Diario de León

PRESENTACIÓN

Eduardo Aguirre: «Soy un okupa del cervantismo»

El periodista y escritor presentó su libro en el Ateneo de Madrid ante un numeroso público y expertos en la obra de Cervantes

Los cervantistas Santiago López-Navia y Alicia Villar Lecumberri con Eduardo Aguirre y Margarita Hernando de Larramendi.

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León

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Fue una tarde de charla y risas en un templo de la cultura, en el Ateneo de Madrid. La presentación del último libro del periodista, columnista del Diario de León y cervantistas Eduardo Aguirre reunió a un numerosos público entre el que había expertos en Cervantes y estudioso de ala obra del Quijote por mucho que Aguirre Romero se empeñara en dar las gracias por acompañarlo a «amigos, parientes y algún desconocido», que arrancó las primeras risas y anticipó lo que iba a ser la tarde, una divertida y profunda exposición sobre su particular visión de Cervantes, que ha merecido la curiosidad y el reconocimiento del mundo cervantista.

Junto a él, Alicia Villar Lecumberri y Santiago López-Navia, dos intelectuales con un currículo imposible de resumir, miembros de la directiva de la Asociación de Cervantistas, que desgranaron las aportaciones de Aguirre al conocimiento sobre el escritor de la obra, quizá, más grande de la literatura universal. Lo hicieron con humor y ternura. Nada más apropiado para el libro que se presentaba, Cervantes y la ternura humorística.

«Soy un okupa en el cervantismo, un cervanokupa», proclamó nada solemne Eduardo Aguirre. «De eso nada, estás por tus propios meritos», le respondió el cervantistas Santiago López-Navia. «No saben todavía a quién han admitido», continuó Aguirre. La cosa prometía. «Al cervantismo hay muchas puertas por las que entrar. A mi no me interesa tanto el lugar de la Mancha, quizá porque no soy manchego», soltó. Y aquí las risas ya fueron carcajadas y un sonoro aplauso. De agradecimiento por hacer de la presentación de un libro un acto sublime de humor y divertimento del mejor. Santiago López-Navia y Alicia Villar se encargaron de dejar claro por qué Aguirre está dentro del núcleo de los cervantistas. Y de nada valió que Aguirre dijera «pero si hasta he hecho una entrevista a Cervantes…». «Este no es un libro exprés, una de estas cosas que se hacen con las editoriales para publicar por publicar o engordar un currículo. Este libro renueva, te hace sentir que estás vivo», dijo Villar Lecumberri. «Se puede parar uno en cada línea», añadió. Y quizá ya no habría más que añadir, qué más decir después de una oración que lo resume todo. Pues sí. «Hay frases reveladoras en este libro», anunció el cervantista López-Navia. «Hay talento, hay destellos de humor, hay conceptos relevantes. Hay que contarlo como lo cuenta él», añadió. Navia y Alicia Villar destacaron tres de las aportaciones de Aguirre al cervantismo: la ternura humorística, el gag-personalidad que define a una persona, y la sonrilágrima, un concepto creado por Aguirre a partir de la conocida expresión baciyelmo del Quijote que, sin ser ni una cosa ni la otra son las dos a la vez.

Eduardo Aguirre expuso entonces su teoría en una especie de entrevista-conversación con López-Navia y Villar Lecumberri. Dijo que la gran aportación de Cervantes había sido la construcción de una obra maestra del humor en la que la burla se convierte en ternura y el «matonismo del chulo del patio» se desactiva a través de la compasión, que «supera la risa de la superioridad. Cervantes neutraliza la burla cruel a través de la compasión». «¿Qué desentraña a Cervantes?», le preguntaron. «¿Qué aportó?». «La ternura humorística», respondió Aguirre raudo. «Esa es la luz de Cervantes». «¿Qué nos proclama Cervantes? Dilo tú, que te has hecho esa pregunta», le inquirieron. «No os rindáis, yo no me he rendido», respondió Aguirre. «Cervantes es el héroe del humor, lucha por no perder el humor porque sabe que si lo pierde le han vencido», reflexionó. «Cervantes es un hombre que resiste», añadió. «Y no olvidemos que yo creo que el humor, que la ternura humorística está directamente relacionada con la bondad», aportó.

«Cervantes es partisano de su propia pesadumbre», dijo Aguirre. Y le interrumpió López-Navia: «¡No digan que no es increíble esta frase!». Después se adentraron en la idea de Eduardo Aguirre de que en Cervantes «el humor rima con amor y con dolor», en la defensa de Las Cervantas, término peyorativo hacia las mujeres que vivían con Cervantes, que analizaron como fundamentales en la vida del escritor del Quijote y en la reivindicación al unísono de Catalina, la esposa de Cervantes, tan denostada secularmente. ¿Hay algo más quijotesco que eso?

En la presentación se elogió a los ilustradores, Ricardo Ranz y Nicolás M. Roa, y a la edición de Marciano Sonoro. «Cervantes fue un hombre feliz, en su matrimonio también. Y ustedes dirán, ¿cómo lo sabe? Lo intuyo. No sabemos cómo eran sus facciones, porque el retrato que tenemos es un gol que le colaron a la Academia, pero podemos saber cómo era por sus gag-personalidad. Y porque el Quijote no es una obra amarga», analizó Aguirre. «Conectas con el lector», dijo Alicia Villar. «Por tus méritos y tu bonhomía te admiramos», dijo López-Navia. El auditorio, entre ellos el filósofo Ramon Irigoyen, el senador leonés Antonio Silván, alumnos de traducción e interpretación y prestigiosos cervantistas que no conocían personalmente a Aguirre, cerraron el acto con un rotundo aplauso. «A mí la lectura del Quijote me ha hecho mejor», concluyó Aguirre con humor. Y eso también le habría gustado a Cervantes.

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