TESOROS DE PAPEL
El pergamino más antiguo de León pasa por el 'quirófano'
El Centro de Restauración de Simancas pone a salvo un documento del rey Silo y la célebre 'Nodicia de Kesos'

La directora general de Cultura, Mar Sancho, el consejero Gonzalo Santonja y el obispo de León, Luis Ángel de las Heras.
Acaban de someterse a una «cirugía». El Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, en Simancas, ha puesto a salvo dos documentos milenarios que atesora la Catedral de León. Dos joyas de papel. Se trata de la Donación del Rey Silo, un pergamino alargado, el más antiguo del Reino de León y de España, del siglo VIII, y la famosa Nodicia de Kesos, del año 959, uno de los primeros testimonios de la lengua romance. En mayo, el obispo de León, Luis Ángel de las Heras, y el consejero de Cultura, Gonzalo Santonja, escenificaron la entrega de un lote de valiosos códices. Sobre la gran mesa de la sacristía de la Catedral colocaron los trece documentos excepcionales que precisan una intervención urgente.
Simancas recibió entonces los tres primeros. Tras restaurar el Diploma del rey Silo, del año 775, así como el inventario de quesos que hizo el monje despensero del Monasterio de los santos Justo y Pastor, en el pueblo de La Rozuela, ahora está restañando las heridas del Tumbo Legionense (1124-1171), el cartulario medieval más importante antiguo de España.
Manuel Pérez Recio, recientemente fallecido, no verá restaurados los códices que cuidó durante décadas. El Archivo de la Catedral custodia 200 códices y quince siglos de historia en sus más de 50.000 fondos. El Cabildo y la Junta firmaron hace nueve meses un protocolo por cuatro años —prorrogables— para restaurar los documentos medievales de la Catedral de León. Tras el primer trío, para el resto de los documentos se ha establecido un orden de intervención a partir de tres criterios: estado de conservación, valor documental del códice y características de la intervención. No hay plazos, aunque se estima que la restauración del Tumbo Legionense superará el año y medio de trabajo. Tampoco se ha establecido un presupuesto cerrado. Todo dependerá de las «heridas» que tenga cada manuscrito. En todo caso, será una intervención difícil, larga y costosa.
Rarezas bibliográficas
La Catedral ha ido atesorando valiosos manuscritos desde el año 860, cuando Ordoño I donó al obispo Fruminio una serie de libros litúrgicos, que éste legó a su vez a la Pulchra. Esta biblioteca, «que preserva bienes de la Humanidad», en palabras de Santonja, posee unos evangelios en árabe, escritos en Córdoba en el siglo X y que no se sabe cómo acabaron en León. Otra rareza bibliográfica —en el lote de los textos que va a restaurar Simancas—, es un manuscrito del año 860, conocido como Palimpsesto Misceláneo, que incluye tres escrituras; así como una Biblia del siglo VI, la más antigua de España. Entre los manuscritos de la Catedral se halla uno de los libros más enigmáticos del mundo: el Antifonario mozárabe. Es un códice manuscrito que contiene los cantos de las celebraciones de la Liturgia hispánica o mozárabe. Es el único texto completo de la liturgia musical mozárabe, y está considerado una joya universal. El códice fue realizado en el monasterio leonés de San Cipriano del Condado en el año 1069 por el abad Totmundo y está dedicado al abad Ikila, que llegó a ser obispo de León.
Antes de tocar ningún códice, Simancas llevará a cabo estudios preliminares de las obras, mediante análisis físicos y químicos realizados en sus laboratorios. Tras el diagnóstico de cada obra, se aplicarán los tratamientos de conservación y restauración más adecuados.
«La línea de actuación irá dirigida a paliar los daños y alteraciones presentes en el soporte de pergamino y sus tintas, así como en la encuadernación. Se seguirá la metodología y los criterios internacionales para la restauración de documentación gráfica e histórica, basados en acciones de mínima intervención, que comprende solo las necesarias para recuperar la estabilidad e integridad física que permita su conservación futura; el respeto absoluto a la obra y a todos sus elementos constitutivos, y la estabilidad y reversibilidad de los materiales aplicados, que ofrezcan garantía de calidad probada y mantengan un equilibrio perdurable», según la Junta.