones que pueden surgir en confinamiento en estos tiempos dominados por la comunicación en todos los soportes. En segundo lugar, la decisión vital de dejar Madrid y volver a su tierra, a un pueblo de 18 habitantes, después de sesenta años en la capital, que se dice pronto. Y en tercer lugar, poner al día su propia trayectoria al sumergirse en el fado como si tal copla, para expresar su música y poesía desde los orígenes locales, en su caso, las tierras extremeñas, portuguesas y sus conexiones africanas. En este caso era algo latente, puesto que él ya lo había hecho vía José Alfonso, José Saramago y otros ilustres de esos lares. El resultado es un Luis Pastor que como definición sencilla se lo pasa en grande cantando este último repertorio. Lo reconoce y se le nota en sus actuaciones. En donde a sus 72 años, edad sobre la que insiste, se encuentra en un momento dulce, creativo, con humor y máxima lucidez.
«De la anterior pandemia se puede saber que no tenían la posibilidad de comunicarse. Yo imagino cómo pudo ser en esta a alguien ya mayor que quiere enamorar a una muchacha por whatsapp. Una parte implicada y la otra receptiva. Y esa persona mayor que tiene que descifrar emoticonos y mayúsculas», explica sobre este disco en el que en lo artístico es un dominio absoluto de un género como el fado mezclado con la copla y la música de raiz. «Yo era lo que llevaba dentro de siempre, pero los cantautores de los 70 o de los 80, ni en Portugal ni en España mirábamos a esa música propia, porque estaba secuestrada por las dictaduras», añade sobre lo que también considera cerrar un círculo creativo.
Extremadura Fado es un disco que vive para el directo. Y, de paso, para la expresividad de Luis Pastor. «Hay algo en este disco que me hace sonreir y ser feliz sin pretensión», asegura. Y se ve que se suma a ese estado personal, rodeado de pueblo, de montaña, de naturaleza. «Aunque ahora por la mañana estaba mirando al cielo y veía más buitres que gente puede haber por aquí, hay también más relaciones humanas en estos pueblos que en Madrid», afirma, además de contar su día a día de pasear y cantar, ir a por la leche de cabra que luego hierve en casa, a por los huevos de corral...
Así que no echa de menos la vida urbana. «Tengo 72 años. Es una edad en las que estás acariciando la muerte aunque no la esperes. Asumiéndola desde la edad», confiesa, pero casi como en sus canciones y poemas con la mezcla exacta de energía y sensibilidad. Con todo, hay en Luis Pastor viaje de ida para que sus conciertos no sean su sota, caballo y rey. Se puede comprobar este jueves en El Gran Café, territorio en el que arrasa su hijo Pedro Pastor. Y él feliz. «Lo que hubiera contado si hubiera sido tan bueno ya de joven como él».
Luis Pastor dice que la conexión trashumante entre León y Extremadura es prehistoria pero que pervive en «cosas del lenguaje, la música, en diferentes zonas del territorio. Asi que llega a El Gran Café consciente de esa conexión pero sin querer sacarle partido. Realmente no le hace falta porque su contacto con el público es una mirada directa, una canción sin rodeos y unos versos que despliega con la naturalidad de un poeta al mismo nivel que sus creaciones musicales. «Mi gran triunfo es haberme hecho como cantutor y no haberme perdido. Ahora llevo años disfrutándolo. Y no me jubilo por eso: porque me lo sigo pasando bien», dice. Tal vez por ello le salgan discos tan bien hilados como este Extremadura Fado, en donde hay un regreso a sus raíces nunca abandonadas, a Portugal, a Cabo Verde... Y entre medias una historia actual.
Hizo un poema para que los periodistas despistados no le hicieran la misma pregunta, que se supone que enunciaban, pobres, como de cosecha propia y hasta creyendo una originalidad. Pero se repetían, por muy especiales que se creían. ¿Qué fue de los cantautores? Contestó en verso de luces largas. Se hizo un tanto viral y acabó recitándolo, y no es corto, por aclamación. Se lo pedían. La respuesta es el poema, pero con algo de osadía se le pueden ofrecer dos respuestas más. Que son: él mismo, Luis Pastor, y la que tenía en casa: su hijo Pedro Pastor. Comparten una esencia, cada uno a lo suyo, que se traduce hasta en gestos en el escenario que son pura genética. Por las tablas de El Gran Café este jueves pasa el primero, el que fue antes, Luis Pastor, un cantautor sin renuncias ni renuncios, con una carrera de cinco décadas en las que se ha mantenido a base de poesía y música y en donde la protesta, el buen gusto, la delicadeza, la riqueza sonora y el discurrir por estilos, aportando el suyo, son su manera de hacer. Eso del lenguaje propio será. Y que hace unas canciones muy bonitas. Remarca que tiene 72 años, lo que le eleva al nivel de los grandes que no hacen contorsionismo con su edad. Será también que hace un tiempo que vive en un pueblo de su Extremadura natal.