CRÍTICA
La genial ‘Carmen’ de la Orquesta Odón Alonso

La Orquesta Sinfónica de León Odón Alonso.
La Orquesta Sinfónica Ciudad de León Odón Alonso ofreció el domingo en el Auditorio de León un concierto memorable que llevó al público en un viaje musical desde la delicadeza romántica de Chopin hasta la vibrante energía de Bizet. Bajo la batuta de Alejandro Climent, la orquesta demostró una vez más su capacidad para emocionar y conectar con el público a través de un programa equilibrado y cuidadosamente interpretado.
La interpretación de Carlos Goikoetxea al piano, del Concierto en mi menor de Chopin, destacó por su fidelidad estilística y una comprensión profunda de una obra que presenta retos tanto técnicos como expresivos, además de una interacción compleja con la orquesta. Goikoetxea ofreció una lectura clara y directa, sin demasiadas licencias en el rubato, realizando una triunfante reexposición en mi mayor con cierta rapidez en la resolución de los adornos y un enfoque sonoro que tendió hacia la ligereza y la intimidad, resaltando así los elementos líricos sobre los dramáticos. En este sentido, el Larguetto fue el punto culminante, donde el pianista se mostró más suelto y logró una mayor conexión con la orquesta. Goikoetxea marcó un contraste notable en los tempos, lo que llevó a la orquesta a un tutti reexpositivo de carácter marcial, que difirió claramente con el tono dramático con el que había comenzado la obra. El Rondó-Vivace sirvió como escaparate del virtuosismo y el dominio rítmico del pianista, especialmente en los patrones de danza propios de Chopin, cerrando la obra con brillantez. El público, entusiasmado, respondió con una gran ovación. La Sinfónica de León ofreció una interpretación técnicamente impecable de una selección de las Suites n.º 1 y n.º 2 de la ópera Carmen de Bizet, en una segunda parte de concierto que hizo vibrar al público gracias a una lectura precisa y matizada de las piezas más icónicas de esta obra maestra del repertorio operístico. Alejandro Climent, con una dirección inspirada y segura, logró extraer de la orquesta un sonido redondo y lleno de matices, que combinó virtuosismo técnico y profundidad expresiva en partes iguales. Desde los primeros compases de Les Toréadors, la orquesta exhibió una articulación impecable y una afinación prístina en las líneas melódicas expuestas por la cuerda y los metales. La sección de cuerda, especialmente los violines y violas, mostró una sincronización asombrosa en las rápidas escalas ascendentes mientras que los metales aportaron un carácter marcial y decidido.