Diario de León

UN IMAGEN COMO ÚNICO TESTIGO

La foto leonesa que sacó a la luz un Gaudí inédito

Hasta 1956 la familia de Mariano Andrés tenía la única imagen del proyecto de una ‘catedral’ del genio catalán en Tánger

La foto con el proyecto de Misiones Franciscanas en Tánger que Gaudí envió a Mariano Andrés.

La foto con el proyecto de Misiones Franciscanas en Tánger que Gaudí envió a Mariano Andrés.Tokutoshi (1983). El mundo enigmático de Gaudí. Instituto de España

Verónica Viñas
León

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Cuando Gaudí estaba enfrascado en la construcción de la Casa Botines en León recibió el encargo de su vida. Levantar una sede para las misiones católicas franciscanas en Tánger que se integrase en una ciudad islámica. En aquel 1892 Mariano Andrés González-Luna, uno de los promotores de Botines, encantado con el inmueble diseñado por el arquitecto catalán para albergar un almacén de tejidos y viviendas en las plantas superiores, le pidió a Gaudí una foto suya para colgarla en la planta principal.

El genio catalán, reacio a posar y del que hay pocos retratos, le envió una fotografía dedicada del proyecto original de la fachada de Tánger, que nunca llegó a materializarse por motivos diplomáticos. La foto pasó a los descendientes de Mariano Andrés —cuyo hijo, Mariano Andrés Lescún, fue alcalde de la capital leonesa— y cayó en el olvido.

El amigo americano

En 1956, el historiador de la Universidad de Columbia George Colin viaja a España para poder admirar in situ el legado de Gaudí. Cuando Colin, que también pasa por Astorga para ver el Palacio Episcopal, llega a Botines, contacta con familiares de Mariano Andrés y les pregunta por la documentación que conservan. Cuatro años antes se había creado la Asociación de Amigos de Gaudí, coincidiendo con el centenario del arquitecto. Esta asociación había emprendido la misión de rescatar documentación, muebles, diseños, fotos... en una época en la que Gaudí no estaba tan bien considerado como ahora en este país. Es así como la familia de Mariano Andrés le entrega a George Colin la foto del proyecto de Gaudí en Tánger y el profesor la cede a la citada asociación. Hasta ese momento, muy pocos expertos sabían de la existencia de edificio africano.

Concepció Peig y Manuel Arenas en su libro Gaudí en Tánger no solo desentrañan las claves del colosal edificio en la ciudad marroquí, sino cómo el arquitecto reaprovechó algunas ideas para la iglesia de la Colonia Güell y la Sagrada Familia. La foto leonesa —explica Peig— «informa de la forma de trabajar de Gaudí. Él pensaba dibujando. Tenía ayudantes que pasaban a escala los dibujos técnicos, pero él hacía fotos y sobre ellas cambiaba cosas». «Es una foto única», subraya la historiadora del arte. La autora del libro sostiene que «Gaudí era muy metódico. Puede parecer que era muy intuitivo, pero todo lo que hacía estaba muy pensado» y pone como ejemplo que algunas de sus invariantes arquitectónicas proceden de la forma de construir en la zona mediterránea y que él rescata y aplica a sus edificios cada vez de forma distinta. En Botines el artista aplicó por primera vez la planta libre en el sótano y en la zona de uso comercial. «La verja fue diseñada para poner ventanas que dieran luz al sótano», cuenta Peig.

Las misiones de Tánger fue un plan con motivaciones políticas. Por una parte, afirma Peig, estaban los destinatarios, los franciscanos, que querían un templo para los católicos y otras dependencias multifuncionales; de otra, el mecenas, el marqués de Comillas, Claudio López Bru, cuya pretensión es erigir un edificio que refleje el poder español. «Iba a ser la primera catedral en el norte de África», aunque Francia tenía el mismo propósito. Peig ha estudiado a fondo el dietario de juventud Gaudí, que escribió recién terminada la carrera de Arquitectura, donde apuntó las ideas más importantes por las que se iba a regir, unos planes que fue puliendo y mejorando, pero que nunca abandonó. Gaudí —sintetiza Peig— seguía tres pasos: primero pensaba la función del edificio; después, la vinculación con el entorno; y por último, las condiciones físicas o técnicas y los materiales. «Lo primero que valoraba era que el edificio se sostuviera de la forma más fácil y económica». El libro explica que Gaudí odiaba los revivals muy de moda en su época, como el neomudéjar o el neogótico. Un estilo que considera «falso». Por eso Peig dice tajante que «Botines no es neogótico».

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