Diario de León

Antonio Manilla: «Cada poema puede ser el último»

El poeta leonés Antonio Manilla.

El poeta leonés Antonio Manilla.j. casares

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EFE
León

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El poeta Antonio Manilla (León, 1967) vuelve a la carga con su décimo poemario, Lo que deja de verse en el fulgor, publicado con la editorial Pre-textos, que el autor considera su casa, y que llega en un momento de madurez tras la publicación de su antología poética Lengua en los árboles. Como reconoce el premiado autor leonés en una entrevista con la Efe, este nuevo poemario supone «un nuevo paso» en su poesía tras el ejercicio de relectura de su obra que supuso su antología, que reunía su trabajo poético de los últimos 25 años, ya que «ves errores de juventud, como evolucionas con los años y me hizo cambiar un poco la forma de acometer la poesía».

Manilla entiende la poesía como «un don que no viene dado, que es un regalo», reconociendo que en su caso «llega en ocasiones y es algo que no puedo provocar» cual musa viajera, puesto que «la poesía es algo que nos visita, y cada poema puede ser el último», ha apuntado. Tomando una frase de Claudio Rodríguez, al que dedica un poema en su última obra, «la poesía es más nutrición que secreción». Así, Lo que deja de verse en el fulgor no es un núcleo conjunto de poemas sobre una idea concreta, sino la acumulación de una serie de poemas, que posteriormente a estructurado para darle «coherencia y contraste». Un libro que supone una cierta evolución en su poesía con poemas más largos y depurados verbalmente fruto de la propia experiencia, ofreciendo otra forma de absorber el poema «en la que la resolución se demora en ocasiones», ha explicado Manilla. El libro se divide en cuatro secciones, una de ellas dedicada a los maestros con poemas surgidos espontáneamente para homenajear el «aprendimiento del que soy deudor» y que pretenden ser «un diálogo con los que nos precedieron». En la sección titulada Pensamientos verdes sobre el cielo azul, Manilla vuelve a las raíces, a los personajes y paisajes de Cármenes, localidad de la mágica montaña leonesa donde paso su infancia, con unos poemas que «surgieron a borbotones".

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