UN ALMACÉN EN UN EDIFICIO DEL SIGLO XII
El Museo de León usará Sandoval como almacén
La sacristía del monasterio será un ‘trastero’ temporal hasta que la Junta habilite un espacio definitivo en el monumento

Una imagen que da idea de todos los 'cachivaches' que hay ahora en la sacristía del monasterio de Sandoval.
El Museo de León está como el camarote de los hermanos Marx. Desbordado. El edificio Pallarés recibe piezas continuamente de todas las excavaciones que se realizan en la provincia y que van a parar al sótano. Ahora ha encontrado un ‘trastero’ temporal en el monasterio de Sandoval. Pero antes hay que limpiarlo. Se trata de la sacristía del cenobio cisterciense del siglo XII.
El delegado territorial de la Junta en León, Eduardo Diego, firmó ayer el acta de inicio de obras de la limpieza de este espacio que ya se ha venido utilizando como almacén. Una sacristía que desde los años ochenta, tras el desmantelamiento de la iglesia, ha acumulado mobiliario monástico y elementos ornamentales y funcionales del templo que habían resistido a los efectos de la desamortización. En 1996 la asociación Promonumenta desalojó e hizo una primera limpieza de este habitáculo. Parte del mobiliario que acumulaba, correspondiente al coro, fue restaurado y vuelto a colocar en la iglesia.
Pese a todo, la sacristía sigue albergando gran cantidad de cachivaches en estado precario. La intervención de la Junta, por importe de 16.999 euros y un plazo de ejecución de un mes, conllevará una clasificación, traslado y tratamiento de las piezas, con selección de los elementos desechables, y una posterior limpieza de la sala con una reorganización, inventariado de los enseres, que se agruparán por origen en estanterías industriales y plataformas elevadas. Los elementos de metal, como rejerías, balaustres y púlpito, que se mantienen en mejor estado, serán también limpiados, para evitar su corrosión. Una vez que la sacristía quede despejada, se convertirá en depósito provisional para el Museo de León, «antes de la realización del futuro depósito definitivo en el propio monasterio», como ha indicado el delegado territorial.
El monasterio de Sandoval no es el único monumento que ha ‘colonizado’ el Museo de León. En el parador de San Marcos, primera sede del entonces Museo Arqueológico Provincial, mantiene un anexo, al igual que en la villa romana de Navatejera.
La casa del abad
La Junta de Castilla y León puso en su punto de mira hace dos años la llamada Casa del Abad, anexa al monasterio de Sandoval, de la que solo se mantienen en pie parte de las paredes, para albergar los «excedentes» del museo ubicado en la plaza de Santo Domingo. El interior es ahora pasto de la maleza. Hace dos años la Junta anunció que en una primera fase salvaría esta casona y, en una segunda, acondicionaría la antigua cilla y la bodega, así como la galería inferior del primer claustro del monasterio, además de reponer el solado. Las nuevas obras han sido diseñadas por el arquitecto conservador del monumento, Ramón Cañas. La Junta prometió para el primer proyecto 458.899 euros, aunque estaba a expensas de que la rehabilitación le saliera gratis, gracias a las subvenciones del Gobierno central destinadas a bienes de las administraciones públicas. No hay que olvidar que Sandoval es propiedad de la Junta. De momento, la rehabilitación de la Casa del Abad sigue en espera.
Últimas restauraciones
El monasterio de Sandoval, declarado Monumento Nacional en 1931, estuvo hasta hace cuatro años en la Lista Roja de Hispania Nostra por su estado ruinoso. Permaneció tres años en este ‘catálogo de la vergüenza’, que pone en evidencia monumentos en un lamentable estado de abandono y conservación. La panera de Sandoval estuvo a punto de desmoronarse en 2019. La restauración ‘in extemis’, que se llevó a cabo en dos fases, dejó el inmueble con el aspecto original que presentaba en 1789, el año de su construcción.
En 25 años la Junta ha invertido en el cenobio cisterciense un millón y medio de euros, una cuantía claramente insuficiente para abarcar la magna rehabilitación que necesita un complejo monástico que, tras siglos de esplendor, quedó abandonado a su suerte en el siglo XIX, como consecuencia de la desamortización. La última rehabilitación, no exenta de polémica, se centró en el primer claustro, cuya fachada norte presentaba uno de los peores estados de conservación de todo el edificio.