La Catedral de León saca de las tinieblas su obra cumbre
Los trabajos de restauración del Ministerio de Cultura permitirán contemplar a partir de junio un trascoro «irreconocible»

El trascoro lleva forrado desde octubre de plásticos y en junio se verán los resultados.
El trascoro de la Catedral de León será «irreconocible» a partir de junio. «Es una restauración espectacular», afirma el administrador del templo gótico leonés, Mario González. «No tiene nada que ver a como se ha visto hasta ahora», dice.
El trascoro lleva desde octubre forrado por gigantescos plásticos, bajo los que trabajan los expertos para devolverle el lustre perdido por el paso de los siglos y una gruesa capa de polvo. Ha sido el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), dependiente del Ministerio de Cultura, el que se ha embarcado en la restauración de la obra cumbre del Renacimiento. La empresa madrileña Talleres de Arte Granda, adjudicataria de los trabajos, tenía diez meses de plazo para recuperar un arco de triunfo en el que intervinieron maestros como Esteban Jordán y Juan de Juni. La suciedad lo había dejado invisibilizado. El blanco alabastro y los dorados policromados se habían esfumado.
El problema no era únicamente la mugre. El trascoro sufre numerosas patologías, fundamentalmente porque en el siglo XVIII se cambió su ubicación. El traumático traslado en el año 1746 desde el presbiterio y su nuevo montaje en la nave mayor, donde ha permanecido hasta la fecha, dejó secuelas.
La reinstalación del trascoro provocó «uniones mal encajadas, numerosas roturas y pérdidas matéricas», según el informe firmado por Susana Alcalde Amieva, subdirectora general del IPCE, que sufraga los 420.699 euros que costará ver la obra en todo su esplendor. El incendio que asoló la Catedral leonesa el 29 de mayo de 1966 también dejó huella.
Antes de instalar los andamios, se realizaron concienzudos análisis durante cuatro años. El informe desveló otras «tropelías», como un sistema de cableado eléctrico fijado al trascoro, que fue retirado durante la fase de investigación por el equipo de mantenimiento de la propia Catedral.
La situación de las tallas que ornamentan el trascoro era, en muchos casos, lamentable.
Santos crismados
Sufrían grietas, fracturas y mutilaciones, por ejemplo, en los dedos de la mano derecha de san Isidoro, así como en el brazo y parte de la vestimenta de la sibila situada a la izquierda. En cuanto a la policromía, hay incontables craqueladuras, además de desgastes y abrasiones. Algunas imágenes han tenido que ser desmontadas, como las sibilas, el crucificado, los ángeles que acompañan a la Asunción y todas las esculturas en situación inestable o en riesgo de caída.
Ubicado en el corazón de la Catedral, aunque resta visibilidad al templo, es una auténtica maravilla del Renacimiento gracias al talento y la delicadeza de los maestros que lo ejecutaron. Fue proyectado por Juan de Badajoz, ornamentado por Juan de Juni y los mejores maestros del momento —como los franceses Angers y Doncel, que ya habían colaborado en San Marcos—, y concluido por Esteban Jordán y artistas de la talla de Bautista Vázquez, que ganó el concurso para realizar el Crucificado que corona el trascoro en detrimento de Juni, cuyo Cristo puede verse en el Museo de la Catedral. La estructura quedó concluida en 1585 con la policromía llevada a cabo por Bartolomé de Carrancejas. La prematura muerte de Juni impidió que culminara el encargo de la natividad de Nuestra Señora y las figuras de san Pedro, san Isidro y san Froilán.
Coincidiendo con el inicio de la restauración, Máximo Gómez Rascón, director del Museo Catedralicio-Diocesano, publicó el libro El trascoro de la Catedral de León. Poema del Humanismo Cristiano escrito en piedra (Edilesa), donde analiza en profundidad el programa iconográfico y bíblico de esta obra maestra. Y es que el monumental ‘cofre’ que encierra en su interior el coro no solo pasa desapercibido para los visitantes, más atentos a los destellos de las vidrieras, sino que apenas ha merecido la atención de especialistas. En el libro, Rascón hace de guía por cada una de las tallas y relieves del trascoro, por pequeños que sean.
A partir de junio cambiará por completo la imagen del interior de la Catedral de León. A la luminosidad de los vitrales se sumará el blanco alabastro de su arco de triunfo.