Diario de León

La leonesa Ana Merino busca en el teatro ‘La redención’

La escritora se convierte en productora y codirectora de un montaje teatral basado en una obra suya, en la que ha invertido todos sus ahorros

La poeta, novelista y autora teatral leonesa Ana Merino.

La poeta, novelista y autora teatral leonesa Ana Merino.ángel medina g.

Verónica Viñas
León

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La escritora leonesa Ana Merino ha decidido embarcarse en una aventura teatral. En plenos ensayos de La rendenciónse ha convertido en «una mujer orquesta». Es codirectora de la nueva adaptación del texto que publicó en 2016, además de productora y responsable de otros oficios sobrevenidos. Tras tres décadas como profesora en Iowa, ha invertido todos sus ahorros, 25.000 euros, más otros 10.000 que ha percibido como adelanto de su próxima novela, El camino que no elegimos, en llevar La redención a escena. Sin ayudas públicas y con un circuito teatral reacio a admitir proyectos que no estén avalados por «nombres conocidos» o por compañías con al menos dos años de experiencia, tiene una fe absoluta en su montaje. Una aventura que está resultando «tan arriesgada como estimulante», dice. Si tiene suerte, recuperará la inversión y podrá llevar a las tablas nuevas obras.

No es una novata. En Suiza y Estados Unidos le fue más fácil poder representar sus textos teatrales. En el país helvético contó con ayudas para montar Amor muy frágil; primero en alemán, y luego en español. No sabe si podrá estrenar en León La redención. «Me encantaría», confiesa. Pese a la precariedad de medios, Merino ha conseguido reclutar a «un equipazo»: cinco actores —Juan Díaz, Fanny Gautier, Alberto Jiménez, Violeta Rodríguez y Guillermo Llansó—, a Alexa Portillo, como codirectora de la obra, a Beatriz Ruibal, en la escenografía, y la música, a cargo de Miguel Linares.

«Hay un dramaturgo maravilloso en España que se llama Antonio Álamo que me ha asesorado con el equipo técnico y los actores. Me ha dado muy buenas sugerencias», afirma. En España, explica Merino, ganadora del premio Nadal de novela en 2020 por El mapa de los afectos, «es muy difícil producir». Ella tiene un compromiso «con un teatro literario, con un teatro potente, que cuente historias, que tenga calidad en el texto y profundidad. Yo creo ciegamente en mi proyecto».

El preestreno en el Soho le permitirá grabar la producción, que será una carta de presentación incuestionable para que otros teatros contraten el montaje. La redención es una obra que transcurre en un futuro cercano, en un Planeta agónico. En una central de tratamiento de residuos, entre océanos pestilentes de basura, dos mujeres y tres hombres se enfrentan a sus deseos y a sus miedos. Uno de los personajes empieza a tener visiones sobre la llegada de extraterrestres como única salvación de la Tierra. «Nos estamos dejando llevar por la inercia de un lento apocalipsis que promovemos con nuestro egoísmo. El consumo parece dar sentido a nuestra existencia y, confiados a esa religión, generamos basura tóxica que tardará miles de años en desaparecer», asegura la autora, que, pese a todo, espera que la obra sea una distopía irrealizable y el planeta se salve.

La obra se preestrenará coincidiendo con la publicación de El camino que no elegimos, un libro «que me ayudará a que no me estrelle» con la aventura teatral. Se trata de una novela que sucede en el lapso de dos años, entre Estados Unidos y España, con seis personajes que indagan sobre el amor y el desamor, en una atmósfera parecida al de El mapa de los afectos. La autora espera que sus lectores responsan y poder sufragar una gira teatral. «Estoy aprendiendo muchísimo a toda velocidad». «Si no emprendemos en cultura, ¿qué hacemos?, ¿perdemos la cultura?», se pregunta la escritora leonesa. «Yo creo que hay que arriesgarse». «Los indianos volvían de América y se construían un caserón con una palmera. Yo he vuelto de América y he decidido hacer teatro. El teatro es lo que nos va a salvar. La inteligencia artificial no puede actuar, no puede convertirse en ser humano. Cuando la gente va al teatro sufre, experimenta, empatiza, vive, ríe, llora y está cercano a los demás. Venimos del teatro griego, donde se construyen mitos. Eso nos hace profundamente humanos. El teatro hay que cuidarlo».

Pese a todos los riesgos y el trabajo que ha asumido, Merino dice que de no haberlo intentado, se habría arrepentido. «Las batallas hay que lucharlas, aunque luego se pierdan. Las peores batallas son las que no se luchan».

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