EL GRAN AGITADOR CULTURAL
Rodrigo Cuevas reivindica el folclore español
El músico asturiano, de gira en Chile, asegura que la dictadura se lo «apropió», pero que cada vez más gente lo sigue

Rodrigo Cuevas, durante la entrevista en Chile. ELVIS GONZÁLEZ
El cantante Rodrigo Cuevas, que está revolucionando la escena musical española, dice que el folclore ha estado muchos años arrinconado en España porque la dictadura franquista se lo «apropió», pero que cada vez más gente está volviendo a él gracias a propuestas «agitadoras» como la suya.
Le han bautizado como «la nueva diva folclórica», «emblema del neofolk» o «el Freddie Mercury de Asturias» (por su parecido físico con el cantante británico), pero él prefiere denominarse «agitador folclórico».
«A veces las etiquetas son necesarias para explicar de forma rápida lo que eres. Yo, a través del folclore, toco temas muy variados, sociales, políticos o puramente folclóricos», indica Cuevas (1985), que rescata cantos tradicionales asturianos y los mezcla con ritmos modernos como la electrónica o el reguetón y este fin de semana debutó en los escenarios chilenos con su show La Romería.
En el espectáculo, «hay muchas canciones que celebran el paisaje y la amistad y la gente se da cuenta de la vida tan guapa que tiene y que tiene que defender toda su libertad para que no se la quiten», añade en un entrevista en el Centro de Cultural de España en Santiago, antes de participar en el festival Santiago Off.
Defensor de la convivencia entra la tradición y la vanguardia, Cuevas recibió en 2023 el Premio Nacional de las Músicas Actuales no solo por la singularidad de su propuesta artística sino también por su «fuerte compromiso por la diversidad», según apuntó el jurado.Con un estilo que él mismo tilda de «cabaretero rural», con montera, madreñas y plumas, Cuevas reformula el folclore «desde lo ‘queer’» y en sus tonadas asturianas y muñeiras hace reivindicaciones a favor de los derechos LGTBIQ+.
Una de sus más famosas es la habanera Rambalín, que forma parte de su aclamado disco Manual de Cortejo (2019) y en la que cuenta la historia de Rambal, un transformista gijonés que cantaba coplas y que fue asesinado y quemado en 1976.Cuevas lamenta que el folclore haya estado olvidado durante tantos años, «pese a su increíble belleza», porque se le relacionaba con la dictadura franquista, que usó los bailes y los cantos populares «para trasladar una agenda política y una agenda ideológica».Hoy en día, asegura, «hay mucha gente que está acercándose al folclore» y «se están dando cuenta de lo divertido que es».Su particular estilo le ha convertido en blanco de críticas de una ultraderecha.