Diario de León

La leonesa que no quiso ser esperpento de Valle-Inclán

El museo del escritor recibe la correspondencia con su mujer, la actriz Josefina Blanco

Josefina Blanco con su hija y Valle-Inclán.

Josefina Blanco con su hija y Valle-Inclán.archivo

Verónica Viñas
León

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Se conocieron en un teatro. Ella formaba parte del elenco de la obra La comida de las fieras, de Jacinto Benavente. La actriz leonesa Josefina Blanco ya era muy popular en los teatros de la época como miembro de la compañía Guerrero Mendoza cuando conoció a Valle-Inclán. Iniciaron un romance muy sonado y de escándalo, pues sus broncas, en plena calle, concluyeron en más de una ocasión en comisaría, como relató Melchor Fernández Almagro.

Valle-Inclán se fue de gira con ella por España y América antes de casarse a finales de agosto de 1907 en la iglesia de San Sebastián en Madrid. Una boda que reunió a destacados miembros del mundo teatral y de las letras. Ella tenía 28 años y él 41. Un matrimonio que, pese a estar condenado al fracaso, duraría 25 años. El escritor ya había publicado sus célebres Sonatas y las Comedias bárbaras, los tres volúmenes dedicados a las guerras carlistas. Y ella es una estrella. Pero la felicidad duró poco tiempo.

Josefina se retira de las tablas y se recluye en Galicia, alejada de los focos, para cuidar de sus hijos, mientras el escritor recorre Europa como cronista en la Primera Guerra Mundial, se divierte en las fiestas del maharajá de Kapurthala y su amante Anita Delgado, al tiempo que se vislumbra ya como uno de los grandes autores del siglo XX. Valle-Inclán fue ‘el padre’ del esperpento, un revolucionario pensamiento estético que proponía una nueva perspectiva para entender la realidad mediante la combinación de distanciamiento crítico y deformación grotesca. Josefina Blanco no quiso ser un personaje esperpéntico.

Un divorcio sonado

Recién estrenada la Ley de Divorcio en 1932, la abogada feminista Clara Campoamor defiende a Josefina Blanco en su demanda de separación matrimonial de Ramón María del Valle-Inclán —también divorció a Concha Espina y Ramón de la Serna—.

Durante los 21 años que Josefina sobrevivió a su exmarido, la leonesa se convirtió en tutora de sus derechos e impulsora de sus libros, con excepción del teatro, donde había tenido lugar su encuentro y posterior distanciamiento. La leonesa esgrimió una última voluntad de Valle-Inclán, que relegaba su teatro a la lectura.

El funeral de Valle-Inclán, como no podía ser de otra manera, fue esperpéntico. Ese día había llovido a cántaros y el suelo del cementerio era un barrizal. Un espontáneo —un joven exaltado que fue fusilado unos meses después en la Guerra Civil— se abalanzó sobre el féretro, con la intención de arrancar el crucifijo, que no le parecía apropiado para el autor de Luces de Bohemia. La mala suerte hizo que resbalara y se precipitase a la fosa con el ataúd y, entre las tablas rotas, pudo ver la cara del finado.

Josefina era sobrina del poeta Benito Blanco, uno de los organizadores de las justas leonesas de 1912, cuyo mantenedor fue Unamuno. La actriz, alejada de los escenarios durante sus primeros años de matrimonio, retomó su carrera en 1918 con una obra de Galdós en la que compartió protagonismo con la célebre dama del teatro Margarita Xirgu.

El marqués de Bradomín real

Como curiosidad, el hoy rey emérito Juan Carlos I concedió al hijo de Valle-Inclán y Josefina Blanco, Carlos, el título de marqués de Bradomín. «Queriendo demostrar mi real aprecio a la memoria del gran escritor y para dar realidad a un personaje de ficción, vengo a otorgar a su hijo, Carlos Luis del Valle-Inclán y Blanco, el título de marqués de Bradomín, transmisible por la vía masculina a sus legítimos herederos», justificó el monarca.

El Museo de Pontevedra acaba de recibir en donación la correspondencia entre el geógrafo y antropólogo Luis de Hoyos Sainz y la familia Valle-Inclán, tanto con Ramón María como con su mujer, y el hijo de ambos, Carlos Luis. En total, 27 cartas y varios telegramas: trece cartas escritas por Valle-Inclán a Luis de Hoyos entre 1933 y 1935, nueve misivas firmadas por Josefina Blanco y dirigidas también a De Hoyos; y otras cuatro remitidas por Carlos Luis del Valle-Inclán. El artista salmantino Florencio Maíllo ha donado al Museo de Pontevedra un retrato de Valle-Inclán.

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