EL MAGNATE QUE ARRASÓ CON EL PATRIMONIO ESPAÑOL
Huntington, de turista por León a expoliador
La editorial Gadir publica por primera vez ‘El cuaderno de viaje por el norte de España’ del fundador de la Hispanic Society

Detalle del sepulcro de Suero de Quiñones. A la derecha, el magnate Archer Milton Huntington. SAIKO / ARCHIVO
León fue para él un auténtico ‘almacén de suministros’. Archer Milton Huntington, magnate de los ferrocarriles y voraz coleccionista de arte, se llevó a Estados Unidos una ingente colección de arte. Viajó a España por primera vez cuando tenía 14 años y quedó fascinado. Lo siguiente fue tomar lecciones de castellano. Su institutriz era «una señora tremenda. No descansaba nunca, pero como era de Valladolid, conseguí distraerla para que me contara sobre su ciudad y España. Me trajo un mapa y lo repasábamos a diario», cuenta Soledad Maura en el prólogo de Cuaderno de viaje por el norte de España, que Huntington publicó en 1894, en su segunda visita a este país. El libro, inédito hasta ahora en España, lo acaban de rescatar para la editorial Gadir la citada Soledad Maura —que califica la vida del multimillonario de «novelesca»— y Javier Santillán, con traducción de Ana Useros.
El viaje a Astorga
A los 10 años, Huntington empezó a soñar con coleccionar todo lo español; jugaba, incluso, a construir un museo. Visitó este país en otras dos ocasiones, en 1900 y 1903. En el libro del viaje que realiza cuando tenía 24 años describe a los españoles con tópicos: «El fornido aragonés, el industrioso y mordaz catalán, el gallego de alma celta, el digno caballero de Castilla y León...». De su paso por Astorga escribe: «Es otro de tantos lugares por los que se pasa de largo y no se echan de menos». Y añade, «para ser justos, sí se puede mencionar un gran retablo, porque aquí se encuentra la mejor obra de Gaspar Becerra, de quien se dice que fue discípulo de Miguel Ángel». También cree que el visitante puede tener interés en dar una vuelta por las murallas y, «si es inglés o americano, visitar la casa de Moore —el general británico que se enfrentó al ejército napoleónico y murió en batalla en 1809—». Tampoco entiende la vestimenta maragata. Asegura que «los pantalones bombachos de los hombres tienen un aire muy moro». En el libro, prácticamente, no hay más referencias a León.
Huntington, fundador en 1904 de la Hispanic Society, tenía en su fabuloso tesoro numismático (37.895 monedas), incluida una de Urraca, la primera reina que ejerció el exclusivo derecho real de acuñación en los reinos de León y Toledo, así como un morabetino de Fernando II y otro de Alfonso IX. La colección se subastó en 2012 por problemas financieros de la Hispanic Society. Huntington pagó 82.000 francos en 1912 por los sepulcros de Suero de Quiñones y su esposa, Elvira de Zúñiga, piezas del siglo XVI esculpidas en mármol blanco que salieron de León en extrañas circunstancias. Él los compró a un anticuario parisino.
Con los tesoros que adquirió en España, como una biblioteca con más de 15.000 libros anteriores al siglo XVIII, fundó en Nueva York la Hispanic Society of America, galardonada en 2017 con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.
La red de agentes
Huntington no compró sus tesoros en España, sino principalmente en París y Estados Unidos, incluidos los objetos de origen leonés. El magnate se vanagloriaba de ello en una carta dirigida a su madre: «Como bien sabes, no compro cuadros en España... a España no voy en busca de botín. Me haré con los cuadros fuera. Los hay en abundancia». Huntington era consciente de que la compra de bienes patrimoniales estaba mal vista, especialmente para un ilustre hispanista como él, que no se podía permitir empañar su buen nombre.
Contaba con una red de agentes. Políticos, nobles, historiadores, arqueólogos y marchantes de arte compraban para Huntington y sacaban las piezas de España. La lista de intermediarios es larguísima, con nombres como José Gestoso, miembro de la Comisión de Monumentos de Sevilla; el pintor Raimundo Madrazo; o el conde de las Almenas, que puso en contacto al magnate con la Asociación Española de Amigos del Arte. También Arthur Byne, de infausto recuerdo en León. Byne y su esposa, Mildred Stapley, se especializaron en la búsqueda de tesoros en España. El historiador Merino de Cáceres ha dicho de Byne que «era un comerciante de altos vuelos y nada escrupuloso». Este personaje ofreció al magnate de la prensa Hearst 47 sitiales procedentes de un monasterio leonés, con los escudos de Pedro I el Cruel y doña María de Padilla, que Merino cree casi con seguridad que procedían del monasterio de Carracedo. En 1929, Huntington adquiere al conde de las Almenas, por mediación de los Byne, una talla de san Martín en madera policromada, procedente de Cacabelos, así como dos esculturas de plata del gran orfebre leonés del XVI Juan de Arfe que representaban al profeta Isaías y a un patriarca.
En la investigación La dispersión de objetos de arte fuera de España en los siglos XIX y XX, Socias Batet afirma que «la Península fue cruzada de norte a sur y de este a oeste por numerosos agentes de diversa catadura, los cuales propiciaron la construcción de fabulosas colecciones como fue la de Huntington». Socias Batet devela el modus operandi del magnate: «Muchos de los pagos de la pinturas se realizaban a través del banco que Huntington tenía en París». Las obras eran enviadas a Nueva York al estudio del artista Francis Lathrop —primer agente de Huntington—, para luego ser transferidas a la Hispanic Society. Otro de los agentes fue el agustino omañés David Rubio Calzada. Entre 1939 y 1943 compró miles de libros para Huntington.